20 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

El matador vasco comenzó por los campos de España antes de tomar la alternativa en su ciudad de la mano de Enrique Ponce y El Cid

La vida de los maletillas, “El Vitoriano”: "Ponerte delante de una vaquilla me transportaba a otro mundo"

El Vitoriano toreando.
El Vitoriano toreando.
Mucho han cambiado las cosas desde aquellos años de comienzos y mediados del siglo XX en que la figura de maletilla o “capa” deambulaba por nuestros campos “haciendo la tapia” en busca de conseguir su sueño de hacerse torero, por afición, por salir de la miseria o por ambas cosas a la vez. Uno de estos maletillas, que conoció aquella época antes de hacerse matador de toros, es José Miguel Berbetoros “El Vitoriano”, que nos cuenta su experiencia en elcierredigital.com.

Escribía Javier Villán, escritor y crítico taurino, sobre la figura del maletilla: "Aprendiz de torero que con la esperanza de pegar unos muletazos en los tentaderos vagaba por caminos y dehesas, con una maletilla en la mano o un hatillo al hombro donde guardaba sus trebejos de torear. ….El maletilla o capa era una pasión existencial y taurina, producto del subdesarrollo y del hambre, bases sobre las que se asentaba la vocación de torero".

Con carácter general aquello de “más cornadas da el hambre” por suerte ha pasado a la historia en nuestro país y lo que sí queda es la afición y el sueño de ser figura y, si además se gana dinerito, pues mejor. Pero ya no hay que jugársela entrando a hurtadillas en las fincas, escapando de la Guardia Civil o exponiéndose a un mal golpe…ahora las cosas han cambiado y las escuelas taurinas han acabado con esta figura inolvidable de la tauromaquia española que dio figuras como el gran Juan Belmonte, insigne maletilla en las noches de su tierra.

Para hablarnos de ese “hacer tapia”, de esas noches al raso…, tenemos con nosotros a un torero que paso muchas penurias como maletilla antes de hacerse matador de toros, Jose Miguel Berbetoros “El Vitoriano”, un gitano de Vitoria nacido en 1980 que tomó la alternativa el 9 de agosto de 2008 nada menos que de manos de Enrique Ponce y El Cid.

                                                   Enrique Ponce y "El Vitoriano".

- Maestro, un aspecto muy importante en un torero es buscar el nombre más adecuado. A ti siempre se te conocía como Tatín, pero te cambiaste el nombre por El Vitoriano, ¿Por qué?

- Yo siempre fui Tatín pero me lo cambiaron en San Martín de Valdeigleias porque era poco torero (Ríe).

- Tus comienzos en el mundo del toro fueron lo más parecido a los de una maletilla de los de antes, cuéntanos ¿Cómo fueron?, ¿Cómo era la vida de un maletilla?

- Mis comienzos y aprendizaje fueron buscar tentaderos de Salamanca y las capeas de Ciudad Rodrigo o Guadalajara…. Allí conocí a toreros y ganaderos algunos de los cuales hasta me orientaron. Más tarde, aquí en Vitoria conocí a Santos Santos "El Serranillo" un empresario muy conocido que me fue poniendo de sobresaliente con los matadores en diferentes pueblos. Yo con quien realmente aprendí fue con Mariano Jiménez que fue el que explicó las bases y secretos del toreo, a base de entrenamiento, entrenamiento y entrenamiento.

- ¿Cómo empezaste en esto del toreo?

- Mis abuelos eran muy aficionados y ya con cinco añitos conocí a Carlitos que estaba en la cuadrilla del Bombero Torero y a base de ir a verle me fui aficionando. Luego yo en casa hacía mis pinitos con trapos y toallas y le decía, “abuelo quiero ser torero” (Ríe). Pese a mi juventud, recuerdo los consejos de mi abuelo cuando íbamos a las corridas, como aquel de “fíjate en el descabello que muchos toreros fallan en eso, tiene que hacerse a cuatro dedos detrás de las orejas, fíjate en el remolino del pelo…”.

Con 12 años me enteré que había una escuela taurina en Vitoria y allí empecé en la finca de “El Serranillo”, junto a Chacón, Roberto Ortega, José Ignacio Ramos, Felipe Silva…pero no pienses que era una escuela como la de Madrid, allí entrenábamos entre nosotros, sin maestros. Fui “quinto” de Fandiño.

El Vitoriano matando un toro.

- Me imagino que te hartarías de “hacer la tapia” ¿No?

- Buenooooo, yo me tiraba desde después de Reyes que es cuando empezaba el bolsín taurino de Ciudad Rodrigo hasta mayo fuera de mi casa, durmiendo al raso tapado con la muleta, en estaciones de tren……pero yo era feliz, muy feliz.

- ¿Dejaste todo por esta vida?

- No, yo seguía estudiando, pero los viernes cuando acababa el colegio me iba para Salamanca y me pegaba cuatro horas de tren y luego “a dedo” hasta la Fuente de San Esteban que era el núcleo donde estaban las ganaderías. En la noche del domingo salía para Vitoria y llegaba a las 7 para ducharme e irme al colegio. Me hice mi FP y a los 18 años dejé de estudiar y me pasaba meses en los tentaderos.

- ¿Qué hace lanzarse a ese mundo tan peligroso? ¿Por qué se hace uno maletilla?

- Mira José Ignacio, yo tuve muchas ocasiones de tener un buen trabajo, pero no era feliz porque ponerte delante de una vaquilla o un toro te transporta a otro mundo. No se puede explicar lo que se siente…luchar dos o tres años por ponerte delante de un toro para mí merece la pena.

- La figura de la maletilla siempre contó con el cariño de la gente, sobre todo de los pueblos, ¿no crees?

- Sí, la gente era muy buena con nosotros, nos cogían haciendo dedo y recuerdo una vez que iba a lo de Ignacio Pérez Tabernero andando y paré en una casa a pedir un poco de agua y la señora me dio de “to” y le dije “señora, que no voy a poder ni con el capote” (Ríe).

La experiencia con El Viti

- Tú tuviste una experiencia con el gran maestro El Viti, ¿Qué te comentó?

- Cuando yo llego por primera vez a Salamanca, entramos a tomar un cafetito y allí estaba él... ¡Jo! no sabes lo que fue tenerle delante…. Otro día iba yo haciendo dedo y paró su Mercedes y me preguntó a donde iba y no solo me llevó sino que me bajó con él al burladero y me dió dos consejos, “tú con suavidad y coges el ritmo a la vaca” y desde entonces siempre pasaba dos veces por cada pitón y cambiaba la vaca, te lo aseguro. Luego me dijo “mira chico, aquí lo que importa no es cómo se empieza sino cómo se acaba y cuando se siente algo en el corazón, amando la profesión, sabiendo que te puede dar todo o quitártelo, la gloria o la muerte…..si estás dispuesto a entregarte en cuerpo y alma a la profesión, nunca te arrepentirás”.

Enrique Ponce y El Vitoriano.

- ¿Cuántas veces estuviste a punto de tirar la toalla?

- Muchas veces, muchas desazones…ver cómo te ponen en una corrida y después por lo que sea te quitan como me paso en 2007 cuando iba a tomar la alternativa y cuando estaba en el hotel me dijeron que no toreaba……bufff. Además, eso me supuso perder cinco o seis corridas que ya tenía apalabradas pero que sin alternativa me dejaron en blanco…Tuve que esperar otro año porque quería tomarla en mi tierra y no en otro sitio y ya no fue lo mismo.

- Entonces tenías 27 años ¿Cómo recuerdas ese momento de la alternativa con Enrique Ponce?

- Inolvidable, el maestro Ponce es un gran torero y una gran persona. Recuerdo que me permitió que eligiera el toro de la alternativa y yo se lo agradecí de todo corazón, pero le dije “hacemos el sorteo y que Dios reparta la suerte maestro”. Fíjate el detalle de que le recordé que cuando yo tenía 13 años fui a verle torear y me acerqué a él para pedirle una muleta y él me pregunto “¿y te la di?", yo le conteste que no y me dijo “no te preocupes que ahora sí que te la voy a dar” (Ríe).

- ¿Qué sentiste al ponerte por primera vez un traje de luces?

- Eso es muy difícil de definir, no encuentro las palabras…Ante el traje de luces hay que tener un respeto, no es disfrazarte, es tu “cosa” a la que pocos pueden llegar. Ponérselo es saber lo que significa, que puedes triunfar o morir, pero siempre por un por qué…representas unos valores, una profesión. Aquí no hay interpretación, los maestros te dicen “viendo a un torero se ve como es como persona…cuando ves que un tío va de frente, echa la muleta por delante - los llamado muletazos de oro-, y llevarlos hasta atrás, cuando ves que coge el toro a medio pase ya sabes que éste está a la defensiva a ver por donde va y el que pone la muleta retrasada pues fíjate tú…” Y ¿sabes qué?, cuando se “echan los trastos por delante” se pasa menos miedo que los otros, porque ya sabes por donde tira el toro y solo te queda “componer”.

- ¿El lance a puerta gayola qué significa para ti? ¿Es de alguna manera tu sello que marca esa lucha de frente a la adversidad?

- Mira yo de novillero y tal siempre salía a puerta gayola y en una corrida me cogió un banderillero y me dijo “torero mira, llevo tres tardes contigo y estoy viendo que te estás jugando la vida, has hecho una buena faena y te han dado solo una oreja y ¿sabes qué pasa?, que llega un momento en el que tienes que torear……” Y eso me cambió el “chip” y a la siguiente corrida me preguntó “Bueno y hoy ¿Qué?”, hoy toca torear le contesté (Ríe). Con la puerta gayola pasas un miedo innecesario…y luego ya no se acuerdan de “na” …Decía el maestro Ordóñez que “en la temporada hay que jugarse la vida cuatro tardes, el resto era facturar para comprarse la finca”.

Ser maletilla marca la personalidad

- Ese romanticismo y es marginalidad la maletilla, ¿No crees que crea un estilo propio como torero?

- Sí, te marca todo. Te marca la personalidad y te hace valorar las cosas, que cada tarde es una oportunidad de oro, sea en Madrid o Puertollano… el público es el mismo. El público va a verte y hay que hacerles disfrutar y hay que tenerle un respeto. A lo mejor en un pueblo remoto tienes el mejor toro de tu vida.

El Vitoriano en plena faena.

- ¿No crees que las escuelas están haciendo toreros más “blandos” ? ¿De allí no sale una especie de torero de serie?

- Se les está dando todo hecho, todo masticado. Falta el espíritu de sacrificio, de lucha…mira hoy día le das a un chico un capote roto y no lo quieren, o se quejan si el vestido tiene dos puestas…Yo he llevado vestidos remendados y el primero que me puse que fue en Salas de los Infantes y era el de la alternativa de José Ignacio Ramos -mi maestro-, un vestido gris plomo con los remates en negro. Antes la gente se arrimaba porque si tenías una buena tarde te salían más sino nada…ahora tienen de sobra y si fallan en una tienen siete más.

- Esta pérdida de romanticismo, de lucha, de entrega… ¿De alguna manera está matando el alma el torero?

- Te voy a contar una anécdota: Fue en Ledesma en una corrida que daba El Serranillo, en la que estaban el Juli y Abellán de novilleros, y por la mañana estaban los toros por el campo y se quedó uno parado cerca de los corrales y yo que ya estaba en la tapia pensé “si ya no me atrevo con un toro aquí no lo haré nunca…” y salté con la chaqueta. Mira, me pegó un palizón tremendo, me partió el labio y no me mató de milagro…Tenía 15 años y no solo no me apartó, sino que me animó más... ya te he dicho todo. 

- Después de esta carrera, ¿crees que has conseguido ese sueño que tenías cuando comenzaste de maletilla?

- Mi carrera siempre ha sido de lucha y mi única plaza importante fue Madrid y de novillero en una de Montes de Oca…Este mundo es muy complicado y a mí el parón que se me produjo al retrasar mi alternativa como te conté, me hizo mucho daño. Yo sabía lo que me iba a pasar y qué era volver a empezar, pero aún así lo asumí porque creí que era lo que debía de hacer. Mi sueño habría sido poder ceder una corrida para un fin benéfico pero qué le vamos a hacer…Yo sigo con mi misma ilusión como cuando empecé, ahora ando con los concursos de recortes, con los de Toropasión y me iba a haber ido a Perú a torear, pero esto del COVID lo ha impedido….

- A ver mójate ¿Un novillero que tu veas con futuro en este momento?

- Creo que uno sale también del mundo de las capeas y sabe de qué va esto es Francisco Montero y te digo que si todo va bien… ¡Cuidadito con él!

Amigos, ¡qué placer de entrevista!, lástima que por espacio no pueda transcribir toda nuestra conversación porque para un taurino sería una auténtica delicia. No puedo por menos que agradecer a mi buen amigo Carlos de San Lázaro Campos insigne periodista y aficionado, que como otras tantas veces, su intervención ha servido para que esta entrevista haya podido ser llevada a cabo.

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