20 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Mientras su madre asistió al enlace en 1971, su padre se negó, y la socialité tuvo que dar a luz en Portugal sola para evitar rumores en el franquismo

Beatriz Arrastia fue vital para la boda entre Isabel Preysler y Julio Iglesias tras haber engendrado a Chaveli antes de casarse

Julio Iglesias e Isabel Preysler en 1973.
Julio Iglesias e Isabel Preysler en 1973.
Isabel Preysler dice adiós a uno de los pilares de su vida. Su madre, Beatriz Arrastia, desempeñó un papel muy importante en su vida y fue vital en su boda con Julio Iglesias, tras haberse quedado embarazada de Chábeli antes del matrimonio. A este enlace, que se celebró en Illescas en 1971, el padre de la socialité no asistió. Y es que, de convicciones cristianas, su familia no aceptó en un primer momento la relación con el cantante, aunque años más tarde se opondría al divorcio de la pareja.

Isabel Preysler se despedía este domingo de su madre, Beatriz Arrastia, en su domicilio de la madrileña urbanización de Puerta de Hierro. Un velatorio que se ha llevado a cabo en la más estricta intimidad y en el que la socialité ha estado acompañada por su pareja Mario Vargas Llosa, por dos de sus cinco hijos, Enrique Iglesias y Tamara Falcó, así como por algunos de sus amigos más cercanos.

También varios sacerdotes, entre ellos el Padre Ángel, gran amigo de la familia, se acercaron hasta a la mansión de la 'reina de corazones' para oficiar una ceremonia discreta con la que despedirse de Beatriz, la que fue para Isabel Preysler uno de sus grandes sus apoyos a lo largo de toda su vida. 

El papel de Beatriz Arrastia en los matrimonios de Isabel Preysler

Siempre en un segundo plano, muy discreta a pesar de su mediática familia, Beatriz Arrastia sorprendió a todos cuando apareció en un programa de televisión asegurando que ha tenido mucho cariño a todos los maridos de su hija Isabel. De Julio Iglesias, Carlos Falcó, Miguel Boyer y Mario Vargas Llosa decía que “me han gustado todos mis yernos”.

En este sentido, en su libro 'Isabel y Miguel. 50 años de historia de España', el director de Elcierredigital.comJuan Luis Galiacho, ya recogía el importante papel que la matriarca de esta familia tuvo en la relación entre su hija y el cantante Julio Iglesias, y que detallamos a continuación. 

Una boda rápida y precipitada

El anuncio de la boda entre Isabel Preysler y Julio Iglesias fue todo un bombazo, incluso para las familias de ambos, bastante conservadoras y católicas, que tenían preparados mejores planes para cada uno de ellos por separado. En Filipinas la familia tiene gran influencia en la educación de las hijas, así como en la elección de su matrimonio o en el tipo de trabajo al que tienen que acceder. A los padres de Isabel les pareció una auténtica locura que su hija se uniera a un simple cantante de forma tan precipitada -nadie sospechaba que en su cuerpo pudiera estar gestándose un bebé-. Y a los padres de Julio, aunque tenían la esperanza de que estas nuevas responsabilidades sirvieran de revulsivo a su hijo para renunciar a sus aspiraciones en el mundo de la canción y proseguir su carrera de Derecho, también Isabelita les parecía muy poco. Sobre todo, a la madre de Julio, Charo de la Cueva, una mujer de agrio carácter, que empezó a llamar despectivamente a Isabel la china, ya que anhelaba que su hijo se casara con una chica madrileña de alta alcurnia. “A Charo nunca le gustó Isabel. Mientras duró el matrimonio con su hijo no tuvo mas remedio que aguantarse y poner buena cara, pero nunca fue santo de su devoción”, afirman allegados. El doctor Iglesias, su padre, fue más receptivo, quizá como experto ginecólogo que era: “un día, de golpe y porrazo, por las prisas, nos anunciaron la intención de casarse”.

Julio Iglesias durante su boda con Isabel Preysler en 1971.

El lugar escogido para celebrar la ceremonia fue el pueblo toledano de Illescas, a unos 40 kilómetros de Madrid. La pareja se casó el 20 de enero de 1971 en un día de lluvia torrencial y de ambiente frío en las calles, no así dentro de la iglesia, templada con el calor de los asistentes. Fue el padre José Aguilera, el consiliario de los Jóvenes de Acción Católica de Madrid, quien los unió en matrimonio. Ante la ausencia de Carlos Preysler, que prefirió quedarse en Filipinas, actuó como padrino de Isabelita, su tío José María Preysler, hermano de papá. La boda se convirtió en un acontecimiento social, desbordó todas las previsiones iniciales, con las cámaras del viejo Nodo y una multitud de fotógrafos que quisieron inmortalizar el momento. 

El nacimiento de Chábeli en Cascais, Portugal 

Siete meses después de su boda, el 3 de septiembre de 1971, nació su primera hija, María Isabel, conocida como Chábeli, en el Hospital Nuestra Señora de Cascais, en Portugal. Una niña que con el tiempo se ha convertido en la fotocopia más perfecta de su madre. “Cuando nació Chábeli -cuenta Isabel-, tardé un día en encontrar a Julio para comunicárselo. Tardó otro día en llegar a Estoril, donde nació la niña, y luego sólo pudo estar con nosotras media hora”. Como indica Isabel Preysler, su primera hija nació en un hospital de Cascais, una localidad cercana a Estoril. Había que buscar un lugar seguro fuera de España alejado del mundanal ruido y de los posibles comentarios difamatorios. La coartada debería ser lo más coherente posible. Por entonces, no era fácil viajar de un lugar a otro con rapidez ni siquiera al país vecino. Nadie podía dudar de que la niña era sietemesina y que se había adelantado dos meses a la fecha prevista, aunque había nacido con tres kilos y trescientos gramos de peso. Había que preservar la carrera musical de Julio Iglesias. Máxime siendo un ídolo musical en un régimen franquista conservador y católico al 100%. Todo estaba controlado y con los periodistas amigos más aún.

La nota de prensa estaba ya redactada: “Pese a los pronósticos, Chábeli se adelantó casi dos meses a la fecha prevista debido a una afección nefrítica que sufrió Isabel cuando pasaba unos días en la aristocrática ciudad portuguesa de Estoril mientras Julio estaba cantando en Albacete”. Pero, aunque ésta fue la versión oficial, no faltó quien hizo cálculos y no le cuadró. E hiló este hecho con la precipitación con que se celebró la boda y las sospechas de la propia madre de Julio, Charo de la Cueva. El bautizo sí que se celebró días después en Madrid. 

La separación 

A medida que la popularidad de Julio Iglesias se acrecentaba en todo el globo, Isabel llenaba su soledad a través de su amistad con la nieta de Franco. Las ausencias e infidelidades de Iglesias provocaron el fin del matrimonio. 

Isabel y Julio con sus tres hijos: Chábeli, Julio José y Enrique

Isabel Preysler todavía estaba encorsetada en unos principios católicos tradicionales y no aceptaba en principio una solución de divorcio, una palabra aún maldita en España. Pero sabía que su familia, que le había inculcado una severa educación tradicional no admitiría su drástica solución y sería para ellos una afrenta grave. Sin embargo, Isabel se había vuelto a reencontrar consigo misma, con su espíritu de libertad que desde pequeña le había dominado. Y lo disfrutaba en sus salidas y viajes relámpago con Carmen Martínez-Bordiú a, por ejemplo, Nueva York, donde visitaban tiendas y discotecas sin saberse vigiladas. Citas, encuentros, viajes que eran tema de conversación habitual en todos los cenáculos madrileños.

En este contexto matrimonial, hubo un último intento de reconciliación en el verano de 1977, cuando Julio le propuso a su todavía mujer que ella y los niños se fueran a vivir con él a Estados Unidos: “Isabelita, España queda muy lejos del mundo y yo donde quiero ser importante es en América. Vente a vivir allí conmigo y los niños. Sabes que necesito la fama y el público, pero vosotros sois para mí imprescindibles. Seguro que superaremos este mal momento”, le suplicó. Julio insistió mucho a su suegra, Betty Arrastia, a la que idolatraba y a la que invitó meses después cuando dio un concierto en Manila, para que le ayudara. En Filipinas la influencia de la madre es muy superior a la que ejerce el padre. Isabel meditó la propuesta, pero consideró que el problema no residía en el entorno sino en el mundo que le rodeaba. Se sintió profundamente dolida por la actitud de su marido que no quería prescindir absolutamente de nada y de nadie. Su profesión prevalecía, sintiéndose ella relegada a un modesto segundo puesto. No tenía a su lado a la persona que había elegido para contarle sus preocupaciones cuando llegaba a casa, que no podían celebrar juntos los pequeños acontecimientos cotidianos ni podía ofrecerle su cariño día a día.

Ante este cúmulo de situaciones, el 21 de julio de 1978 se anunciaba finalmente la ruptura del matrimonio a través del diario Arriba, uno de los periódicos propiedad del llamado Movimiento Nacional, y de la revista Hola. El entonces redactor jefe de esta revista, Jaime Peñafiel, relató cómo transcurrieron los momentos más tristes y amargos de la pareja durante la tarde-noche-madrugada de ese día: “Sólo transcurrieron veinte horas entre la visita de Isabel a mi despacho de Hola para quejarse de su marido y la de Julio, acompañado de Alfredo Fraile, con el rostro demacrado, los ojos enrojecidos por falta de sueño o porque había llorado (aquella noche ya no durmió en el hogar familiar), para entregarme un papel, tan vulgar como una cuartilla y firmado por los dos en el que en diez líneas liquidaban siete años de matrimonio. Me entristece recordar ese día en el que Isabel, también descompuesta, con el rostro desencajado y llena de miedo, del propio miedo que sentía y no podía ocultar, intentaba justificarse ante mí, el amigo de su marido, por haber sido cogida en una falta que tenía nombre y título: el marqués de Griñón. Quizá porque pensaba que no hay mejor defensa que un ataque, comenzó a hablarme de sus frustraciones, de las ausencias de Julio, de sus infidelidades, de sus soledades… que eran verdades conocidas por este periodista”. El comunicado final indicaba: “Saliendo al paso de posibles especulaciones o noticias escandalosas que puedan tener origen en la situación personal nuestra, conjuntamente nos consideramos obligados a explicar, de una vez para siempre, la determinación a la que libremente hemos llegado de separarnos legalmente. Ante todo, el supremo interés por nuestros hijos nos obliga a resolver de una forma amistosa y legal nuestra situación personal. Las razones, por ser íntimas, quedan para siempre en nuestras conciencias”.

Beatriz Arrastia. 

Esta desunión familiar provocó un cisma en el clan de los Preysler, que pusieron el grito en el cielo, nunca mejor dicho. Sus padres jamás aceptaron esta separación y dejaron de llamarla. El trato entre ellos desapareció, al menos, durante dos años. Que una mujer decidiera separarse de su marido que era famoso y triunfador sorprendió a muchas mujeres sometidas, en algunos casos, al yugo matrimonial impuesto por la iglesia católica. Pero a ella parecía darle igual. Su primera meta estaba lograda. Y con la popularidad adquirida podía conquistar nuevos objetivos. Isabel Preysler dejó muy claro a todos sus enemigos que continuaría en el punto de mira de los españoles sin la necesidad de ser la mujer del cantante español más internacional. 

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