22 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

El político vallisoletano impulsó la Ley 10/1991 de potestades administrativas en los toros y fue su ponente en un hito en defensa de la Tauromaquia

Treinta años de la Ley Arévalo: El senador del PSOE que defendió la Fiesta de los toros sin complejo alguno

Antoñete, Arévalo y Vitorino Martín.
Antoñete, Arévalo y Vitorino Martín.
En tiempos donde el socialismo parece hacer de aquel “Don Tancredo”, al quedarse quieto y pasmado ante las embestidas populistas de la izquierda y de los poderosos animalistas contra el arte de la Tauromaquia, una personalidad del socialismo durante la égida de Felipe González, emerge con dignidad como es la del ex senador por Valladolid y líder del socialismo castellano leonés, Juan Antonio Arévalo Santiago, quien hoy vive alejado de todo ruido en su Valladolid natal.

El Colegio de Abogados de Madrid, en su sección de “Derecho y Tauromaquia”, que preside el reconocido profesor Manuel Quintanar, rendirá este martes día 27 de abril un homenaje a la figura del histórico senador del PSOE y a la vigente Ley 10/1991 de potestades administrativas en materia taurina de la que Juan Antonio Arévalo fue ponente y “padre” de la misma, hace treinta años.

La conferencia magistral, que se impartirá a las 19 horas de este martes 27 de abril en la sede del Colegio de Abogados, sito en la calle Serrano, de Madrid, la pronunciará Javier López-Galiacho Perona, profesor titular de Derecho Civil de la Universidad Rey Juan Carlos y presidente del Círculo Taurino Universitario Luis Mazzantini, y buen amigo del exsenador socialista Arévalo

Desde muy joven, Juan Antonio Arévalo, militante y activista taurino (“la Tauromaquia es un vicio del que no te quitas”, solía decir), se echó a sus espaldas de gran político, como inquieto y dinámico parlamentario que ha sido, la dignidad de la Fiesta Nacional, como, por cierto,  le gustaba llamarla, también sin complejos, porque es una "Fiesta", decía, que se extiende por toda España.

Arévalo, que estuvo como representante del PSOE en el Senado desde la primera legislatura constitucional de 1979 hasta el año 2000, capitaneó políticamente la lucha contra el fraude y la manipulación de "la Fiesta" desde los años ochenta, desde su escaño de senador. Era un parlamentario muy respetado en las filas del socialismo histórico. Presidió aquella comisión de secretos oficiales cuando se filtraron los papeles del exagente del CESID, Juan Alberto Perote.

En 1983 constituyó en el Senado una comisión para el estudio del estado de la Fiesta, quizá la primera en la historia parlamentaria de España, por la que pasaron todos los sectores y estamentos de la tauromaquia tanto empresarios, toreros, ganaderos, veterinarios como aficionados.

Aparte, Arévalo recorrió todas las plazas de España asistiendo a múltiples ferias para comprobar en directo lo que sucedía e intentó la unión, en una especie de UTE, de todas las plazas de titularidad pública de España.

Arévalo andaba preocupado por el estado de la Fiesta, entonces amenazada en su integridad y verdad por el fraude del afeitado, de las caídas de las figuras, de la alteración del comportamiento del animal por sustancias tóxicas, así como por el comportamiento de empresarios desaprensivos o de apoderados que buscaban a cualquier precio proteger a su representado.

La Feria de San Isidro

Eran tiempos, aquellos de los ochenta, donde la Fiesta se había recuperado espectacularmente de público en sus festejos. De ese modo la Feria de San Isidro se convirtió en una pasarela de personas de la política y la cultura de la Izquierda. Era habitual ver sentado en el tendido o en el burladero al exministro socialista Enrique Múgica y a su hijo, el escritor Daniel Múgica, como también a destacados líderes socialistas como José Luis Corcuera, Txiqui Benegas, Pepe Montilla o Joaquín Leguina, como a cantantes de la talla internacional de Serrat o Sabina, actores como Echanove, Imanol Arias, escritores como  Dragó o  Javier Pradera, como antes en tiempos de la República lo hacía un activista tan taurino como Indalecio Prieto. Ahora, muchos de ellos esconden su afición con vergüenza.

Javier López-Galiacho junto al senador Arévalo

Pero este auge de público se contradecía con la bajada de la autenticidad del espectáculo y el senador Arévalo creyó que era momento que la Ley democrática intentara arreglar este serio problema social.

Primero, lo hizo creando la obligatoria Comisión y luego poniendo en marcha la ponencia de una Ley Constitucional que derogaría el Reglamento de 1962, aprobado en tiempos del general Francisco Franco.

El senador Arévalo tuvo claro desde el primer momento que la Ley debía redactarse como una proposición legislativa, que tuviera como premisa el sacrosanto derecho del aficionado a recibir un espectáculo en toda su integridad, "sin manipulación, ni alteración, hasta que el toro fuera arrastrado" y de ahí que pusiera a toda la Administración Pública, como garante de este derecho, a perseguir su consecución desde que el toro salía de la finca hasta que era lidiado en el ruedo.

Ficha del histórico militante socialista.

Igualmente tuvo claro Arévalo que esa protección tendría que venir dentro del marco de una serie de sanciones para quien infringiera la integridad, sanciones que respetarían el Estado de Derecho y el control por parte de los Tribunales.

Su gran amigo Joaquín Vidal

La ley 10/1991, cuyo 30 aniversario se celebra y que sigue en vigor,  aunque olvidada para muchos de los sectores implicados en la Fiesta,  fue aprobada por unanimidad de los grupos parlamentarios, incluso por el grupo catalán y el vasco. Un contraste con el nulo apoyo catalán y el tibio vasco.  

Tras la aprobación de la Ley 10/1991 vendría un fallido reglamento aprobado en 1992 y finalmente el vigente reglamento nacional de 1996, para cuya aprobación y derogación del anterior también Arévalo luchó desde el Senado, enfrentándose incluso con otro buen aficionado y ministro a la sazón de Interior cómo era entonces José Luis Corcuera.

Arévalo con Antoñete en el callejón.

Ley de 1991 y el reglamento de 1996 siguen vigentes en gran parte de España , salvo en aquellas comunidades autónomas que dentro de su ámbito competencial, tras la transferencia de la regulación de los espectáculos públicos por el Estado a las comunidad, hoy en día tienen propio reglamento como son las comunidades autónomas del País Vasco, Navarra,  Andalucía, Aragón y Castilla León, rigiendo el suyo pero con el límite que en lo no regulado por el específico de esas comunidades, rige la Ley 10/1991 y su desarrollo reglamentario.

Tuvo la inmensa suerte y el honor que para esa ardua batalla no estaría solo. al contar con uno de los más grandiosos periodistas taurinos que ha dado la Tauromaquia a lo largo de los siglos, como es la figura del desaparecido Joaquín Vidal, quien desde su privilegiada tribuna fundacional del diario El País hizo una labor también innegable e impagable de denuncia de la alteración del espectáculo en sus fundamentos.

La muerte de Joaquín Vidal en el año 2002 dejó huérfano taurinamente no solo Arévalo sino a una legión de conspicuos aficionados que seguían las lecciones que plasmaba  Vidal desde las páginas del diario de cabecera de la izquierda española.

Pero juntos hicieron posible reivindicar la pureza del arte de la Tauromaquia. Juan Antonio Arévalo fue un socialista riguroso, metódico, profundamente democrático, respetuoso con la opinión del disidente,  pero beligerante con aquellos que quieren apropiarse de la Fiesta de los toros ideológicamente.

Arévalo fue senador socialista.

Cuando la derecha se apropiaba de la Fiesta o cuando su izquierda política la desdeñaba, siempre decía aquello que su padre le transmitía cuando le llevaba a los tendidos de Sol de la vieja plaza de toros de Valladolid:  “Ves, hijo mío, aquí mandan igual los de Sombra y los de Sol. Cuando se cuentan los pañuelos, tanto vale el de la sombra como el del sol, el derecha como el de la izquierda”.

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