21 de octubre de 2020
|
Buscar
FIN DE SEMANA

Los especialistas británicos impusieron a esta institución una aureola demoníaca que no se corresponde con la realidad

Desmontando falsos mitos de la Historia: La Inquisición española fue manipulada por los historiadores anglosajones

Cuadro “Auto de fe de la Inquisición”, de Francisco de Goya.
Cuadro “Auto de fe de la Inquisición”, de Francisco de Goya.
La Inquisición española es uno de los grandes mitos creados desde fuera de nuestras fronteras. Actualmente, no son pocos los documentos e investigaciones historiográficas que desmienten la tradicional visión de un Tribunal despiadado dedicado a la persecución inmisericorde de los enemigos del catolicismo. Hoy, desentrañamos los entresijos de su funcionamiento para descubrir hasta qué punto la actividad de esta institución se correspondía con los atributos que se le habían asignado.

Tanto la historiografía anglosajona como, en el caso que hoy nos ocupa, la protestante, han sabido imponer sus paradigmas en lo concerniente a múltiples aspectos de la historia de España y, previamente, la Monarquía Hispana, eso es un hecho. No es menos cierto que son muchas las ocasiones en que los patrones impuestos desde las islas británicas distan mucho de corresponderse con la realidad.

Fruto de este proceso, en el imaginario popular universal, y lo que es más grave, en el español, han arraigado una serie de falsos mitos que la gran mayoría de la población asume como verdades incuestionables. De entre los mismos, sobresale con luz propia el de la “infame” inquisición española, una institución, dicen, dedicada a la sádica tortura, voraz persecución y, en último término, aniquilación de los enemigos a la fe cristiana.

Orígenes: El sur de Francia y las bulas papales, la verdadera génesis de la Inquisición

Comencemos con un llamamiento a quienes asocian Inquisición a España o a la Monarquía Hispánica: la idea de este tribunal NO fue concebida en época de los Reyes Católicos en Castilla. Tanto el tiempo como el lugar son erróneos. Esta institución fue creada en Francia, cuatro siglos antes de que Isabel y Fernando decidieran implantarla en los reinos bajo su control. Y es que, en el Languedoc, a finales del siglo XII y principios del XIII, la herejía cátara amenazaba la hegemonía de la Iglesia católica en el reino “cristianísimo” que era Francia, ojito derecho del papado.

La Inquisición no fue un invento de los Reyes Católicos, sino que sus orígenes se remontan siglos atrás.

Varias bulas papales fueron orientadas gradualmente hacia la creación de un tribunal inquisitorial que localizara y juzgara a posibles herejes y configuraron lo que posteriormente sería la Inquisición. Primero, en 1184, a iniciativa del papa Lucio III, nace la Inquisición Episcopal. Pocas décadas más tarde, Gregorio IX perfecciona el sistema a través de la Inquisición Pontificia, en 1231. Durante sus primeros momentos de actividad, la Inquisición necesitó del apoyo del poder secular para poder desempeñar con garantías su cometido, especialmente en Francia y, sobre todo, en diversos territorios de la actual Italia.

En la península Ibérica, mientras que, en líneas generales, en Castilla siempre se optó por reprimir la herejía con armas seglares, en Aragón sí que se instauró la Inquisición Pontificia. Esto se debe al peligro que representaba la posibilidad de contagio de herejías por la proximidad con la zona meridional del reino francés. Sea como fuere, en el siglo XIV, la Inquisición no era más que una sombra de lo que fue y pasó un segundo plano, aunque conservó su estatus de institución oficial.

Los Reyes Católicos y la Inquisición: Un Tribunal para alcanzar la unidad religiosa… y otros objetivos

Como probablemente el lector estará pensando, los Reyes Católicos recuperaron durante su reinado (concretamente en 1478) este tribunal para combatir contra los puntos focales del judaísmo en sus dominios y lograr la ansiada unidad religiosa. Esta es, al menos, la versión oficial de los hechos. Sin embargo, la imagen de los inquisidores sedientos de sangre “infiel” que muchos de los ciudadanos de nuestro país tienen en mente se aleja mucho de la realidad de la época.

Cabe mencionar que, durante algún tiempo, los soberanos de Castilla y Aragón se negaron a implantar este tribunal, pues lo consideraban como una forma de intromisión del papado en asuntos que solo a ellos les concernían. Solo cuando su poder estuvo consolidado, tomaron la iniciativa y siempre lo hicieron en base a sus intereses particulares, pues la Inquisición estaba controlada directamente por los Reyes Católicos. Posiblemente, tras el discurso del sueño de homogeneidad religiosa había otros intereses que quedaban opacados. No es descabellado pensar que tanto la Corona como la Iglesia codiciaban la riqueza que durante siglos habían acumulado los judíos.

Asimismo, entre los cristianos viejos de las zonas más urbanizadas, muchos envidiaban el estatus social de los miembros del pueblo hebreo. Por tanto, la confluencia de estos aspectos económicos y sociales propició la aparición de personajes que supieron canalizar la ira de las masas contra los judíos.

En el cuadro "Auto de Fe en la plaza Mayor de Madrid", de Francisco Rizi, puede verse un nada habitual acto de fe público de la Inquisición

Sea como fuere, el primer auto de fe de la Inquisición en territorio peninsular llegaría tres años después de su instauración, en Sevilla (1481). Aquí fueron quemados seis acusados de ser judeoconversos. No obstante, insatisfechos con los resultados de la Inquisición en un primer momento, los soberanos de los reinos peninsulares nombraron a Tomás de Torquemada como inquisidor general. Torquemada aplicó una política mucho más contundente y bajo su mando la Inquisición estableció tribunales en varios puntos de Castilla y se expandió también por Aragón.

La Inquisición, herramienta del poder real

Entre finales del siglo XV y principios del XVI se sucedieron los años más crudos de la actividad inquisitorial. Sin embargo, según las estimaciones del historiador británico Henry Kamen, uno de los hispanistas que con más ahínco defienden una visión revisionista sobre la idea tradicional de la Inquisición en la península, entre el ascenso de Torquemada y 1530 no habrían muerto más de 3.000 personas a manos de esta institución.

Torquemada aparece en el cuadro "Expulsión de los judíos de España",  del pintor Emilio Sala.

Durante los reinados de Carlos V y Felipe II, se puso nuevamente de manifiesto que la Inquisición era, más que una herramienta religiosa, un instrumento del poder real. Los monarcas la utilizaron como un auténtico muro contra la amenaza del protestantismo que llegaba del este y norte de Europa. El veto a libros y publicaciones consideradas heréticas también corrió a cargo de la Inquisición.

La consecuencia de esto fue dual. Por un lado, en la península se produjo un considerable encasillamiento cultural. Por otro lado, se evitaron conflictos bélicos a gran escala que involucraron a la práctica totalidad de los grandes reinos de la Europa del momento. Incluso Francia, el territorio más afín al papado y donde se profesaba el catolicismo más romano, quedó desangrada por las célebres Guerras de Religión.

Los datos no mienten

En lo que concierne a los datos de la Inquisición Española, es complicado hacer un análisis general si tenemos en cuenta que la mortalidad y virulencia que causaba fluctúa dependiendo del periodo temporal que se analice, puesto que estuvo vigente desde 1478 hasta 1834, en plena regencia de María Cristina. Prácticamente cuatro siglos de funcionamiento.

Cuando pensamos en este tribunal, nos viene a la mente la imagen de claustrofóbicos espacios cerrados que albergaban terribles máquinas de tortura: la garrucha, el agua, el potro…  incluso podemos imaginar los agónicos gritos de los acusados. Lo cierto es que la tortura, si bien era uno de los métodos inquisitoriales y cumplió a la perfección su perverso cometido, era una práctica poco extendida que, de acuerdo con la mayoría de historiadores, se aplicaba tanto en el ámbito religioso, sí, pero era igual de frecuente en contexto civil.

Recreación de una sala de tortura de la Inquisición en Toledo.

Además, eran muy pocos los reos que sufrían este martirio. De hecho, especialistas como María Pilar Rábade, profesora de historia en la Universidad Complutense de Madrid opinan en esta línea. La propia Rábade, en unas declaraciones para RTVE, llegó a afirmar que “hasta 1504 la tortura se utiliza en 10% de los casos”.

Los delitos juzgados por el tribunal de la Inquisición, además, eran los mismos que otros tribunales de naturaleza no religiosa en Europa. Las penas para los condenados no eran exclusivamente la muerte en la hoguera, como se nos ha intentado transmitir. Este era el último recurso y el menos usual, como demuestran los cálculos del experto Gustav Henningsen, que concluyen que los quemados en la hoguera no llegaron al 2% del total de los condenados. La servidumbre en galeras, el encarcelamiento y las sanciones económicas eran bastante más comunes, por no hablar de la quema en efigie, de naturaleza meramente simbólica.

El contexto, fundamental para interpretar la realidad

Curiosamente, la Leyenda Negra de la Inquisición remonta sus orígenes al siglo XVI. En esta centuria, los protestantes enemigos de la Monarquía Hispánica trataron de demonizar la Inquisición de la península, identificándola como el brazo armado de un catolicismo atroz. Evidentemente, la naturaleza de este tribunal era, sobre el papel, preservar la pureza de la fe, y para ello se utilizaban los medios propios de la época para reprender a los disidentes. Pero esto no era una práctica exclusiva de los tribunales religiosos y, además, lo que sucedió en Europa en este siglo muestra a las claras que la situación en los reinos de alrededor era bastante más grave.

Resulta llamativo que la historiografía protestante haga hincapié en los reos ejecutados por la Inquisición en la península durante el siglo XVI cuando, sin ir más lejos, durante los reinados sucesivos de Enrique VIII, María I e Isabel I, se produjeron grandes persecuciones contra disidentes religiosos (cada uno de estos monarcas trató de acabar con aquella tendencia espiritual que contravenía la religión implementada en cada momento, que varió durante dichos reinados).

Caso aparte es el de la famosa quema de brujas. También esta lacra se ha atribuido a la Inquisición Española. Sin embargo, solo tenemos que acudir a los estudios de los historiadores para ser conscientes de que esta hipótesis es falaz, pues en territorio “español” las ejecuciones fueron mucho más limitadas que en otros puntos de Europa. Mientras que, según datos de expertos como Behringer o Henningsen, en lo que hoy es nuestro país se habrían ajusticiado a unas 300 mujeres acusadas de brujería, en los estados alemanes habrían sucumbido 25.000, en Francia alrededor de 4.000 y en reinos del este de Europa como Polonia/Lituania 10.000. No hay Leyenda Negra sobre lo sucedido en estos territorios.

En la actualidad, algunas festividades conmemoran los juicios contra las brujas emulando su quema a través de efigies.

Todos estos datos nos llevan a extraer de ellos unas conclusiones muy claras. La Inquisición en los reinos peninsulares no actuó con mayor virulencia que las instituciones eclesiásticas y seculares de los reinos cercanos. Ciertamente, muchos sufrieron de su actividad, pues pese a que los mitos que se han creado en torno a ella son, por lo general, inciertos, no debemos olvidar que se trató de un instrumento judicial que establecía penas por motivos de fe (algo que, por otro lado, no representa novedad alguna en la época).

No obstante, se puede afirmar que la idea de terror que sobrevuela esta institución, potenciada por la historiografía anglosajona, es falsa y que el vínculo de este tribunal con la Iglesia en la Monarquía Hispánica fue muy tenue, pues su actividad siempre estuvo orientada a satisfacer los designios e intereses de los monarcas de los reinos hispanos, que generalmente trascendían el plano espiritual.

COMPARTIR: