26 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

El Gobierno consideró que su trama era "una absurda españolada, llena de tópicos y falsedades que denigraba al Ejército y a la Guardia Civil"

'El diablo era mujer': Lo ocultado de la película de Von Sternberg y Marlene Dietrich que eliminó la II República

Cartel de 'El diablo era mujer'
Cartel de 'El diablo era mujer'
'El diablo era mujer' (1935) fue la última película que el austríaco Josef von Sternberg hizo para Marlene Dietrich. Una adaptación libre de la novela de Pierre Louys ‘La mujer y el pelele’ que, en su estreno, fue un sonoro escándalo en la España del bienio conservador de la Segunda República. José María Gil Robles, por entonces ministro de la Guerra, narra en sus memorias las diatribas con Paramount, productora del filme, para hacer desaparecer y eliminar la cinta que consideraban ofensiva.

El ejercicio de la censura, ese que condenó metrajes de Buñuel, Berlanga, Fernán-Gómez, Picazo o Miró, vivió en España su máximo exponente tras la Guerra Civil. Fue el dictador Francisco Franco quien institucionalizó esta actividad, y fueron hombres como Gabriel Arias Salgado, ministro de Información y Turismo entre 1951 y 1962, quienes excusaban estas “normas de orientación” en estadísticas imaginarias. "Antes de su implantación -llegó a decir en la prensa italiana- el 90% de los españoles iba al infierno. Ahora, gracias a nosotros, solo se condena el 25%”.

No obstante, la censura no solo se ejerció durante los oscuros años del régimen. La primera normativa oficial se promulgó en 1912 y, durante la dictadura de Primo de Rivera, entre 1923 y 1930, se acentuó. Fue entonces cuando se comenzaron a cortar o prohibir aquellas películas que cuestionaban los valores tradicionales de España u ofrecían una imagen despectiva del país. Normalmente, filmes extranjeros, porque el cine español, completamente alienado a las imposiciones morales de la Iglesia Católica, no acostumbraba a rebasar los límites del conservadurismo.

'El diablo era mujer'

Tras la proclamación de la República, en 1931, la presión censora se relajó, pero no desapareció.  Ejemplo de ello es ‘El diablo era mujer’, el último filme que el célebre director austríaco Von Sternberg hizo para la excelente Marlene Dietrich. Una adaptación libre de la novela de Pierre Louys ‘La mujer y el pelele’, que más tarde, en 1977, volvería a ser fuente de inspiración para Luis Buñuel en ‘Ese oscuro objeto del deseo’.

El cartel de la película. 

La historia de Sternberg, ambientada en la España de 1890, no gustó entonces a las autoridades del bienio conservador, que exigieron a la productora Paramount que quemara los negativos. El desagradable “incidente cinematográfico”, como a él se refiere José María Gil Robles en sus memorias ‘No fue posible la paz’, se saldó con la supuesta destrucción de la película, que el por entonces ministro de la Guerra describe como “del más odioso carácter antiespañol”.

“El protagonista, capitán de nuestro Ejército, era la suma y compendio de todas las villanías. En la trama de la absurda españolada, llena de tópicos y falsedades, se denigraba también a la Guardia Civil”. Y es que el argumento de la obra giraba en torno a Antonio Galván, un joven oficial que conoce a Concha Pérez, una misteriosa mujer que trabaja en una fábrica de tabacos. Rápidamente el hombre cae en sus redes, al tiempo que Concha seduce y ridiculiza a Don Pascual, un oficial de la Guardia Civil que intenta convencer a Galván de que Concha es una mujer muy peligrosa. 

Por alguna razón, aquella trama atentaba contra los valores de la España radical-cedista, y José María Gil Robles, ante el agravio y como él mismo relata, se apresuró "a plantear el problema en el Consejo de Ministros y conseguí el acuerdo de requerir a la empresa interesada para que en el plazo de tres días retirase y destruyera la cinta, hallándose dispuesto el Gobierno incluso a prohibir en España todas las producciones de Paramount". 

Después de un encuentro con el representante de la productora, la empresa estadounidense se comprometió a retirar la película ante la representación diplomática o consular que el Gobierno español designara. Pero tan solo un día más tarde, "se publicaron en la prensa algunos teleprogramas de América, según los cuales no se avenía de buen grado la casa productora a la propuesta aceptada por su representante en España, quien se produjo, desde luego, en todo momento con la mejor disposición de ánimo para cumplir nuestro acuerdo. Ante el despropósito de negociaciones directas que parecía desprenderse de tales comunicados, manifesté a los periodistas que en manera alguna accedería el Gobierno a pactar, como de potencia a potencia, con una empresa particular. En el caso de que no se cumpliera su acuerdo, debería someterse la Paramount a las consecuencias derivadas del mismo".

Se fijó entonces una nueva fecha para su destrucción, que posteriormente confirmó el embajador español en Washington, vía telegrama, al dar cuenta de la quema del negativo del filme. De aquella puesta en escena, Gil Robles se congratula. "Toda esta ímproba labor, y otras tantas que no resultaría discreto revelar, pudo hacerse en el escaso periodo de siete meses gracias al esfuerzo titánico del personal del Ministerio, en especial de los altos jefes".

Hoy sabemos que la cinta no se destruyó y, aunque durante algunos años fue el título más difícil de ver de toda la serie dedicada a Marlene, hoy sí se puede disfrutar de este filme que hace 80 años, en 1935, enfureció al Gobierno de la II República. 

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