25 de abril de 2019
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FIN DE SEMANA

La cantante Salomé consiguió que España volviese a ganar por segundo año consecutivo pero empatando en votos con otros tres países

Un cartel de Dalí y un vestido que pesaba 14 kilos: así fue el Festival de Eurovisión que organizó España hace 50 años

Salomé.
Salomé.
Hace 50 años España se encargó de organizar el Festival de Eurovisión. Por primera vez el país, que se contaba entre las 'Cenicientas' del continente, se convertía en el centro del mismo. El régimen de Francisco Franco no dejó escapar la oportunidad de enviar un mensaje de aperturismo y de limpiar su imagen.

El 29 de marzo de 1969 Madrid se convertía en pleno tardofranquismo en el centro de las miradas de Europa. Por primera vez en mucho tiempo no eran las represiones de la dictadura de Francisco Franco. El Teatro Real albergaba la organización del XIV Festival de la Canción de Eurovisión. Doce meses antes, España se había hecho con el triunfo del popular festival televisivo y musical. Massiel, reconvertida en ye-ye tras sus éxitos en la canción protesta, se había alzado con el primer puesto. 

El triunfo de España en el Festival de la Canción fue utilizado por el régimen de Franco como un éxito de la dictadura. María de los Ángeles Santamaría, Massiel para el siglo, fue elevada a los altares y en la prensa oficial se la comparaba ni más ni menos que con Agustina de Aragón, la heroína femenina por excelencia de los valores patrios. Por si fuera poco, por un punto de diferencia España había adelantado a Inglaterra, la enemiga histórica, ‘la Pérfida Albión’.

Durante meses el régimen supo que tendría en la organización del Festival una excusa para vender al país como un lugar mucho más aperturista del que era en realidad. Juan José Rosón, futuro Ministro de Interior en la Transición, era en esos momentos el Director General de Radio Televisión Española y se encargó de ‘echar la casa por la ventana’ en la organización del evento.

Por primera vez un programa realizado en España se vería en color. Eso sí, solo para nuestros vecinos ricos. España, Cenicienta europea junto con Portugal, Grecia e Italia vería el Festival en blanco y negro. Esto impidió disfrutar a los españoles del diseño creado para la edición de Eurovisión. El encargo se le hizo a Salvador Dalí. El cartel consistía en unos labios rojos que enmarcaban un reloj, que marcaban las cuatro y diez. Y todo esto rodeado con la frase “TVE presenta desde el Teatro Real de Madrid”. La idea de pensar en el pope del surrealismo fue de Manuel Fraga, por entonces omnipresente Ministro de Información y Turismo.

José Luis Uribarri se encargó de los comentarios del Festival, pero la presentación corrió a cargo de Laura Valenzuela. Solo podía ser ella. Bellísima y rubísima, Laura era la estrella de la televisión por excelencia. Además, representaba a la nueva imagen del desarrollismo económico de los sesenta. Ella y Concha Velasco representaban este nuevo tipo femenino en el cine español en sustitución de las raciales estrellas de la década anterior. También influyó en la elección de Laura el hecho de que era la única presentadora de la época que era capaz de presentar en varios idiomas. Laura saludó a toda Europa en francés, inglés, alemán y español.

Un traje que pesaba 14 kilos

La otra gran protagonista de la noche fue sin duda Salomé. La cantante catalana representó a España a pesar de que a nivel nacional era poco conocida. Hasta entonces la mayoría de sus canciones las había grabado en catalán y en el circuito de la canço ya era una figura. Se trató de una elección interna, aunque el 22 de febrero, Televisión Española organizó una curiosa final presentada por Marisa Medina y Joaquín Prat desde Palma de Mallorca. Se elegía la canción que Salomé debería interpretar en el Festival. Resultó elegida Vive cantando. La canción original fue escrita por María José de Ceratto (música) y Aniano Alcalde (letra). Y los arreglos fueron a cargo del compositor Augusto Algueró. Salomé grabó la canción en 8 idiomas diferentes (castellano, catalán, euskera, francés, alemán, italiano, inglés, y serbocroata).

Sabedores de que en Europa la emisión sería en color decidieron que el traje de Salomé lo confeccionara uno de los más grandes de la moda española: Manuel Pertegaz. El vestido constaba de una serie de flecos de pedrería azul que pesaba ni más ni menos que catorce kilos.

La gala transcurrió sin sobresaltos, aunque la dirección de Rosón lo tenía todo pensado. Tenían miedo de que algunos artistas aprovecharan la emisión en directo para protestar por la dictadura. De hecho, la representante de Holanda, Lenny Kuhr, había manifestado públicamente su descontento al tener que actuar en un país sin democracia, aunque finalmente lo hizo. Quien sí se negó a participar debido a la situación política del país anfitrión fue Austria.

Lo que sí que pilló a todo el mundo por sorpresa fue el final del certamen. Por primera vez en la historia se daba un empate en puntos (18), no entre dos países sino entre cuatro: España, Francia, Reino Unido y Holanda. Un caos imprevisto que se hizo notar en la cara de apuro de Laura Valenzuela.

La votación fue caótica. Alemania en la primera ronda de votación fue primera y Mónaco y Suiza que al final se descolgaron. Reino Unido arrebató el liderazgo a Alemania, pero España le alcanzó y superó mientras Francia empataba con España. Luego Reino Unido y Francia cogieron una ligera ventaja frente a España y Mónaco, que se alteraron en el mismo puesto durante toda la segunda mitad de la votación. En el antepenúltimo turno, Francia puso a España la primera, pero a continuación le dio 6 puntos a Países Bajos, siendo el primer país de los 4 en llegar a los 18. Francia y España alcanzarían a Holanda en la penúltima votación mientras que Inglaterra no llegó a 18 puntos hasta la última votación.

El premio se concedió ex aquo a las cuatro naciones, pero el país encargado de organizar la siguiente edición fue Holanda. A partir de ese momento, la organización cambiaría sus normas para evitar que se repitieran estas situaciones, el país que primero llegase al número de votos que le hiciera subir a la cumbre ganaría el festival.

Finalmente, aunque fue compartido la España de Franco se apuntó un nuevo tanto. Una Massiel triunfante, ataviaba con un abrigo de chinchillas, felicitaba a Salomé por un triunfo que nunca más volvería a darse para España en el Festival de Eurovisión.

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