22 de abril de 2021
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FIN DE SEMANA

Fue reportero durante 33 años, trabajó en varios periódicos, revistas y en la televisión, hasta que decidió hacerse chef y escritor de novelas

Pedro Avilés, escritor y periodista de sucesos: "Si te emocionas con ellos es mejor irte al periodismo gastronómico"

El periodista Pedro Avilés.
El periodista Pedro Avilés.
Pedro Avilés (Madrid 1956) fue periodista de Sucesos durante 33 años. Trabajó en diferentes medios como Semana, diario Ya, El Independiente, Radio Cadena Española, El Caso e Interviú. También estuvo en televisión durante tres años en el programa Día a Día, de Telecinco, que presentaba María Teresa Campos. Ahora presenta su cuarto libro, "Memorias de un reportero indecente", donde habla de los casos más importantes de la criminología española en los que él trabajó.

En 2009 Pedro Avilés desertó del Periodismo y se hizo Chef, con notable éxito, pero también tuvo tiempo de escribir tres novelas, "Las mariposas sobre la tumba", "Katoucha" y "El whisky del muerto". Ahora acaba de lanzar "Memorias de un reportero indecente" (Muddy Water Books) donde cuenta las andanzas, tretas y ajusta cuentas con parte de la profesión. Avilés siempre habla en plural porque durante gran parte de esos 33 años trabajó junto a otro reportero, José Montoro. El prólogo lo escribe Ignacio Fontes, otro de los grandes del periodismo español, que fue su director en la revista Interviú.

- ¿Por qué después de tantos años un libro autobiográfico?

- Se titula Memorias de un reportero indecente. Me jubilo el año próximo, creo que ya estoy en la edad de escribir unas memorias.

- Me da la impresión de que es más un libro dedicado al mundo profesional, para lectores periodistas, que al gran público en general.

- Bueno, desde mi punto de vista es más un libro dirigido al público en general. Y también para que los periodistas jóvenes sepan cómo trabajábamos antes, un Periodismo que ya está muerto y enterrado. Tengo la sensación de que ninguno se cree que nos pagasen tan bien. Ni tampoco que nos pusieran a disposición todos los medios oportunos para trabajar bien, como dietas, hoteles, coches de alquiler, vuelos en aviones cada semana del año y así a todos los reporteros, no solo a uno o a dos. Y eso según convenios suscritos con la empresa. Y es para el público en general porque el tema de los sucesos atrae a todo el mundo y porque les muestro las bambalinas de nuestro trabajo, incluyendo trucos del oficio para conseguir siempre la mejor información. Y todo ello haciendo temas tan delicados como en los que nosotros estábamos especializados: Los sucesos. Y explico todo de modo divertido, la misma diversión que nos producía a nosotros hacer ese trabajo, por más duro que parezca. Que se enteren de que fuimos los últimos de Filipinas.

Una imagen curiosa del libro y del capitán Haddock.

- ¿Qué influencia tiene todo el bagaje profesional en las tres anteriores novelas?

- Mucha. Creo que siempre es necesario escribir de lo que se sabe. Y yo me sabía muy bien cómo trabajábamos. Y el protagonista de la trilogía que he escrito, Las mariposas sobre la tumba, El whisky del muerto y Katoucha, es un periodista de investigación especializado en sucesos. Es decir que sin ese bagaje profesional no existirían mis novelas.

- ¿Cuánto ha cambiado el periodismo de sucesos de ahora respecto al que hacías en El Caso, por ejemplo?

- El que hacíamos en El Caso y en Interviú no se diferenciaban en nada mientras hacíamos sucesos, que era el noventa por ciento de los reportajes que hicimos en aquella etapa. Dicho esto, simplemente hay que apuntar que ese periodismo que nosotros hacíamos ya está muerto. Ninguna empresa ofrece medios a ningún reportero para poder trabajar tres, cuatro días en un tema, como bien sabes que hacíamos todos nosotros, y además, cobrar una buena nómina con catorce pagas anuales. Y sin medios no se pueden hacer reportajes de sucesos ni de ningún tipo. Llamar a gente por teléfono o copiar las notas de prensa de la Policía, no es hacer un reportaje de sucesos. Es decir, que las diferencias son manifiestas.

- ¿Cómo ves los sucesos desde fuera como lector? ¿Los sigues?

- Te diré que desde que deserté del Periodismo, rehuí leer sucesos. Creo que eso tiene que ver, y lo digo en el libro, con que nunca fuimos morbosos, como sí lo eran nuestros lectores. Antes de trabajar en sucesos jamás leía sucesos. Nunca me llamaron la atención. Y hacer sucesos me enganchó porque muy pronto descubrí que era la mejor escuela de periodismo de investigación que existe. Una cosa es ser lector de sucesos, y otra investigarlos, como nosotros hacíamos en cada reportaje. Además de obligarte a responder a muchas preguntas, como por qué alguien decide matar a otra persona, qué ha pasado por su cabeza. Te puedo decir que, salvo los móviles, cuando eran conocidos, jamás pudimos responder a esa pregunta. Y no creo que puedan hacerlo ni siquiera criminólogos o psicólogos forenses. Así que cuando dejé de hacer periodismo, dejé de leer sucesos. Durante el ejercicio profesional leíamos muchos sucesos cada semana en la prensa regional y en los despachos de las agencias de prensa. Pero porque era una premisa del oficio. Nunca estuve interesado en ellos si no era para investigarlos. Investigarlos hacía que nuestro trabajo fuese algo apasionante. En el hecho de que una persona liquide a otra hay poco de apasionante en el 99% de los casos.

- ¿Qué tema de toda tu trayectoria te tocó más la fibra sensible?

- Muy pocas veces. Te podría decir que sólo en un par de ocasiones. Y fueron casi mil los que hicimos. Una fue el crimen de Táliga, en El Caso, donde un joven le cortó la cabeza a un niño de diez años, la tiró a una chimenea de un bar, y se comió sus sesos. Y no por la brutalidad del caso, sino porque los temas en que las víctimas son niños siempre te llegan más. Y el segundo fue ya en frío, y en Interviú. Un tipo de la ONCE había tirado por un sexto piso a sus tres hijos y luego se tiró él detrás. Solo para fastidiar a su mujer, otra invidente. Nosotros entrevistamos a la madre en la misma casa en que se produjo el crimen durante un par de horas. Todo bien, todo normal. Ni se nos movió un músculo de la cara. Ya estábamos muy acostumbrados. Y ese fin de semana, ya en casa, Informe Semanal sacó también una entrevista con esa madre. Así en frío, me emocionó. En caliente jamás te podías permitir el lujo de emocionarte. Si te emocionabas, mejor dedicarse al Periodismo gastronómico o a escribir en hojas parroquiales.

Pedro Avilés en su casa.

- ¿Qué no volverías a hacer si tuvieses que enfrentarte a alguno de aquellos reportajes de nuevo?

- "Memorias de un reportero indecente" es un ajuste de cuentas con el oficio y también conmigo mismo. Hay cosas que hice que ahora jamás volvería a hacer, pero ya no sería un buen reportero de sucesos. Tener escrúpulos y ser reportero de sucesos es algo incompatible.

- ¿El Periodismo te quemó tanto para dejarlo o fue la televisión o incluso el género que tratabas?

- Por partes. Hacer Periodismo de sucesos provocó en mí confirmar mi optimismo. Me hizo ser incluso más optimista. Jamás tuve una pesadilla con los temas que hicimos de manera continuada durante muchos años, y sabes que fueron muy duros, ni soñé con ninguno de los casos.

Lo que me quemó fundamentalmente en Periodismo fue que los responsables de Prensa, es decir directores, gestores, redactores jefes en los medios, antes eran periodistas. Poco a poco se fueron convirtiendo en gestores económicos, más preocupados por la rentabilidad de la cosa que del interés informativo en sí. Y sin eso, no hay Periodismo.

Pedro Avilés entrevistando a uno de los hermanos Anglés en Catarroja.

Y eso me fue llevando hacia el segundo argumento contundente que me hizo ir repudiando aquella situación, no el Periodismo. Es decir, que se fueron eliminando todos los medios para poder trabajar. Y eso llevó también a que las nóminas fueran cayendo en picado. Mira como están ahora en esta cosa que llaman Periodismo. Y el ejercicio del Periodismo conlleva mucha responsabilidad. Y eso o está bien pagado o me niego a hacerlo.

Y finalmente, la televisión nos vino bien para hacer reportajes utilizando otros instrumentos como son la imagen y el recoger testimonios y reproducirlos, eliminando así la voz del emisor. Nos enganchó mucho trabajar en la tele. Pero cuando ya habíamos aprendido la técnica de grabar, de montar nuestros reportajes, quedó la cruda realidad, y es que la televisión es "mentira", es espectáculo, no es información. Y cada vez más. La televisión no me quemó. Me quemó más el tema de la conversión de periodistas en gestores económicos más preocupados en la rentabilidad que en la información. Eso quema a todo auténtico periodista. Y me hace decir con propiedad y algo de amargura que el Periodismo está muerto. Dicho lo cual, creo que debe seguir existiendo el Periodismo y los periodistas. Imagínate la cosa si el que informase fuese el llamado "periodista ciudadano".

- Dicen que los especialistas en sucesos acaban siendo un poco policías y guardias civiles, ¿crees que es real?

- No lo creo. Son dos trabajos completamente distintos con finalidades completamente distintas. Sí te puedo decir que investigar crímenes engancha mucho.

- Viviste un par de guerras como reportero. ¿Enganchan tanto o más que el periodismo de sucesos?

- En el libro digo que hacer Periodismo de sucesos, como lo hacíamos nosotros, era incluso más duro que estar metido en primera línea de fuego. Y escribo que lo puedo decir a boca llena porque nosotros estuvimos allí también. Pero tanto estar bajo el fuego real como entrevistar durante un par de horas o tres a un padre y una madre de una chiquilla a la que un desalmado ha violado y ha matado reventándole la cabeza no hace ni doce horas te producen un trallazo de adrenalina que engancha un montón.

- ¿Algún mensaje para los conspiranoicos del Caso Alcàsser?

- Sí, que aún ofrezco un millón de euros al primer tarado que me venga con el vídeo snuff que decía Juan Ignacio Blanco que demostraba que fue un crimen cometido por personas importantes. Pero que se olviden de cobrar nada porque, he sido periodista de investigación, es decir, estamos de vuelta ya de todo. No va a colar ninguna manipulación por mucho que la técnica digital actual les permitiese manipular imágenes. Sencillamente aquellos vídeos no existen. El crimen de Alcàsser fue un suceso corriente y moliente de dos ladrones de poca monta con una pistola en la mano y ganas de violar a tres chicas que hacían autostop.

- ¿Hubo fallos en la instrucción de Alcàsser?

- Yo creo que muy pocos y sin trascendencia alguna para la resolución del caso. De hecho, a las cuarenta y ocho horas de descubiertos los cadáveres de las chicas, ya estaba detenido uno de los responsables, Miguel Ricart. Y a Antonio Anglés no se le detuvo porque cuando asaltaron su casa no iban a por él, iban a por su hermano Enrique, de quien se había encontrado el documento médico semienterrado a pie de tumba. Eso le dio a Antonio casi 24 horas de ventaja en su huida. Lo cuento al detalle en el libro.

- El libro habla de ajuste de cuentas en portada... ¿con personas, con la profesión...?

- Primero conmigo mismo, después con la profesión y luego con algunas personas.

- ¿Volverías a ser periodista o elegirías otra profesión si volvieras a los 18 años?

- Volvería a ser periodista sin duda alguna. Porque si volviese a mis dieciocho años tendría por delante un oficio serio en que se te daban medios paras trabajar y una buena paga.

- ¿Un consejo para los jóvenes que se quieren dedicar a los sucesos?

- Que se compren el libro. En la introducción explico claramente qué es hacer un muerto y qué no lo es. Y si alguien se lo permite, que se metan de cabeza.

- Si tuvieses que escribir un libro específico sobre algún caso sería sobre.. Puerto Hurraco, El crimen del Rol, Alcàsser...?

- No me apetece mucho escribir sobre los crímenes que hice ni, evidentemente sobre ninguno. No lo necesito. Como sí lo necesitan quienes jamás han hecho un muerto y van por ahí dándoselas de expertos en el periodismo de sucesos para vivir su minuto de gloria en las radios y en las TV´s, en las presentaciones de sus libros llenos de paja a rebosar. No hacen sino replicar nuestros casos y otros, atendiendo al interés del público por ellos. En mi opinión son unos falsarios.

 

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