23 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Esta temporada se representarán obras de Ruperto Chapí, Tomás Bretón e Issac Albéniz que nadie vivo ha podido escuchar en directo

El Teatro de la Zarzuela recupera nuestro legado musical: Se 'resucita' tras 120 años la ópera 'Circe' de Chapí y Carrión

La soprano Saioa Hernández en la representación de 'Circe'.
La soprano Saioa Hernández en la representación de 'Circe'.
Este viernes arrancó la nueva temporada de ópera en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid. La obra elegida fue 'Circe' (1902) del maestro Ruperto Chapí, con libreto de Miguel Ramos Carrión. Una elección representativa de una temporada que estará marcada por la representación de obras del propio Ruperto Chapí, Tomás Bretón e Issac Albéniz que nadie vivo ha podido escuchar en directo. Es la "resurrección" de nuestro legado musical, que ha estado escondido más de cien años.

El teatro de la Zarzuela, en su labor de recuperación de nuestro patrimonio lírico en colaboración con la Orquesta Sinfónica de Madrid y el ICCMU, nos permitirá conocer durante esta nueva temporada de 2021-2022 obras de Ruperto Chapí, Tomás Bretón e Issac Albéniz que nadie vivo ha podido escuchar en directo en un teatro.

La primera representación elegida para ello ha sido la ópera 'Circe' (1902) del maestro Ruperto Chapí, con libreto de Miguel Ramos Carrión. Precisamente, la dramaturgia de Miguel Ramos Carrión, cercana al oratorio, narra las cuitas de la maga Circe para seducir a Ulises, náufrago en las costas de su reino de almas petrificadas, y la posterior huida y redención del héroe.

El estreno de Circe se materializó en el Teatro Lírico de Madrid una noche de mayo de 1902. El empresario vasco Luciano Berriatua había promovido la construcción de aquel gran teatro con el objeto de amparar el proyecto de desarrollo de nuestra ópera nacional. Músicos como Bretón, Pedrell, Vives y Usandizaga trabajaban, como la maga Circe en su bebedizo, para encontrar la fórmula que integrase un elaborado lenguaje musical con nuestra dramaturgia en las distintas lenguas del país.

Aquella noche de mayo se había citado a un púbico expectante y no se escatimaron medios en el estreno de la partitura ni engalanar el propio edificio teatral madrileño, situado de la calle del Marqués de la Ensenada. El coliseo, iluminado por más de 2.000 bombillas eléctricas, albergaba una gran orquesta de 80 músicos, los mejores cantantes y la fantástica escenografía de Amalio Fernández, quien, como otros reconocidos músicos y dramaturgos, acabaría abandonando nuestro país.

Al igual que la maga Circe, el proyecto de la ópera española fue abandonado por las instituciones de los sucesivos gobiernos y sepultado por los trágicos acontecimientos políticos del siglo pasado. El Teatro Lírico, tras la ruina del empresario, se incendió y su desaparición fue acompañada por la todavía más trágica desaparición del Teatro Apolo, dos grandes pérdidas de nuestro patrimonio arquitectónico.

Tras un largo silencio de 120 años, escuchamos por fin la noche de este viernes 10 de septiembre los ecos de aquel espíritu que, como si quisiera volver a la vida, ha salido a nuestro encuentro.

Disfrutamos de la espléndida partitura, rica en ideas, temas y orquestación, e intuimos la lucha del héroe Ruperto Chapí a través de su aportación a la quimera de la ópera nacional, midiéndose con las inmensas obras de Wagner, Boito, Berlioz o Meyerber.

Con Circe, el músico se alejó valientemente del lirismo que le inmortalizaría y que tanto hemos disfrutado en los temas de zarzuelas "serias", como Curro Vargas, en los interludios de operetas como El Rey que rabió o en las romanzas del generó chico como La Revoltosa.

El Teatro de la Zarzuela, la Orquesta Sinfónica de Madrid y el ICCMU han izado velas y navegan hacia Ítaca, alejándose del reino de los proyectos petrificados y de la oscuridad provocada por el abandono de nuestro patrimonio.

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