08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Su prestigiosa carrera ha estado vinculada a casos conocidos, donde ha defendido a Encarna Sánchez o Isabel Pantoja, y se ha enfrentado a Gil y Gil

Fallece por coronavirus José Ángel Galán Cáceres: Un brillante abogado cuya huella humana va más allá de sus casos mediáticos

El abogado José Ángel Galán Cáceres ha fallecido este lunes víctima del coronavirus a los 68 años de edad, tras estar ingresado varios dias en un hospital madrileño. Finalmente no ha podido ganar su lucha contra el Covid-19. Su dilatada carrera como abogado ha estado vinculada a casos mediáticos,donde ha defendido a Encarna Sánchez hasta Isabel Pantoja, y en los que se ha enfrentado a personajes como Gil y Gil o Rafael Vera. Se nos va un gran jurista, pero, sobre todo, una mágnifica persona.

Ponerse a escribir ante un ordenador, una máquina electrónica tan fría, tan distante e inexpresiva, cuando recibes la noticia de que ha muerto un verdadero amigo es muy duro. Pero una vez que secas las lágrimas, volcar en un texto los recuerdos de un ser querido y apreciado, que se ha ido de nuestras vidas por el máldito coronavirus, recompone el espíritu y te da una tranquilidad interna necesaria antes de volver a llorar su pérdida.

Escribir sobre la figura del abogado José Ángel Galán Cáceres supone para mi recordar tiempos muy duros del periodismo de investigación en España. Es volver a un pasado oscuro de las cloacas del Estado español, datadas allá por comienzos de los años noventa. Recordar batallas judiciales donde estábamos inmersos quiénes por entonces osábamos a denunciar los bajos fondos del Ministerio de Interior, del Gobierno socialista de Felipe González Márquez.

Gracias a abogados inexpugnables como José Ángel Galán, algunos periodistas nos atrevíamos a denunciar públicamente el mal uso de los fondos reservados, los sobres en blanco repletos de billetes y el enriquecimiento ílicito de cargos públicos, como Rafael Vera Fernández-Huidobro, a la sazón secretario de Estado de Interior. Se trataba del entonces todopoderoso controlador de las vidas íntimas de los españoles, una especie del actual excomisario Villarejo.

En este duro ambiente judicial, conocí hace ya casi treinta años a José Ángel Galán Cáceres. Yo era el encargado del equipo de investigación de un programa estelar esos años en las tardes de la radio española, como era “Directamente Encarna”, en la Cadena Cope con la mítica Encarna Sánchez al frente. La valentía de esta locutora radiofónica almeriense hizo que destapáramos en las ondas todo el enriquecimiento ilícito de Rafael Vera con su famosa finca “El Relumbrar”, en la localidad albaceteña de Alpera. Un aumento patrimonial a costa del dinero que debía ir a la lucha contra la banda terrorista y asesina ETA.   

José Ángel Galán en su despacho.

José Ángel, junto a su socia y también reconocida abogada Graciela Otondo (más que su compañera, su hermana) defendían en esta batalla contra el poder establecido a Encarna Sánchez. La Cope no me puso abogado, era su estrategia, pero yo también tenía un amigo, mejor dicho “mi hermano”, el entonces incipiente abogado penalista Manuel Ollé Sesé. Pronto unimos fuerzas con Graciela y José Ángel en esa lucha por defender valores en los que creíamos firmemente, como la libertad de información y de expresión.

Esa responsabilidad social me unió a José Ángel y cada día más. De esta forma, paso a paso, fue forjándose entre nosotros una fiel e imperdurable amistad. Era cuestión de piel, como me gusta decir, o quizá de valores. Él los había adquirido en su localidad natal de Montánchez, “su pueblo” cacereño, su hogar al que nunca en la vida renunció. Había estudiado Derecho en la capital de España para pasar luego por Don Benito hasta llegar a la capital de España, donde en 1988 montó despacho junto a Graciela Otondo.

Pero a esa inicial batalla judicial contra las tripas del Estado nos unió enseguida otra peligrosa, quizá igual o más dura: La corrupción del expresidente del Atlético de Madrid, Jesús Gil y Gil, en Marbella. Yo era por entonces uno de los pocos azotes periodísticos de Gil y Gil, y José Ángel era consejero y letrado del complejo marbellí de Puerto Banús, a las órdenes de Alberto Vidiella, sobrino del recordado empresario José Banús.

Gil y Gil quería conseguir a toda a costa, nunca mejor dicho, Puerto Banús. Era su meta especulativa, hacer una isla, puentes, casinos, etc, los proyectos corruptos de tal y tal. José Ángel luchó como pudo, y de nuevo con éxito, contra el todopoderoso Jesús Gil, que contaba como aliados a muchos medios de comunicación, a los que el Ayuntamiento de Marbella “ayudaba” publicitariamente a costa de defender intereses un tanto o bastante oscuros.

Esos años nos veíamos para hablar del gilismo corrupto en el viejo casino de Madrid, cerca de la Puerta del Sol, donde también le gustaba ir. Solo discutimos una vez en la vida y fue allí. La causa una persona que le había engañado usurpando mi nombre, un tipejo cuyo nombre no quiero acordarme que ejercía y se llamaba periodista. Fue el único día que hemos discutido en casi treinta años de amistad y de duras peleas judiciales, en las que José Ángel siempre mantuvo una papel de abogado brillante. Será reconocido por su sapiencia en temas civiles y penales y, sobre todo, por la manera de redactar sus escritos, donde plasmaba de una forma clara y didáctica todos sus conocimientos.

"El abogado de la Pantoja"

Los triunfos profesionales de José Ángel Galán en el mundo jurídico se cuentan por doquier. Pero su figura siempre irá unida ante la opinión pública a una persona: la tonadillera Isabel Pantoja a la que defendió, junto a Graciela Otondo, en el caso Malaya, en la famosa pieza separada donde estaban Julián Muñoz, su exmujer Maite Zaldívar y también Pantoja.

Luchó como un jabato en su defensa. Sus famosas fotografías con la tonadillera cogida de su brazo, le valieron el apodo público de “el abogado de la Pantoja”. Su célebre foto cuando la tonadillera salió en volandas, casi sin ropa, tanto de los juzgados de Marbella como en Málaga, pasará a una historia muy particular de la judicatura española. Nunca se separó de ella un solo momento en esos caóticos instantes. 

José Ángel Galán  e Isabel Pantoja.

Consiguió gracias a su sabiduría judicial que solo condenaran a Isabel Pantoja a una pena inferior a dos años y un día. Pero topó, sin saberlo, con el calvario popular de la Pantoja. Había que dar ejemplo sobre esta vergonzosa corrupción municipal del gilismo e Isabel Pantoja fue condenada a cumplir su condena en prisión como castigo ejemplar.

José Ángel sufrió. Sabía que había conseguido, en teoría, evitar que Isabel, sin antecedentes penales, tuviera que pisar la cárcel, pero se encontró de frente con el ejemplo y el castigo popular hacia la tonadillera. Ya no podía hacer nada. Lo sabía. Tras la entrada de Pantoja en una prisión sevillana, José Ángel y Graciela se fueron apartando de ese entorno pantojil.

Desde entonces, José Ángel se dedicó a casos menos mediáticos y aplicar sus conocimientos jurídicos en otros menos relevantes, pero no por ello menos importantes. Hace poco Manuel Ollé y yo le pedimos consejo para un problema televisivo en el que intentaban inmiscuirme. Su palabra era como la Ley. Lo que dijo se cumplió.

Un legado humano

Pero su prestigio jurídico queda rebajado si consideramos la huella humana que ha dejado y transmitido. Su cercanía nos fue uniendo todavía más, ya que teníamos aficiones comunes: el cante flamenco y los festejos taurinos. En ambos era un gran entendido y perfecto aficionado. Fueran muchas veladas nocturnas juntos en una misma mesa escuchando a los mejores cantaores en el Círculo Flamenco de Madrid. Y muchas las tardes en Las Ventas, primero en esa delantera de grada de sol del 5 y luego en el tendido 8. Con los posteriores botellines en el bar ‘El Ruedo’, que servían para debatir de toros, de leyes o de la vida misma.

El abogado José Ángel Galán en un gesto suyo característico. 

Para quiénes le hemos conocido se nos va una magnífica persona, íntegra, recta y fiel en la amistad. Su vida era principalmente su familia, sus hermanos, todos ellos grandes juristas, magistrados, fiscales, un amor al Derecho que les dejó como herencia su padre. Ahora todos ellos, al igual que los que le apreciábamos, su mujer Pili, Eladio, Juan  Calixto, Julio, Pedro... sus dos hijos y toda su familia lloran su ausencia.

Cuando me enteré que estaba ingresado con coronavirus le escribí: “José Ángel ánimo y fuerza que todavía nos esperan los botellines de San Isidro”. No será este año. El Covid-19 no nos lo permite. Pero te aseguro, José Ángel, que tenemos un botellín pendiente contigo, porque tu recuerdo perdurará siempre imborrable.

Solo darte las gracias por todo lo que has hecho en vida para agrandarnos como seres humanos, con tus valores sólidos, tu entereza personal y, sobre todo, por hacernos entender y respetar al prójimo. Descansa en paz, Amigo.

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