25 de febrero de 2021
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FIN DE SEMANA

Este movimiento alcanzó su cénit a principios de los años noventa en el Levante español, cuando la Movida Madrileña había tocado a su fin

'La ruta del Bakalao', cuarenta años de un fenómeno social: Discotecas, baile, drogas y fines de semana sin fin

A principios de los años ochenta la Movida Madrileña era el fenómeno cultural que dominaba el país. Sin que los medios se fijaran en ello, en el Levante español se iba construyendo una cultura de club que a finales de la década se masificó y se extendió a todo el país. Los primeros noventa fueron sus años de cénit. El crimen de Alcàsser y la generalización del uso de las drogas de síntesis dieron pie al inicio de su decadencia.

'La ruta del Bakalao' es uno de esos fenómenos socioculturales de los que es difícil de fechar su génesis. No así a su apogeo que fue claramente durante la década de los 90. El fenómeno tenía un punto nihilista y se extendió por todo un país que celebraba su mayoría de edad democrática entre los fastos del 92 y la resaca nacional de la movida madrileña.  'La ruta del bakalao', al contrario que sus hermanos mayores de la movida, no tenía una estética refinada ni grandes ambiciones culturales. 

En los 80, mientras el pop-rock en español vivía un gran momento y la Movida se extendía en otras manifestaciones artísticas (cine, pintura, fotografía...) varias discotecas que se agrupaban entre Cullera y Valencia fueron el escenario improvisado de un fenómeno de 'cultura de club' que no generó interés a nivel nacional hasta finales de los 80 cuando el consumo de drogas, el VIH y ciertos cambios en la industria discográfica bajaron la persiana de la Movida. Entonces, los medios y las casas de música se fijaron en un fenómeno que había crecido sin llamar su atención en el Levante. 

La música destroyer, la electrónica y la fusión de varias corrientes como acid house, que en España pasaría a ser simplemente 'música bakalo', pasó a impregnarlo todo. La televisión y las radios se hicieron eco de este tipo de música, lo que produjo un efecto llamada. Todo el país quería conocer la ruta del Bakalo. Incluso se fletaban autobuses que conectaban el Levante con Euskadi. Se hizo célebre que el origen del nombre del fenómeno estaba en la frase "tengo Bakalao de Bilbao" cuando se preguntaban si tenían música de este tipo. 

El éxito del fenómeno estaba en que era absolutamente transversal. No había un código de vestimenta concreto ni eran necesarios tener referentes previos. Un ejemplo de cultura de club radicalmente popular que podía calar en cualquier estrato social.

Los fines de semana sin fin se convirtieron en su principal característica. De jueves a lunes se recorrían las distintas discotecas que se convirtieron en templos del fenómeno. Recorrerlas todas y cada una era casi una obligación, como si se tratase de iglesias en el Camino de Santiago. Sus nombres se hicieron míticos: Spook Factory, Chocolate, Espiral, NOD, Puzzle, Barraca...

Con el éxito llegó el fenómeno de contagio y todas las ciudades de España se llenaron de 'bakalas' y en cada una de nuestras capitales había locales concretos donde los seguidores de esta corriente se reunían para disfrutar del 'bakalao de Bilbao'. 

Chimo Bayo, un hombre para un fenómeno

'La ruta del Bakalao' puso fin a los grupos de rock y pop como ídolos de la juventud. Aquí la estrella era el Dj. Si hoy en día cualquier local que se precie destaca la figura de lo que antes se llamaba 'Pinchadiscos' hay que recordar que su mitificación empezó en esta época. 

Cuando el universo de 'lo Bakala' dio el salto a un público mayoritario, Chimo Bayo se convirtió en una gran estrella mediática. Su canción Así me gusta a mí, hizo que hasta a las personas más alejadas a todo lo que ocurría en las noches levantinas les sonase aquello del 'bakalao'. 

Con los años, Bayo se ha convertido un referente de los 90 y posiblemente, el único de los nombres asociados a lo que sucedió en esos años que ha perdurado. En parte porque ha sabido reinventarse como empresario. El vino o la producción de eventos son algunos de los negocios en los que tiene diversificadas sus inversiones. 

Un crimen y la decadencia del fenómeno

En noviembre de 1992 tres adolescentes, como tantas otras del país, decidieron hacer autostop para acudir a otra de las discotecas de la ruta, claro que en versión mucho más modesta. Era la discoteca Coloor de Picassent. Ellas eran de un pueblo cercano, Alcàsser. Un topónimo que quedaría marcado a fuego en el subconsciente colectivo español, al igual que el nombre de las tres niñas: Toñi, Desirée y Miriam

Las tres menores fueron secuestradas, violadas y asesinadas por Antonio Anglés y Miguel Ricart. Un crimen brutal y sin sentido que despertó miedos atávicos en los mayores: la noche y lo que rodeaba a las discotecas del Bakalao podían ser escenarios peligrosos y temibles. 

Discoteca Coolor. 

Por si fuera poco, las televisiones comenzaron a fijarse en algo consustancial al fenómeno: el consumo de drogas. Eran nuevas y sorprendentes para el pueblo español. De la farlopa (cocaína) y el caballo (heroína) que tantos estragos causaron en los 80, se pasaba el éxtasis y los tripis. Las drogas de síntesis aterrizaron en la realidad española al mismo tiempo que 'la ruta del Bakalao'. 

Los accidentes de tráfico y los controles de drogas aumentaron y todo lo relacionado con el Bakalao comenzaba a estar mal visto. Varios reportajes televisivos pusieron el dedo en la yaga de los peligros para los más jóvenes que suponía el fenómeno. 

Abrió fuego Hasta que el cuerpo aguante, un documental de Canal + que hoy se asemejaría a los reality show que emiten casi todas las cadenas. A lo largo de cincuenta minutos la cadena de pago acompañaba a jóvenes 'bakalas', a productores de música 'destroyer', a Dj's y a dueños de discotecas. Con toda naturalidad, los protagonistas mostraban todo lo que rodeaba a la ruta. 

Al programa de la cadena de PRISA le siguieron especiales en todas las televisiones de la época empezando por Código 1, un programa del hoy intelectual Arturo Pérez Reverte que, a pesar de su contenido, no funcionó en audiencia. También se hicieron reportajes en los informativos de Antena 3. 

La segunda mitad de los 90 fue la de la decadencia de este movimiento sociocultural. Sin embargo, los 'bakalas' más irreductibles nunca desaparecieron del todo. Como todas las modas, ésta pasó y sus seguidores o se hicieron mayores o murieron o comenzaron a seguir nuevos ritmos y costumbres de ocio que llegaban a la España del cambio de milenio. 

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