23 de febrero de 2020
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FIN DE SEMANA

El clérigo Justo Pérez de Urgel y el dictador argentino, junto con Manuel Fraga, provocaron el enfado de la mítica actriz que luego fue sancionada

Treinta años de la muerte de Ava Gardner: El plan del General Perón y del Abad del Valle de los Caídos para expulsarla de Madrid

Ava Gardner.
Ava Gardner.
Hace treinta años fallecía en Londres Ava Gardner, uno de los mayores mitos de al cinematografía mundial. Una actriz cuya personalidad estuvo por encima, en muchas ocasiones, de la calidad de los films que tuvo que interpretar. Ajena al mundo artificial de Hollywwod encontró en Europa un lugar donde ser más libre y hacer una vida bohemia lejos de la convencional América. La España de la dictadura fue durante años su paraíso hasta que fue expulsada por próceres del franquismo.

Ava Lavina Gardner llegó a nuestro país por primera vez en 1950. La España de Franco vivía prácticamente aislada del mundo internacional y la visita de la actriz tuvo visos de fiesta nacional. Era una de las pocas personalidades extranjeras que visitaba el país tras finalizar la Guerra Civil once años antes. La actriz americana llegaba a Tossa de Mar para rodar la película Pandora y el holandés errante. Gardner ya era una estrella mundial y acumulaba sobre sus espaldas tres matrimonios que acabaron en divorcio. Durante su estancia en España, Ava vivió un publicitado romance con el torero metido a actor Mario Cabré. Él explotó como nadie su fugaz relación, hasta tal punto que hoy solo se le recuerda por eso y por establecer una norma no escrita desde entonces: toda estrella extranjera que durante la siguiente década visitaba España acababa pasando por el estoque del torero.

La relación de Ava y España volvió a tener sabor taurino cuando volvió a nuestro país en 1953. Entonces, el diestro elegido fue Luis Miguel Dominguín. Si ha habido un romance que durante años haya dado que hablar ese fue el del matador y la actriz. Una historia de amor fou que tuvo de cabeza a media prensa mundial. Por su culpa la entonces novia del torero, una peruana a la que apodaban La China intentó quitarse la vida. Además, Ava estaba en lo más alto, o lo más bajo, según se mire, de su tormentoso matrimonio con Frank Sinatra. La relación con el torero, como era de esperar, fue un romance tan volcánico como pasajero. Dominguín conoció enseguida a la actriz italiana Lucía Bosé con la que se casaría. Ava por su parte, decidió darle una nueva oportunidad a su matrimonio con Sinatra.

Ava con Luis Miguel Dominguín 

Cuando la unión entre “la voz” y “la octava maravilla del mundo” terminó con cajas destempladas, Ava recordó la libertad con la que vivió en Madrid y decidió mandar a Hollywood a paseo e instalarse en nuestro país en 1956. Viviría en la capital española 13 años. Primero en el Ritz y luego en un chalet en la lujosa colonia de El Viso. Vivió un Madrid que ahora reproduce la serie de Paco León. Frente a las estrecheces económicas y la represión sexual de la España franquista, el círculo que rodeaba a la actriz vivía la vida con el ansia del que sabe que le queda poco tiempo. Un Madrid de fiestas clandestinas, de las primeras reuniones criptogays y de las juergas flamencas hasta el amanecer. Orson Welles se codeaba con los Ordóñez, mientras Tenneesse Williams jaleaba a Lola Flores. Hollywood tenía una delegación en la Gran Vía. Pero un día la juerga terminó para Ava. ¿Qué pasó?

Del Ritz a El Viso

Los escándalos de Ava Gardner no gustaban a la España oficial, pero a Franco no le convenía dar publicidad al asunto. De lo que no se habla no existe. Si uno se asoma a las revistas de la época lo que nos cuentan de Ava es casi angelical. Las anécdotas más jugosas se han transmitido por vía oral. No hubo banderillero o taxista que no presumiera de haber tenido una noche loca con la americana. Algunas de sus historias ya son leyenda por derecho propio. El Ritz la expulsó después de que ella respondiera con una portentosa meada en la alfombra a le negativa del recepcionista a dejarla entrar borracha. El lujoso hotel prohibió durante años la entrada a los actores tras esa anécdota. Cuando Victor Mature se enteró de la peculiar normal del hotel dijo al director del mismo: “Lea a los críticos. Según ellos no soy para nada un actor”. El que rompió el estigma fue Antonio Banderas que celebró en 1987 su primera boda, con Ana Leza, en el histórico edificio.

El dictador argentino Juan Domingo Perón con Francisco Franco 

Ava puso rumbo a El Viso, pero allí se encontraría con un vecino que no toleraba sus excesos y sus juergas hasta el amanecer: el ex dictador argentino Juan Domingo Perón. El militar vivía su exilio gracias a la hospitalidad de Franco. Entre dictadores era costumbre. Perón no soportaba las fiestas y las compañías de la actriz y emitió quejas formales a El Pardo y distintos ministros. Sin embargo, aunque su colaboración fue necesaria para la marcha de Ava del suelo español hubo otro personaje que colaboraría aún más a su marcha: Justo Pérez de Urbel.

Perón, Fraga y el abad del Valle de los Caídos

Este siniestro sacerdote fue uno de los nombres que dio peso ideológico a la dictadura. Sobre parte de sus textos se basó la Sección Femenina de la Falange para escribir el Manual de la buena esposa. Un libro que pone los pelos de punta visto con la óptica de hoy. Pérez de Urbel, además, se decía medievalista. Uno de sus textos claves (es un decir) es Historia del condado de Castilla (1945), un libro lleno de errores y de interpretaciones torticeras de la Historia. Sin embargo, su obra más popular fue Los mártires de la Iglesia, donde repasaba de modo laudatorio el papel de la Iglesia en la Guerra Civil. Años después se supo que para este libro utilizo como negro al periodista Carlos Luis Álvarez “Candido”. El clérigo alcanzó su mayor gloria dentro del franquismo cuando el propio Francisco Franco lo eligió para ser el abad del Valle de los Caídos en 1958, puesto que mantuvo hasta 1966 cuando dimitió por problemas de salud, aunque la realidad es que no se llevaba nada bien con el nuevo líder de la Conferencia Espiscopal española, Enrique Tarancón.

El abad Justo Pérez de Urgel

El abad Justo Pérez de Urgel

Por esas fechas Pérez de Urbel realizó una visita a Ava en su casa de El Viso. La versión oficial dice que el clérigo acudió llamado por Perón para intentar reconducir la vida de la “pecadora”. La actriz en sus memorias no cita a Pérez de Urbel pero si habla de un encuentro con un cura cuya descripción física podría encajar con el abad. Según la Gardner ese cura sin determinar se insinuó de forma más o menos sibilina a cambio de aplacar las iras de Perón que tanto se quejaba a Franco de la conducta de su vecina.

Tras esta escena, casualmente, Hacienda reclamó a la actriz un millón de dólares. Una cantidad importante para la época. Manuel Fraga Iribarne, entonces ministro de Información y Turismo, mandó llamar a la estrella. Según la propia Ava le ofreció una rebaja en la multa y ella le mandó a paseo y decidió hacer las maletas. “Mi tiempo aquí ha terminado”, dijo. Fraga nunca hablaría claro de esa reunión con la actriz, pero siempre dejó caer ambigüedades con tufillo machista sobre lo ocurrido. Pilar Cernuda en el libro hagiográfico que publicó sobre el político gallego, Ciclón Fraga, llega a insinuar que la actriz poco más o menos que se insinuó al ministro para librarse de la multa.

Ava en sus últimos años

El caso es que Ava Gardner se fue de España y nunca más quiso volver. En sus memorias hablaba de un país en el que, a pesar de la dictadura, ella vivió su libertad hasta el paroxismo. La Ava post-Madrid parecía más aburrida. Se instaló en Londres y solo aceptaba algunos trabajos en cine puramente alimenticios para poder seguir viviendo bien. En la capital británica hizo una vida opuesta. Apenas salía. Solo de vez en cuando las revistas del corazón la retrataban haciendo la compra o paseando en chándal por Hyde Park. Era una Ava prematuramente envejecida, lejana de aquella que quemó Madrid mientras se apuraba a sí misma. Nunca volvió a poner un pie en la ciudad que le dio todo, pero de la que tuvo que huir cuando el deseo frustrado de un abad se unió con el odio de un dictador exiliado para presionar al Gobierno franquista para dar a la actriz donde más dolía: el bolsillo y el orgullo. Huyó antes de quemarse la que tantos fuegos encendió.

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