21 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Pocos personajes han marcado tanto la historia reciente de España como Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias

Las dos caras del Rey Emérito: De impulsar la Transición y la democracia española al ocaso de una abrupta abdicación

Juan Carlos I de España.
Juan Carlos I de España.
Juan Carlos I es uno de los personajes más controvertidos de la historia reciente de nuestro país. Tras recorrer un tortuoso camino hacia el trono, abanderó la Transición hacia un régimen democrático desde la dictadura franquista y ayudó a consolidarla en los años sucesivos. No obstante, las polémicas en las que se ha visto envuelto y ciertos escándalos de su vida privada han deteriorado su imagen y, por extensión, la de la propia Corona. Hoy, repasamos su trayectoria.

Pocos personajes han marcado tanto la historia reciente de España como Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, universalmente conocido como Juan Carlos I de España. Ríos de tinta se han escrito sobre el rey emérito, que actualmente se encuentra a miles de kilómetros de la nación sobre la que reinó. Concretamente, su presencia se ha confirmado en la capital de Emiratos Árabes, la fastuosa Abu Dabi, pero eso un capítulo que en esta ocasión obviaremos.

La vida de Juan Carlos I es de esas que parecen extraídas de una novela de aventuras. Al contrario de lo que pudiera esperarse, el comienzo de la historia de nuestro protagonista de hoy no se enmarca dentro las fronteras hispánicas. No obstante, a la hora de abordarla, conviene adoptar una perspectiva dúplice, con un ojo en su figura y otro en los acontecimientos que iban modelando nuestro país.

Roma, 5 de enero de 1938. Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleans da a luz a su segundo hijo y primer varón. El padre de la criatura, Juan de Borbón y Battenberg, recibe así al vástago que heredará su estatus como conde de Barcelona. La familia real llevaba tiempo exiliada en la ciudad del amor fraterno y, en aquellos días, aguardaban con interés la resolución de la Guerra Civil Española, un conflicto que, entendían, determinaría su destino.

Oeste del río Ebro (España), 16 de noviembre de 1938. Las últimas posiciones republicanas se retiran. El militar africanista Juan Yagüe tiene vía libre para entrar en Ribarroja (Tarragona) y reconstituir la línea defensiva que los republicanos habían conseguido desarticular. El bando sublevado acababa de alzarse con la victoria en la batalla decisiva de la guerra. El repliegue de sus enemigos era inevitable. Pronto, el general Francisco Franco tomaría el poder.

Con el “caudillo” dominando con puño de hierro una maltrecha España, los partidarios de la restauración monárquica no tardaron en comprender que su gloria pasada no volvería, al menos por el momento. Para más inri, las noticias que se sucedían en la Familia Real no eran precisamente halagüeñas.

En 1941, el decadente Alfonso XIII pasaba a mejor vida. Sus hijos, Alfonso y Jaime, renunciaban a sus derechos al trono. Aquí entraba en juego Juan de Borbón, padre de Juan Carlos y entonces heredero de los derechos dinásticos de la familia Borbón. El “generalísimo” tuvo sus más y sus menos con el conde de Barcelona, sin embargo, tras un tira y afloja canalizado a través de varias reuniones, se acordó que el pequeño Juan Carlos, que hasta entonces nunca había puesto un pie en España, iniciase su formación en este país. Tenía 10 años.

El destino lleva a Juan Carlos al trono español

Durante los siguientes años, el emérito estudió en academias militares ubicadas en varios puntos de la geografía española sin mayor incidencia. 1956 sería, no obstante, un año de infausto recuerdo para la Familia Real, pues fue el momento en que Juan Carlos acabó accidentalmente con la vida de su hermano Alfonso en la residencia de los Borbones en Estoril, Villa Giralda. Pese al golpe, la vida continuaba.

Un joven Juan Carlos junto a su hermano Alfonso.

En 1961, trascendía a la opinión pública una sonada noticia. Juan Carlos se había comprometido con la que iba a ser la madre de sus hijos, Sofía de Grecia y Dinamarca. Franco mostró de inmediato interés en que la pareja se trasladara a España. Por tanto, a pesar de la vehemente oposición de Juan de Borbón, se hizo la voluntad del dictador y Juan Carlos y Sofía se trasladaron al Palacio de la Zarzuela.

El verano de 1969 constituiría un punto de no retorno en la relación de Juan Carlos con su padre. Una relación que, ya de por sí, llevaba tiempo siendo bastante tensa. Era vox populi que “el caudillo” deseaba evitar a toda costa que Juan de Borbón ocupara el trono de España. Por tanto, valiéndose de la Ley de Sucesión de 1947, el dictador dio un salto en la línea sucesoria y nombró sucesor en la jefatura del estado a Juan Carlos en detrimento de su padre.

Ocho años le harían falta al conde de Barcelona para asumir el nuevo orden. Después de una vida en el exilio, en 1977, dos años después de la muerte de Franco, renunciaba oficialmente a sus derechos sucesorios.

Antes de aquello, durante los últimos años de la vida del dictador, Juan Carlos comenzó a participar en las labores de gobierno en calidad de príncipe de España. A lo largo de este periodo, el futuro jefe del estado español se granjeó partidarios, pero también no pocos enemigos. Su intervención en el Sáhara Occidental, donde la amenaza de guerra acechaba tras la Marcha Verde, fue providencial. En cualquier caso, el estado de salud de Franco se agravaba por momentos. Juan Carlos fue capaz de salir victorioso dentro de la guerra sibilina que libraron en la sombra las distintas facciones del franquismo.

20 de noviembre de 1975. “Españoles, Franco ha muerto”, así anunciaba Arias Navarro el fallecimiento del hombre que había liderado durante décadas la dictadura en nuestro país. El “caudillo” era historia. Juan Carlos ascendió al trono como Juan Carlos I y todo un país aguardaba expectante una decisión que tendría que llegar más pronto que tarde. ¿Qué haría el nuevo rey con el poder?

La Transición, magnum opus del emérito

Muchas voces señalan a Juan Carlos I, junto con Adolfo Suárez, como el gran artífice de la archiconocida Transición Española. Este proceso, desde la legalidad franquista, devolvería a nuestro país a la senda democrática. Para ello, el entonces rey de España apartó del poder al desgastado Arias Navarro y apostó por un político más adaptable a la nueva situación, Adolfo Suárez.

En el camino hacia el nuevo régimen, el rey renunció a la práctica totalidad de los poderes que había heredado del franquismo. Pasó a desempeñar tareas meramente simbólicas dentro del sistema político que había contribuido a crear. Su papel era similar al que ejercían sus homólogos en naciones colindantes, que se habían adaptado camaleónicamente al nuevo orden para poder participar de él.

Probablemente, ese fue el clímax de popularidad de Juan Carlos I. Su figura era reverenciada en todo el mundo y su actividad institucional ayudó a la confirmación democrática de nuestro país, al tiempo que se preparaba el terreno para abordar la tan anhelada apertura internacional. Por si fuera poco, cuando Tejero amenazó con un golpe de estado en febrero 1981, el rey desbarató la intentona haciendo uso de su ascendencia para con los militares.

Sus constantes viajes al extranjero para fomentar la integración institucional de España en el ámbito internacional, además de sus habilidades como embajador de nuestro país a la hora de acometer acuerdos comerciales ventajosos dejaban a sus detractores con pocos argumentos.

Un declive imparable: Polémicas familiares, problemas de salud y renuncia al trono

Es innegable que sería imposible pensar en la Casa Real Española en el siglo XX obviando la trayectoria del rey emérito.  Sin embargo, Juan Carlos I, que consiguió restaurar la imagen de una depauperada monarquía, ha mostrado en ocasiones un comportamiento que dista mucho de ser ejemplar y que ha puesto a la institución que representa contra la espada y la pared.

En este sentido, no ayudó la relación de la Infanta Elena con su exesposo Jaime de Marichalar, como tampoco lo hicieron los escándalos vinculados al caso Nóos en los que se vio envuelto su yerno Iñaki Urdangarin. Hay que recordar que la Infanta Cristina llegó a estar imputada. Además, en abril de 2012, cuando la crisis generada a raíz de la burbuja inmobiliaria azotaba inmisericorde a España, otra noticia de gran calado llegó a la opinión pública.

La Familia Real Española.

El rey Juan Carlos I se había fracturado la cadera. ¿El motivo? Un accidente acontecido durante una costosa cacería de elefantes en Botsuana. Juan Carlos I pidió disculpas y se presentó ante los españoles visiblemente desmejorado. Y es que su última operación se unía a otras intervenciones quirúrgicas a las que se había sometido en los años anteriores. Su estado de salud era pues, bastante precario.

Paralelamente, bajo los grandes focos que monopolizaba su padre, el príncipe de Asturias, Felipe, llevaba desde la más tierna infancia preparándose para asumir las responsabilidades de la jefatura de estado algún día. Se había casado con una periodista, Letizia Ortiz, y para muchos, ofrecía una imagen más acorde con los nuevos tiempos que la de Juan Carlos, quien no pasaba por su mejor momento. El relevo generacional era cuestión de tiempo.

2 de junio de 2014. El rey Juan Carlos I anuncia su renuncia al trono. Abdicaba en favor de su heredero, Felipe, que hoy reina bajo el nombre de Felipe VI. Este sería el punto final a su reinado, pero no por ello el ahora rey emérito ha dejado de aglutinar titulares. En los últimos tiempos, su nombre se ha visto vinculado a múltiples casos de corrupción: los papeles de Ginebra, las cintas de Corinna, el fondo SSIF, las fundaciones Zagatka y Lucum… etc.

Este hecho, junto a sus múltiples relaciones extramatrimoniales, de las que cada vez trascienden más detalles, ha contribuido a socavar la imagen de la corona ante los españoles. En definitiva, luces y sombras en la vida de un personaje que ha marcado las últimas décadas en nuestro país.

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