18 de octubre de 2019
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FIN DE SEMANA

Conocida en los años ochenta, compartió cartel con Rafael de Paula, Dámaso González, Ortega Cano, Luis Francisco Espla, Víctor Mendes y Richard Milian

El difícil paseíllo profesional de la torera francesa Mireille Ayma, con quien se negó a torear el matador Ruiz Miguel

Mireille Ayma lo tuvo difícil en sus inicios y durante toda su carrera ante los toros.
Mireille Ayma lo tuvo difícil en sus inicios y durante toda su carrera ante los toros.
Si las mujeres lo han tenido, y siguen teniendo, difícil hacer carrera en muchos sectores profesionales, imaginemos en el mundo del toro... Hace años que no vemos ya una mujer vestida de luces, y las que se han atrevido a ejercer su pasión y profesión en los ruedos han tenido que salvar infinidad de duros obstáculos.

Para ilustrarnos en primera persona sobre la experiencia de ser torera en los años difíciles, hemos hablado con Mireille Aym, uno de los referentes del toreo femenino de los años ochenta. Lla gran dama del toreo femenino, Mireille Ayma. Torera de origen francés que vivió en Arles, una población muy taurina del sureste de Francia,  y que debutó como novillera sin picadores en una escuela taurina francesa el 4 de julio de 1985, con 17 años, y con picadores el 8 de agosto de 1989 en Tarascón (Francia).

La joven MIreille toreó en grandes plazas de toros del mundo. 

La carrera de Mireille se desarrolló entre Francia, España, Ecuador y México, hasta que actuó por útima vez en San Vicente de Tyrosse el 8 de mayo del año 2000. Torera, empresaria y también escritora, ya que es autora del libro “La tauromachie: la fête, l’art et le rite” ( Ed. Arenal, Arles, 1991).

 

Mireille, ¿Cómo comienza una mujer a ser torera en los difíciles años ochenta?

Yo ni me lo explico, debió de ser por vocación o por alguna revelación (ríe), porque en mi familia no había tradición torera ni vivía en una ciudad taurina, tan solo acudía a las corridas con mis padres que, sí eran aficionados, aunque ocasionales. Principalmente, íbamos a la feria de Arles donde vi mi primera corrida a los 8 años, pero lo que si tuve claro con 10 u 11 años es que quería ser torero y digo torero porque entonces yo no conocía que hubiera toreras (Ríe).

 ¿Cuándo tomas contacto con el toreo femenino?

Como dije, mi afición se me despierta en 1976, dos después del levantamiento de la prohibición en España a las mujeres de torear a pie y entonces empecé a tener noticias y a ver a las toreras que vinieron a Francia como Maribel Atienza o Mari Fortes.

También te digo que a mí no me hacía falta ver torear a una mujer para tener afición, ni pensé en el toreo como una profesión de hombres, mi vocación fue independiente de todo eso.

 ¿Cómo y cuándo arranca tu carrera como torera?

Cuando nace mi afición comienzo a leer revistas y a acudir a corridas y en 1979. Con trece años,  mis padres me apuntaron a una especie de campamento de verano taurino en Nimes organizado por un matador francés que se llamaba Frederic Pascal, donde se daban cursos y clases de tauromaquia para toreros y aficionados. Allí, aunque no tuvo mucho éxito porque éramos solo tres o cuatro (uno de ellos el actual director de la plaza de Bayona), me pasé el verano entrenando y tuve la oportunidad de torear en lo que llamábamos las capeas en la camarga que consistía en la suelta de reses de la raza camarguesa. Ahí tuve la oportunidad de poder torear y de conectar con el mundo del toro en la zona del sureste de Nimes, aunque mi primera experiencia fue antes como espontanea en una suelta de reses para aficionados con una muleta de fabricación casera y sin haber conocido a ningún torero antes.

El machismo en el mundo de los toros impidió en gran parte su carrera. y su pasión.

¿Te costó mucho empezar a torear?

La verdad es que no, en ese mismo año con 13 años ya toreé dos becerradas oficiales en dos plazas importantes, en Cerét y en Arles, sin matar, por supuesto.

Nunca tuve ningún apoderado, ni nadie que me financiara, en Francia tuve que trabajar y  estudiar a la vez.

 ¿Y tú etapa de empresaria?

En un momento dado, al mismo tiempo que toreaba me dedique a ser empresaria y llevé varias plazas, entre ellas la de Collioure durante ocho años, que, por cierto, desde que me fui de allí ya no existe. De hecho, mi debut con caballos en Tarascón, aunque no figure en ningún sitio como empresaria, lo organicé yo con Fernández Meca, que se despedía como novillero. Como curiosidad te digo que en dos de estas plazas (Tarascon y Saint Martin de Crau) fui la que hizo reanudar la tradición taurina en ellas.

En su familia no había una gran pasión torera, pero ella sí la desarrolló. 

¿En algún momento te viste discriminada por el hecho de ser mujer?

En mis comienzos sí, nadie creía que el toreo femenino fuera para adelante, pero fíjate, incluso era más difícil en Francia que en España, pese a lo que pueda parecer. Por ejemplo, sin caballos toreé más en España que aquí, en Francia. Había quejas de peñas e incluso asociaciones que se quejaban de que ponían en peligro a una chica.

 ¿Llegaste a sentir rechazo por parte de tus compañeros toreros?

Rechazo, rechazo…no. Yo entrenaba con ellos y estábamos todos en el mismo barco y siempre tuve su respeto. Ciertamente sí tuve una mala experiencia con una  figura del toreo que se negó a torear conmigo en un pueblo de Madrid, concretamente con Ruiz Miguel y digo su nombre porque salió en un reportaje de la televisión francesa, si no, no lo diría. Lo cierto es que al final se arregló y me obligó a actuar por delante de él en el festival.

¿Pese a todo, llegaste a torear con grandes figuras, cierto?

Cierto, por ejemplo, el 8 de mayo del 2000 tuve un cartel junto a Rafael de Paula, Dámaso González, Ortega Cano, Luis Francisco Espla, Víctor Mendes y Richard Milian. Y ese día, además, indulté un novillo de Ortega Cano, un novillo muy bravo…. Creo que estuve muy bien, la verdad (ríe), y el novillo de Guardiola, que salió muy bravo también.

¿Alguna experiencia destacada en España?

En 1985 llegue a torear en la parte seria de la Banda del Empastre, muy conocida en la época, que, aunque estaba dentro de un espectáculo cómico me dejo buenos recuerdos y experiencias.

El torero Ruiz Miguel se negó a torear con Mireille Ayma.

¿Llegaste a tomar la alternativa?

No, y es una de las cosas que más siento no haber hecho durante mi carrera, aunque no descarto hacerlo todavía (Ríe). Lo cierto es que llegue a ser la torera que más novilladas picadas toreó de Francia con más de 40, superando las 27 en España, además de las de América, lo que me permitía haberla tomado. Pero lo cierto es que después del festival del 8 de mayo que ya te he contado, debí  haberla tomado, pero el teléfono con la llamada esperada no sonó… Luego vinieron temas personales y me dediqué a otras cosas, entre ellas a tener a mi hijo y trabajar de profesora (ríe).

¿Cómo te has sentido dentro de este mundo del toreo?

No estoy satisfecha pero tampoco amargada. Yo me alejé durante muchos años del mundo del toro por diferentes circunstancias, como te he dicho, y quizá me hubiese gustado hacer más en el mundo del toro que es lo más quiero. Pero bueno, fui muy polifacética y quizá me faltó creer más en mi misma y dedicarme más de lleno y buscar un entorno más adecuado. Piensa que yo toree con caballos antes incluso de que debutara Cristina en España. Pero yo he vivido muy feliz en el mundo del toro y si hubo errores fueron míos.

Es un placer charlar con Mireille, una mujer llena de experiencias, polifacética como  ella misma se define, pero, sobre todo, amante del toreo. En este mundo hizo casi de todo, desde torear hasta convertirse en una prestigiosa empresaria e incluso unirse sentimentalmente a un conocido torero español.  La lástima fue esa alternativa para la que, a pesar de no haber llegado a tomar, reunía las condiciones para hacerlo. Luego la vida le llevó por otros derroteros, ejerciendo su profesión como  licenciada universitaria y siendo  madre de familia, pero siempre con el toro en el corazón.

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