28 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

La presión internacional y los disturbios internos obligaron a Franco a conmutar seis penas de muerte a miembros de ETA acusados de asesinato

Se cumple medio siglo del proceso de Burgos: El principio del fin de la dictadura franquista

Las protestas contra el Proceso de Burgos fueron numerosas.
Las protestas contra el Proceso de Burgos fueron numerosas.
Hoy se cumplen 50 años del célebre proceso de Burgos, en el que seis miembros de ETA fueron condenados a una pena de muerte que sería conmutada posteriormente, marcando uno de los puntos de inflexión claves en la decadencia de la dictadura franquista. En este sentido, hablamos con el prestigioso letrado Jordi Claret, que viajó a la ciudad burgalesa aquellos días, siendo testigo de excepción de todo lo acontecido.

Tal día como hoy hace ya medio siglo, se iniciaba en Burgos el archiconocido proceso judicial contra 16 miembros de la organización terrorista del País Vasco Euskadi Ta Askatasuna (ETA) por varios asesinatos cometidos durante la dictadura franquista. Entre ellos, el del comisario Melitón Manzanas, el agente de la Guardia Civil, José Antonio Pardines y el taxista Fermín Monasterio.

El juicio sumarísimo alcanzó una fama hasta entonces sin precedentes, pues el régimen, que pretendía dar un castigo ejemplarizante a los acusados, apremiado por la presión internacional, de la iglesia y de las masivas concentraciones populares que tuvieron lugar, se vio obligado a dar marcha atrás en su empresa.

En este sentido, las seis penas de muerte que se decretaron en un primer momento fueron conmutadas por penas de reclusión, un hecho que muchos expertos han identificado como un signo de debilidad que empezaba a evidenciar las grietas de una dictadura franquista  en caída libre pese a que Francisco Franco hubiera nombrado en julio del año anterior a Juan Carlos de Borbón como su sucesor en la Jefatura del Estado y que el almirante Luis Carrero Blanco, desde la vicepresidencia del Gobierno, impulsara políticas contrarias a los sectores más aperturistas del régimen, liderados por Manuel Fraga.

Francisco Franco nombró sucesor a Juan Carlos de Borbón en 1969.

Para recordar este episodio, elcierredigital.com se ha puesto en contacto con el reputado abogado Jordi Claret, con más de 50 años de experiencia en Derecho Penal, que vivió los acontecimientos de aquellos días en calidad de pasante de otro prestigioso letrado, Juan Ignacio Sardá. Ambos se desplazaron a Burgos como observadores del juicio.

“Salimos de Barcelona en un coche 124, mi maestro, tres abogados más y yo. Nos hospedábamos en el Hotel Almirante Bonifaz. Aquellos días, los abogados nos paseábamos por la ciudad tranquilamente. Los militares venían al hotel, nos saludaban. No había mala relación pese a que hubo levantamiento de sables en una sesión y se cantó el himno vasco”, explica Claret.

La referencia del veterano abogado se enmarca en una de las sesiones del juicio, concretamente la del día 9, último día de la vista oral, en la que uno de los acusados, Mario Onaindia Natxiondo, desafió al tribunal militar. Y es que, tras gritar “¡Gora Euskadi Askatasuna!” recordando el Convenio de Ginebra para presos de guerra, se dirigió hacia el estrado hasta ser frenado por un oficial que le amenazó con su sable. A continuación, alguien entonó el himno vasco y, ante el tumulto generado, el presidente del tribunal se vio obligado a desocupar la sala.

El proceso de Burgos marcó un antes y un después en la dictadura franquista.

Claret había llegado a la ciudad unos días antes junto a su maestro, que tenía relación con algunos de los abogados involucrados en el proceso: “Conocía a casi todos, Gregorio Peces Barba, Miguel Castells, Juan María Bandrés…”, cuenta Claret. Allí, constató en primera línea el ambiente de la ciudad: “Me dio la impresión de que los militares querían normalizar el ambiente dentro de lo que cabe, pero hubo condenas a muerte y hasta que no llegó el indulto hubo mucha tensión”.

En lo que concierne al transcurso de las sesiones, hay un aspecto que Claret recuerda como especialmente llamativo para la época. Este no es otro que la posibilidad que tuvieron los acusados de describir las torturas y agresiones propias de la dictadura: “Les dejaron hablar lo que quisieron. Se explicaron todas las torturas a que habían sido sometidos y no se les cortó en ningún momento”.

En cualquier caso, Claret sostiene que el proceso de Burgos marcó un antes y un después en la dictadura franquista: “Con el proceso de Burgos comenzó el debilitamiento. Ahí es donde se demostró que el régimen comenzaba a flaquear e irrumpió con más fuerza toda la oposición democrática a la dictadura”.

Las protestas contra el proceso de Burgos fueron numerosas. 

Y es que el régimen se vio sometido a una gran presión por parte de muchos sectores, incluida la iglesia: “La Iglesia presionó mucho. ETA estaba muy ligada al clero vasco, esto no es descubrir ningún secreto”, explica Claret. Asimismo, el gobierno dictatorial también tuvo que afrontar la feroz crítica de los sectores más conservadores del franquismo, que denunciaron la “mano blanda” ejercida durante el proceso, añade el veterano abogado.

Sea como fuere, lo cierto es que se trata de uno de los casos más sonados en la historia de nuestro país. Tras décadas de oscurantismo mediático, el mundo volvió a posar su mirada en España clamando por el respeto a los Derechos Humanos y poniendo en evidencia el atraso de un régimen que tuvo que claudicar ante la imposibilidad de gestionar la oposición de las potencias internacionales y la inestabilidad social interna.

Cuando Franco falleció, los procesados se beneficiaron de la amnistía general decretada por el presidente Adolfo Suárez, aunque los seis condenados por asesinato fueron expulsados de nuestro país. Unai Dorronsoro, Mario Onaindía, Xabier Larena, Eduardo Uriarte y Jokin Gorostidi a Bruselas y Xabier Izco de la Iglesia a Oslo. Así, se ponía punto final a un proceso de cuyo inicio se cumplen hoy 50 años y que generó ríos de tinta que se han extendido hasta la actualidad.  

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