28 de enero de 2022
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FIN DE SEMANA

Con motivo de su debut hace noventa años en la gran pantalla, Notorious ha editado 'El universo de Bette Davis', donde se analizan todos sus filmes

Bette Davis, de actriz mejor pagada a recurrir a los anuncios por palabras tras el ocaso

Bette Davis.
Bette Davis.
Se cumplen 90 años del debut en la pantalla de Bette Davis, icono inmortal del cine con más de cien películas, dos Óscar y diez nominaciones a la estatuilla dorada. Davis, que había sido prima donna de la Warner y la mujer mejor pagada de Estados Unidos en 1942, pasó a la historia tras el ocaso de Hollywood con el anuncio publicado en un diario pidiendo trabajo.

En sus últimos meses de vida, el mito de Bette Davis iba engulléndose poco a poco a la persona. Nolan Miller tenía que arreglarle los vestidos cada cierto tiempo. La otrora loba del cine se había convertido en una escuálida gatita que aún tenía fuerza para sacar las garras en la que fue su última aparición pública en el Festival de Cine de San Sebastián en 1989. Sería la primera estrella femenina en recoger el Premio Donostia. Tenía 81 años.

Había recorrido un largo camino desde que en 1931 apareciera en la gran pantalla. Más de cien películas, dos Óscar y diez nominaciones a la estatuilla dorada la habían convertido en un icono inmortal a la altura de sus archienemigas Marlene Dietrich y Joan Crawford, con quien protagonizaría la legendaria ¿Qué fue de Baby Jane? (1962). Sobre esta última, confesó: “Ha dormido con cada una de las estrellas masculinas de la MGM, excepto con Lassie”. La Davis fue la prima donna de la Warner y la mujer mejor pagada de Estados Unidos en 1942, una época en la que Katharine Hepburn y Greta Garbo fueron etiquetadas como veneno para la taquilla, circunstancia que Bette aprovechó en su beneficio.

El período cumbre de su carrera empezaría con Cautivo del deseo (1934) y terminaría con Eva al desnudo (1950), en cuyo rodaje se llevó fatal con Celeste Holm. “Era muy maleducada”, me confesaría la intérprete en su dúplex de Central Park West de Nueva York. Durante el rodaje conoció a su cuarto marido, Gary Merrill, que adoptaría a la hija biológica de la actriz, B.D. y posteriormente adoptarían a otra niña, Margot (internada de por vida en una institución por sus problemas cerebrales) y Michael. Luego vendrían piezas que fueron auténticas joyas, como Un gánster para un milagro (1961) o ¿Qué fue de Baby Jane? (1962). En su penúltima película trabajó con la leyenda del cine mudo Lillian Gish en Las ballenas de agosto (1987). La entonces llamada ‘novia de América’ no se enteraba mucho de los planos: “¡Debería conocerlos! ¡Jesús, ella estaba allí cuando los inventaron!", replicó en un momento Davis.

Bette Davis. 

Abortó un hijo de su amante, el director William Wyler, con quien rodó Jezabel (1939), La carta (1941) y La Loba (1942), que le supusieron un segundo Óscar y otras dos nominaciones. Su carácter despótico y maleducado fue la comidilla en una industria en la que hizo grandes enemigos (Miriam Hopkins, Susan Hayward, Ceeleste Holm, Joan Crawford y Faye Dunaway) y buenas migas (Ginger Rogers, Greer Garson, Henry Fonda, Olivia de Havilland).

De repente, el ocaso del sistema de estudios y el auge de la televisión la relegaron a tal olvido que Bette Davis pasó a la historia con el anuncio publicado en un diario: “Madre de tres hijos de 10, 11 y 15 años, divorciada. Estadounidense. Treinta años de experiencia como actriz de cine. Conservo movilidad; más amable de lo que dicen. Se ofrece para trabajo estable en Hollywood (experiencia en Broadway). Bette Davis, att. Martin Baum, G.A.C. Referencias”. Ya no volvió a ser la de antes, y mucho menos tras sufrir varios infartos cerebrales que le produjeron dificultades en el habla y la movilidad. Y para colmo de disgustos, su única hija biológica la destripó con sus memorias ‘El guardián de mi madre’ porque pretendía ganar tantos millones como lo hizo Christina con su madre Joan Crawford en ‘Queridísima mamá’.

Bette Davis.

Antes llegar a San Sebastián, Bette Davis y su mano derecha, Kathryn Sermak, se alojaron en el Hotel du Palais de Biarritz, que previamente había sido el regalo de amor de Napoleón III a Eugenia de Montijo. Allí escribieron la última gran parte de la autobiografía de la estrella (The Lonely Life) que consiguieron terminar en la habitación 415 del hotel María Cristina con estas palabras "Seguiré mi viaje. Teniendo las estrellas, quién necesita pedir la Luna". Con motivo del debut hace noventa años en la gran pantalla se ha editado El universo de Bette Davis (Ed. Notorious).

La Davis se despidió en loor de multitudes. Posó magnéticamente para los fotógrafos, en cada aparición pública eligió un atuendo diferente y bajo ningún concepto nadie podía verla usar la silla de ruedas. En sus desplazamientos internos por el hotel o el teatro Victoria Eugenia pusieron estratégicamente muebles para que se apoyara y camuflaron barandillas de quita y pon. Tenía que dar lo mejor de sí hasta el último momento. Y así lo hizo. Falleció en el Hospital Americano de París el 6 de octubre de 1989. Su hijo Michael y Kathryn heredaron cada uno la mitad de sus pertenencias. El documental ‘El último adiós de Bette Davis’ relata con lujo de detalles la última gran aparición la diva. Durante los seis días que permaneció encerrada en la suite con vistas a la Bahía de Vizcaya planificó cada una de sus apariciones.

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