25 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA

El madrileño Carlos Escolar es uno de los más veteranos matadores españoles en activo y un personaje muy querido entre la afición de Las Ventas

'Frascuelo', torero de culto: "El toro ha sido siempre mi amigo, nunca he tenido miedo a ser cogido por él"

'Frascuelo', el torero Carlos Escolar.
'Frascuelo', el torero Carlos Escolar.
Carlos Escolar, más conocido como 'Frascuelo', es una de las grandes figuras del toreo español. Aclamado como gran matador, el madrileño hizo su primer paseillo en la plaza de toros de Las Ventas, donde siempre ha sido muy querido. Después de más de 56 paseíllos a sus espaldas, el artista conversa con nuestro crítico taurino José Ignacio Herce Álvarez sobre las fortalezas y miedos en el mundo del toreo.

Nacido en Madrid, 'Frascuelo' es un torero muy querido y respetado por Las Ventas, donde se presentó un 17 de junio de 1973 junto a Luis Algara “el Estudiante” y Curro Vega. Ese afecto lo demuestran sus 56 paseíllos, que le avalan como uno de sus más preciados matadores.

Hombre sencillo, afable, luchador del que, si tuviésemos que definir su arte, nada mejor que recurrir a un buen amigo suyo y matador de reconocido prestigio, Said Kazak, "el palestino": “Cuando está cómodo su toreo es clásico, con mucho arte. Torea muy derecho, maneja bien las muñecas y torea sobre la cintura…”

- Maestro, ¿qué le parece la definición que hace este buen amigo suyo?

Estoy totalmente de acuerdo. En el toreo día a día vas asimilándote, comprendiéndote, aprendiendo que siempre se puede mejorar, aunque siempre se torea como tú eres. A veces se consigue y otras veces no. Aunque, curiosamente, se puede dar el caso de que no estando tú conforme, el público sí lo este y viceversa…. (Ríe)

José Ignacio Herce y 'Frascuelo'.

- Para quien no le conozca, ¿quién es 'Frascuelo'?

Es muy difícil definirse a uno mismo. En este mundillo todo es un misterio, se conoce más al torero que a la persona y eso es parte de misticismo del toreo.

- ¿Cómo llega al mundo del toro?  

Mi padre era un grandísimo aficionado a los toros, toreaba en los pueblos pequeños, en capeas, y a mí me apasionaba verle. Desde niño sentí su grandísimo amor por el toro, algo que me infundió y me hizo sentir una gran admiración por él. Recuerdo que llevaba una manta y, antes de iniciar su trabajo en el campo, le veía dar lances al aire y yo me preguntaba con tres o cuatro añitos, ¿qué hará mi padre?... hasta que lo comprendí. Desde muy pequeño, teníamos muchas conversaciones y él me iba diciendo que el toreo era algo que te apasiona, que te envuelve y que te puede llevar a ganar dinero. Y el dinero era necesario en mi casa. De esas conversaciones, nació mi romanticismo y mi forma de ser ante el toreo.

Tendría yo unos ocho años cuando un matador, buen amigo de mi padre, que se llamaba Félix Colomo le dijo, vamos a echar unas becerras en Las Ventas, ¿por qué no le compras un trajecillo al chico y que haga un paseíllo con nosotros? Y vestido con restos de mi primera comunión me llevaron para allá a hacer mi “primer paseíllo” en Las Ventas. Y me causó tanta sensación que pensé “Tengo que ser torero”. Y yo le dije a mi padre, ¡Pues si voy a ser torero tengo que ser mejor que tú! y él me contestó, “Si eres como yo, ya es bastante” (Ríe).

El matador 'Frascuelo'.

- Muchas anécdotas podría contar habiendo comenzado tan pequeño a vivir el toreo, ¿dónde arranca su actividad como torero?

Pues verás, tendría yo unos doce años cuando vi pasar por la calle a una persona que me causó sensación, con su porte torero, con el “lío” al hombro, sombrero cordobés, con su calzona… era el “Faraón Gitano” (primo de la Pantoja y de Chiqutete). Yo me puse a su paso y él me preguntó si quería irme con él a Vaciamadrid, el pueblo de Marcial Lalanda. No lo dudé y me escape con él. Cuando llegamos, nos encontramos una plaza llena de maletillas, el Faraón me montó la muleta -yo apenas había dado dos pases con mi padre- y cuando salió la vaca todo el mundo se echó al ruedo y yo no fui menos, me quedé quieto y pasó por allí un “tren” al que le di un muletazo y luego otro… En esto soltaron otra vaca que yo no había visto y me pegó una … que todavía la recuerdo. Cuando recobré el sentido echamos el guante y la gente no paraba de echar dinero y esa fue mi primera experiencia (Ríe).

-¿Porqué ese nombre que recuerda a uno de los grandes de nuestra tauromaquia?

'Frascuelo' fue un personaje parecido en muchas cosas a mi padre. Yo no sabía nada de él y tendría yo unos dieciséis años, cuando con un amigo le cogí la moto a mi padre para ir a Esquivias, donde echaban un toro de capea de Las Infantas. Con tan mala suerte que nos pilló la Guardia Civil y me llevaron al cuartelillo por no tener carnet, y me requisaron la moto. Así que nos echamos a la carretera con el lío al hombro y conseguimos llegar, me eché a por el toro y me dijo un paisano, ¡A dónde vas chaval, a ver si te crees que eres 'Frascuelo'…! Y yo le dije, ¡Pues voy a ser 'Frascuelo'! Y le pegué dos o tres muletazos con la gente entusiasmada, después pillé unas banderillas y me dije, ¡O llego a casa torero o se me cae el mundo encima! Prefería ir a enfermería antes que a mi casa (ríe). Y le puse un par de banderillas y maté el toro, aún no se ni como lo hice…(ríe) y ese fue el principio de 'Frascuelo'. ¡El alcalde me dio 1.500 pesetas! Y aquello me hizo fuerte y me dio mucha ilusión, a la vez que me llevó a mi primera corrida de la mano del hermano de Domingo Ortega al año siguiente. Además, con ese dinerillo pude ir a casa sin la moto…(Ríe)

- Nuestro 'Frascuelo' toma la alternativa en Barcelona el 14 de marzo de 1974, nada menos que de la mano de Curro Romero, con toros de Juan María Pérez Tabernero. Pedazo de alternativa, ¿qué se siente al ser apadrinado por alguien como Curro Romero?

Muy emotivo y muy ganado. Aquí hay un antes y un después, el antes fueron unas exitosas novilladas en Maracay y otros pueblos de Venezuela donde llegué a tener 70 novilladas que tuve que abandonar porque me llamaron desde España a indicación de don Pedro Balaña -que fue apoderado de Manolete-, que quería que debutase en Barcelona……y allí fui y corté cuatro orejas y un rabo. De ahí salieron novilladas hasta la muerte de mi apoderado Luis Álvarez, el sastre de toreros conocido como el Marques del Bocadillo, y después la de mi padre, y estuve a punto de abandonar… me faltaban mis grandes apoyos, ya no me importaba nada. De superar este bache salió el apoderamiento de don Pedro Balaña y mi alternativa a los 20 años.

En la comida antes de la corrida, el Maestro nos dijo: “Esto está hecho porque tiene que ser, lo que sea va a ser, sin preocupación, porque yo voy a estar a vuestra vera”. Y en el abrazo me dijo: “Todo lo que te deseo para ti hoy es lo mismo que deseé yo el mismo día que me dieron la mía”.

- Usted sabe lo que es salir por la Puerta Grande de Las Ventas, cosa que consiguió el 22 de agosto de 1999 tras cortar dos orejas, ¿qué se siente al cruzar esa puerta?

Muchas cosas…Es el premio a mucho esfuerzo, a mucho trabajo, no siempre recompensado. Yo, de las 56 veces que he toreado en Las Ventas, he podido salir muchas veces por esa puerta, pero unas veces no se han rematado bien, otras no se ha podido cuajar esa faena que esperas… Pero, por encima de todo, mi interés siempre ha sido no defraudar a mi público de Madrid.

El torero 'Frascuelo'.

- Hablando de puertas, usted se quedó a las puertas de rematar el éxito como matador, ¿por qué?

Bueno, creo que sí se produjo, y fue cuando la casa Balaña me prestó su ayuda sin yo pedirla, lo que ya te he contado. Mi carrera ha tenido muchos altibajos. Muy pocas vidas creo que hayan podido ser tan sacrificadas y, quizá, con tan poco reconocimiento como la mía. Lo que más me ha importado siempre ha sido que dijeran de mí que podía ser torero, poder crecer como torero, más que el ganar dinero. Si eso te dice algo de mi calidad humana… Quizá haya sido más tonto que otra cosa, pero esa es mi calidad humana como te digo.

- Ha tenido cogidas fuertes, Bilbao agosto de 1977, Madrid en 2008… ¿cómo se puede volver a poner delante de un animal que te ha llevado a las puertas de la muerte?

Pues sí, por ejemplo Bilbao me apartó de la arena durante un año, cuando tenía hechas 90 corridas y corté mi carrera con Chopera, pero en mí siempre ha funcionado más el corazón que la cabeza y por eso, cuando me pasaba algo, solo pensaba en ponerme bueno y volver a torear, y cuando me volvía a coger, pues lo mismo, a recuperarme y volver a torear (Sonríe). Decían que 'Frascuelo' tenía más vidas que un gato (ríe) pero lo que tenía de verdad era la afición que mi padre me trasladó.

- ¿Cuál ha sido su relación con el miedo?

Yo he tenido más miedo a no llegar a ser torero que al toro, porque el toro era mi amigo, y te lo digo de verdad, nunca he tenido miedo a ser cogido. El miedo lo supe valorar y comprender en las capeas, mi escuela de toreo. Aunque te digo una cosa, el miedo era ver en mi casa cómo mis padres sacaban adelante a seis hijos, el miedo era a salir adelante cada día… por eso, cuando uno habla de miedos es porque ha tenido algo que perder.

- En alguna ocasión habrá sentido: "de ésta no salgo".

No, nunca. Quizá sea un insensato, pero nunca lo he pensado.

- ¿Cuál es su idea del toreo de verdad?

Yo solo quería ser torero de toreros. Por eso, cuando vi por primera vez a Antoñete, a Luis Segura y luego a mi padrino Curro Romero, intenté variar la forma de concebir mi toreo. D. Carlos Cuadrado, apoderado de Morenito de Talavera, me dijo, cuando era yo un chaval, que el toreo había que concebirlo como una expresión del alma, de lo que tú sientes, para bien o para mal. El toreo hay que hacerlo con pureza, según tu sientes. Por eso, para mí lo primero siempre fue tener un concepto del toreo mágico, como algo que tú sientas, que desaparezca y lo encuentres… el toreo de mi padrino Curro Romero.

Mi concepto del toreo me cambió cuando comencé a aprender el toreo de salón con Juan Antonio Alcoba Macareno, un torero exquisito, que me enseñó que más no es mejor -jugarte la vida, banderillas cortas, largas, faroles de rodillas-, y que lo importante es buscar la pureza en el toreo.

- ¿Cuáles son a su juicio los valores del toreo?

El concepto de persona, de honradez y ser sincero con uno mismo.

- Me han dicho que usted es un torero pulcro, que no es torero de cien pases sino más de calidad que de cantidad, ¿qué opina de esas faenas largas, cansinas, aburridas, cuando antes eran quince o veinte muletazos y a matar?

El toreo es romanticismo, misticismo…mi mente fue evolucionando de las capeas hasta tener capacidad de torero, conseguir que salga la creatividad, el sentir una faena sin estar premeditada sino lo que vaya dictando tu corazón y tu sentir.

He evolucionado de un concepto de toreo de cantidad a calidad, ahora sé cortar la faena y no ser pesado, he pasado de un toreo de todo corazón y todo fuerza, poniendo todo patas arriba, a un toreo mucho más tranquilo, siguiendo la estela de Juan Belmonte del que se decía que “con ocho muletazos ponía a todo el mundo de acuerdo”, he asimilado el concepto de brevedad (Ríe)

- ¿Qué me dice del público?

A mí siempre me ha gustado estudiar la sensibilidad de los públicos de cada plaza en la que he toreado. Ya desde las capeas vi como los públicos te “decían y te marcaban”, a veces incluso me hicieron retrasar mi debut en algunas plazas, aunque me sintiera preparado. En Madrid había que torear lo que el público te pedía y a veces lo que yo quería…

- Usted no para, entrena constantemente ¿quizá esperando que las puertas de Las Ventas vuelvan a abrirse para usted?

Mi vida ahora mismo no tiene otro sentido. Mi vida solo es torear.

- Para algunos usted ya es viejo, ¿ha pensado alguna vez en la retirada?

Me lo han dicho muchas veces, pero me miro en el espejo y no me veo mayor como para irme de la cara de un toro. Yo siempre he estado y estoy preparado para el momento… Mi idea es estar hasta que vea que puedo hacer el ridículo.

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