30 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA

El francés y madrileño de adopción comenzó con tan solo 17 años formando parte del espectáculo cómico-taurino del famoso Bombero Torero

Carlos Hombrados, banderillero: "Podía haber sido torero porque tenía “oficio”, pero me faltaba el valor"

/ El banderillero Carlos Hombrados.
Carlos Hombrados (59) es uno de esos subalternos que han pasado a la historia del toreo por mérito propio, un banderillero de origen francés, aunque madrileño de adopción, que en 2016 decidió cortarse la coleta después de más de treinta años ejerciendo su profesión. Hombrados conversa en elcierredigital.com de sus inicios en el mundo del toro y de sus mejores anécdotas.

Parece que cuando hablamos de toreros solo nos referimos a los matadores, a las  figuras cuya estampa se pasea por los cosos taurinos como si fueran los  únicos representantes del arte de Cuchares.

Y no vamos a decir que no lo sean, pero no son los únicos evidentemente. Detrás de los matadores están siempre los subalternos, una serie de grandes figuras, de grandes toreros, sin cuya presencia la lidia no podría llevarse a cabo, sin cuya presencia el matador quizá no sería lo que es. Aunque los matadores van vestidos de oro y  los subalternos de plata, no por ello brilla menos su estela.

En esta ocasión, elcierredigital.com habla con uno de esos subalternos que han pasado a la historia del toreo por mérito propio, un banderillero de origen francés, aunque madrileño de adopción, que en 2016 decidió cortarse la coleta después de más de treinta años ejerciendo su profesión.

Carlos Hombrados que así se llama nuestro contertulio, cuenta 59 años y tiene tras de sí una larga trayectoria avalando su carrera que comenzó con tan solo 17 años formando parte del espectáculo cómico-taurino del famoso Bombero Torero. Después sus caminos le llevaron hasta el llamado “toreo serio”, llegando a debutar como novillero con picadores en 1983, aunque no le dio las satisfacciones que esperaba y decidió convertirse en lo que ha sido su vida profesional, banderillero. Debutó como tal en Castro Urdiales en 1988 y desde entonces hasta el día de hoy, ha formado parte de las cuadrillas, entre otros, de toreros tan afamados como  Antonio Sánchez Puerto, Uceda Leal, David Luguillano, Fernando Robleño… y, cómo no, de Jesús Pérez “El Madrileño”, a quien acompañó durante prácticamente toda su carrera.

-Carlos, ¿cómo le surge la afición?

-De una manera muy sencilla, viendo con mi abuela paterna los toros por televisión. Después poco a poco, empecé jugando a torero como hacíamos los niños de entonces hasta que el juego se convirtió en mi vida.

-¿Cómo fueron esos comienzos en el mundo del toro?

-Fueron con siete años cuando fui con mi padre a ver mi primera corrida, precisamente en La Ventas. Luego, cuando ya tenía nueve o diez años en el pueblo de mi padre Molina de Aragón, echaron unas becerritas para el público y me dejaron torear, no me lo pensé, le pegué solo dos pases de rodillas para llamar la atención y a partir de ahí el veneno se me metió en el cuerpo…

-Con  14  años, llegó a  la primera escuela taurina, entonces Escuela Nacional de Tauromaquia. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Con qué toreros  coincidiste en esa época?

-La Escuela la recuerdo con una nostalgia muy grande y quizá como lo más bonito de mi vida profesional, fue casi una escuela de vida. Pasó por varias etapas, cuando yo entré estaba en Madrid, en El Lago y  después se llevó al Batan y por aquel entonces, Yiyo, Maestro y Sandín ya eran becerristas. Recuerdo que cuando llegue allí y después de unos avatares para poder entrar, fue precisamente mi amigo Julián Maestro el que me abrió la puerta… Entonces piensas que vas a ser torero sí o sí, no ves la cruda realidad. Es un sueño, un juego, algo muy bonito. Entonces había que ganárselo todo pero te lo tenías que ganar día a día, con las vacas y de vez en cuando un novillo. Enrique Martín Arranz, el director, no admitía gente que no quería ser torero, si te veía mal te humillaba y te tocaba los costados para que te vinieras arriba. Fue una etapa bonita y feliz que nos ha marcado a todos los que la vivimos.

-¿Sus comienzos en el toreo fueron dentro de un espectáculo cómico-taurino, que significó en su carrera?

-Yo llego a este espectáculo a través de  la escuela y antes de nada quiero recalcar que los toreros cómicos son ante todo eso, toreros y después cómicos. Yo los he conocido con una torería inmensa, gente como Arévalo, Celis… Todos eran toreros y vivían el toreo como el que más. Muchas grandes figuras como Manolete, Dámaso Alonso, Ortega Cano y muchas figuras más han actuado en estos espectáculos... Era un magnífico rodaje  que  ahora es una pena que por el animalismo y por lo de que significa menospreciar a los enanitos –cosa absurda por otra parte-, etc., este desapareciendo  y con ello una manera de coger oficio para los chavales.

-Fue novillero e incluso llegó a debutar con picadores, ¿cómo fue esa etapa de matador y cómo llegó a hacerse banderillero?

-Mi etapa de novillero con picadores fue muy corta y la de sin picadores duró unas siete temporadas. Fui un torero que quería hacer las cosas bien, que tenía muy claro cómo debían de ser, pero te reconozco que no valía para ser matador porque me faltaba la base principal que es el valor. Siempre he tenido muchísima afición, también he tenido triunfos pero esto no es un triunfo hoy y otro dentro de una semana....esto es de triunfo diario si se quiere ser algo. Podía haber tomado la alternativa porque tenía “oficio” pero ya te digo, era muy consciente de que no podía cruzar la raya que marcaba el salto, sabía que eso no era para mí y con 25 años decidí hacerme banderillero.

Carlos Hombrados, frente al toro en la arena.

-Ha conocido las dos facetas, la de matador y la de banderillero. ¿Qué diferencias encuentra?

-Son dos conceptos totalmente distintos. Cuando uno se decide a cambiar el oro  por la plata se es consciente de lo que se hace. Todos soñamos con ser figuras del toreo desde pequeñitos pero como te decía antes, pero conforme vas a avanzando en tu carrera te das cuenta de que aquí se juega uno la vida y ves que esto no es para ti, porque ser matador implica ser el protagonista y todo lo que ello conlleva pero también lleva aparejado ese riesgo que yo no estaba dispuesto a asumir. Cuando era matador miraba a los banderilleros, dentro del máximo respeto y pensaba,  “estos no corren el riesgo que corro yo, no se echan la mano a la izquierda.... o que poco miedo tienen que pasar....”. Qué ignorante era como puedes ver… (Ríe), porque verás, cuando te haces banderillero el primer año no pasas el mismo miedo, pero con los años lo vas teniendo porque te vas dando cuenta de que en tu cometido tienes mucho riesgo también… Te puede salir un toro complicado, que se planta en los medios y tienes que ir tu a por él, no el matador... Y ves que te dice el toro “Buenas tardes”, como decimos en argot taurino cuando vemos que realmente te va a dar la tarde ... (Ríe) Porque cuando hace eso, es un toro que esta corraleado, que te hace regates, zig zag y te puede llevar por delante.

-¿Qué condiciones debe reunir un banderillero? 

-Muchas. Tienes que saber mucho de toros, tener mucha psicología con los matadores, tener mucha responsabilidad y saber mucho del toro, porque nuestra labor hacia el matador comienza desde mucho antes de la corrida.

-¿Cuál es su labor dentro y fuera del ruedo?

-Como acabo de decir, la labor del banderillero comienza antes de la corrida, tiene que  saber “ver” los toros ya en los corrales, verles los ojos, porque a veces no ven bien por un pajazo o cosas así y pueden ser muy peligrosos en la lidia. Otras veces, ves si mira para aquí o para allá y notas si tiene un “aire”, hay que saber “enlotarlos” para que los lotes sean equiparables. Tienes que defender la postura de tu matador ante las empresas, si hay un toro “feo” de hechuras, intentar conseguir que no le toque. Y como dije, hay que tener “psicología” con el matador de tal manera que según tenga su carácter le tienes que hablar de una manera o de otra, es decir si es “medroso” le tienes que entrar, diciéndole la verdad siempre por supuesto, pero utilizando diminutivos  como  “el toro tiene su carita”, “es seriecito”, “está en el tipo”, “astifinito”.... (Ríe).

Luego, ya en la plaza comienza propiamente el trabajo de banderillero, ahí la labor fundamental se realiza con el capote –que es la base fundamental de los toreros de plata-. Por ejemplo, tienes que intentar “enseñar” a embestir a los toros y en este caso nuestra forma de torear es menos artística, más técnica, más practica que la de los matadores. A veces cuando ellos “los paran” no se han enterado bien todavía de que va el toro,  porque el toro va desarrollando durante la lidia, para bien o para mal y no dejan de decirte “llévalo, llévalo y engánchalo, intenta llevarlo hasta el final…”. Y si ves que el toro tiene “problemas”, tienes que intentar pulirle el defecto, es decir, si el toro “echa la cara arriba”, tu no le puedes echar la cara arriba, tienes que intentar bajarle el capote y si el toro se planta en los medios pues ahí tienes que ir a por todas… Esto hace que nuestra labor sea tan importante y por eso los matadores siempre quieran llevar a banderilleros que sepan “ver bien los toros”… Como puedes apreciar, las banderillas pasan a un segundo plano ya que aunque que la nuestra es una labor callada, de alguna manera somos como la mano derecha del matador.

Hombrados.

-¿Cómo ve a los matadores y a los banderilleros en la actualidad?

-Hoy se banderillea y se torea mejor que nunca. Antes no se tenía en cuenta la forma de banderillear como se tiene ahora, cuando salían los toros complicados lo principal era que no se les “pegaran pasadas a los toros”, no había el lucimiento que hay hoy en día. Hoy las cuadrillas llevan banderilleros de categoría máxima y se banderillea con una pureza y una verdad importante. También es cierto que los toros de ahora son más difíciles de banderillear que los de antes, son toros a los que se les corre mucho por el campo, se les hacen muchos saneamientos y los toros se enteran y “aprenden” mucho, además antes había  tres o cuatro ganaderías complicadas para banderillear como la de Cuadri, Miura, Atanasio... Pero ahora lo son casi todas.

-¿Cuándo considera que ha puesto un buen par de banderillas?

-La verdad es que yo no era muy regular con “los palos”, era  más de capote según el concepto antiguo, pero cuando veías, porque se ve, que tenías un toro bueno para banderillear, que tiene “tranco”, que “galopa”, te “cuadras” con él, te “gustas”, todo hecho con mucha “despaciosidad”, intentando echarle garbo en los andares, andándole si se puede y nunca arrancar tu antes, dejar que sea el toro el que se arranque primero y cuando lo hace,  en el par de poder a poder le ganas la cara y sales de la cara “con guapeza” y si es posible, andando. Ese sería el par perfecto, aunque cada toro es diferente y eso hay que tenerlo en cuenta.

-¿Tiene algún par que te haya quedado grabado?

-Tengo uno pero como malo (ríe), fue en Madrid con Miguel Rodríguez con toros de Cuadri –que es de lo peor para nosotros como te dije-, y toreaban además Espla y Liria. Había llovido muchísimo y el toro que me tocó en suerte y que ha pasado a la historia entre mis “petardos” y fracasos, ya  tenía muchas dificultades, además mi compañero no me ayudaba mucho, el piso de plaza estaba como estaba… Así que el primer par se lo puse bien pero el toro debió pensar al segundo par “otro ya no me lo pones...” Y el compañero llegó, dio una pasada en falso, luego otra y en el tercero intente ponérselo yo y ya me empezó a poner la cara alta y me quitaba el par, el piso de plaza me resbalaba, todo esto se me juntó con el miedo, perdí los papeles y le puse una en el cuello... Le dimos como once pasadas... Yo me quería morir. Sin duda, ha sido  lo peor de mi vida como banderillero, hasta el punto de que estuve un mes sin salir de casa  de la vergüenza que pase. Luego con el tiempo me resarcí y pude saludar “montera en mano”.

-Aunque los toros le han respetado mucho, ha vivido en su propia carne las heridas que puede producir el toro y también la muerte de grandes compañeros como fue la de Yiyo. Todos sabemos que  cuando se sale al trabajo nos puede ocurrir cualquier cosa, pero vosotros sabéis que podéis encontrar la muerte, ¿cómo se afronta esa situación? ¿Cómo se vive después de la  cornada?

-Se sigue sencillamente porque eres torero, porque te sientes torero y porque eres siempre consciente de que  cuando entras en una plaza vestido de torero quizá no vuelvas al hotel. Posiblemente lo peor de una cornada sea “perder el sitio”, perder la confianza y el valor pero, pensando en torero esto se supera, sobre todo si sabes el porque te ha cogido, eso es quizá lo más importante, sobre todo mentalmente.

José Ignacio Herce y Carlos Hombrados.

-¿Con qué torero se ha sentido más a gusto?

-Muchos, quizá con Jesús “El Madrileño”, Uceda Leal, Fernando Cruz… Con aquellos con los que conectas, con los que sientes la confianza de poder decirles las cosas que ha hecho mal, que no todos los hacen...

-¿Con cuál más a disgusto si se puede decir?

-Con el paso de tiempo y con la madurez se perdona todo, pero a alguno le he dicho en el callejón  “mañana te buscas a otro”...

-Está de moda debatir sobre la liturgia taurina después de los últimos hechos acaecidos en La Maestranza por el maestro Ferrera, ¿qué opina al respecto?

-La liturgia taurina abarca muchas cosas, empezando por el vestido y aquí tengo que recordar a mi maestro de la escuela Jose de la Cal que decía que si tienes un vestido viejo pero unas zapatillas bien limpias, con el lazo bien puesto y la “castañeta” bien puesta ya pareces un torero. Para no entrar en más detalles  y como ejemplo,  te cuento un detalle  que a mí me parece importante, los capotes de paseo. Ahora parece que los matadores están empezando a “liar” mas, un matador tiene que saberse “liar” el capote de paseo, sino sabes hacértelo mal vamos, se le puede ayudar pero él tiene que colocárselo, tienes que sentirte torero cuando sales a la plaza.

-Por último, ¿cree que la figura del subalterno está bien valorada?, no solo de cara al público sino también por los propios matadores...

-Quizá ahora se es más consciente de nuestra labor que antes, está más valorada, se nos reconoce más. Ahora se ve aplaudir a un banderillero cuando da un buen capotazo, antes no. Nuestra función completa es muy desconocida, como hemos  podido ir viendo a lo largo  de esta entrevista, para empezar hay que hacer ver que es la principal es la de lidiar el toro y después todo lo demás….no solo es poner banderillas.

Toda una clase de tauromaquia que espero sirva para dar a conocer al gran público y al algún que otro “aficionado”, la labor callada de los subalternos, de esa categoría de plata que no tiene nada que envidiar al oro. Quiero aprovechar para saludar a mi querido amigo Carlos de San Lázaro, a quien siempre tengo que agradecer su colaboración.

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