05 de marzo de 2021
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FIN DE SEMANA

El 12 de abril de 1931 los partidos republicanos ganaron en las ciudades más pobladas de España y cambiaron la forma de Estado

Noventa años de las elecciones municipales que le costaron el exilio a Alfonso XIII, bisabuelo de Felipe VI

/ Alfonso XIII
Alfonso XIII partió hacia el exilio en la noche del 14 de abril tras constatar que había perdido el amor de su país. El monarca había atado su destino al de varios dictadores, Miguel Primo de Rivera es el mejor ejemplo, y este hecho provocó un hartazgo en la ciudadanía española.

El fracaso de la 'dictablanda' del general Dámaso Berenger, los ecos lejanos del escozor del 'desastre de Annual' del ejército español en Marruecos y el trágico final de los 'felices años veinte' forzaron el exilio de Alfonso XIII.

El bisabuelo de Felipe VI había atado su destino al de la dictadura de Miguel Primo de Rivera y la impopularidad y caída de esta provocaron el derrumbe de un monarca que intentó mantenerse en pie mediante un gabinete liderado por Juan Bautista Aznar.

El pueblo español pedía aire democrático y Alfonso XIII se lo intentó proporcionar in extremis mediante la convocatoria de unas elecciones municipales que llegaron con la ley electoral de 1907 en vez de con el estatuto municipal de 1924 que reconocía con límites el sufragio femenino.

Plebiscito

La cita electoral, convocada como una suerte de plebiscito entre fuerzas republicanas y monárquicas, acabó con un triunfo cómodo para las fuerzas partidarias de la caída de Alfonso XIII. El monarca comprobó que 43 de las 50 capitales de provincia le daban la espalda. ¿Madrid? 30 concejales antimonárquicos frente a solo 20 partidarios de la institución dinástica.

En los pueblos, gracias al caciquismo, se salvaban los registros. Pero ni estos pucherazos eran suficientes para evitar el triunfo de la conjunción republicano-socialista, que había unido desde el PSOE de Largo Caballero, Indalecio Prieto o Julián Besteiro hasta el turbio Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux.

Exilio

En la noche del 14 al 15 de abril de 1931, cuando en muchas ciudades se había seguido el ejemplo de Eibar y se había proclamado la República, el Rey Alfonso XIII partió de Madrid hacia Cartagena al volante de su automóvil Duesenberg. Desde la ciudad murciana se marchó al exilio, primero a París y más adelante Roma. Lo hizo sin abdicar, a pesar de que había firmado una carta que solo publicaría en portada ABC el 17 de abril.

Proclamación de la II República.

El monarca era rotundo: "Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo, porque procuré siempre servir a España, puesto el único afán en el interés público hasta en las más críticas coyunturas. Un rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez; pero sé bien que nuestra patria se mostró en todo tiempo generosa ante las culpas sin malicia".

"Soy el rey de todos los españoles, y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil. No renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósito acumulado por la Historia, de cuya custodia ha de pedirme un día cuenta rigurosa", añadía.

Alfonso XIII continuaba: "Espero a conocer la auténtica y adecuada expresión de la conciencia colectiva, y mientras habla la nación suspendo deliberadamente el ejercicio del Poder Real y me aparto de España, reconociéndola así como única señora de sus destinos. También ahora creo cumplir el deber que me dicta mi amor a la Patria. Pido a Dios que tan hondo como yo, lo sientan y lo cumplan los demás españoles".

Ocho años de República

La II República caería tras producirse en 1936 un golpe de Estado fascista promovido por parte del Ejército africanista liderado por Francisco Franco. Este cuartelazo, el enésimo de la historia de España, llevó al país a una Guerra Civil que acabó en 1939 con un triunfo del bando de un ejército conservador que contó con el respaldo de sangrientos dictadores como Adolf Hitler y Benito Mussolini.

Casi cuatro décadas de dictadura acabarían con la muerte de Franco y la restauración de un periodo democrático impulsado por Juan Carlos I, que sin embargo impidió que formaciones republicanas se presentasen a las elecciones constituyentes convocadas en 1977.

República o monarquía

Isabelo Herreros, de Izquierda Republicana, recuerda que tuvo "un encuentro con Manuel Fraga, ministro de la Gobernación hasta julio de 1976, donde nos dijo que hasta que no quitásemos la 'R' no se nos legalizaría, ni con ese gobierno ni con ninguno de la Monarquía. Con el gobierno de Suárez apenas hubo contactos, pues la única interlocución era a través de Juan José Rosón, gobernador civil de Madrid entre 1976 y 1980, y siempre dijo que el obstáculo era el PSOE".

"Presentamos los papeles cuando se abrieron los plazos. Martín Villa remitió al Tribunal Supremo la documentación, pero no para que nos legalizasen sino para que vieran si en nuestra actuación había hechos delictivos y así proceder contra nosotros", explicó.

Proclamación de la II República en la Puerta del Sol,

Cabe recordar que las elecciones se celebraron el 15 de junio de 1977 y hasta el 2 de agosto de 1977 no fueron legalizados Esquerra Republicana de Catalunya o Acción Republicana. El 10 de noviembre de ese año lo conseguiría Izquierda Republicana.

Adolfo Suárez, último presidente del Régimen franquista y primer primer ministro de la Democracia, reconocería en los años noventa ante la periodista Victoria Prego que no se atrevieron a convocar un referéndum entre monarquía o República porque "perdíamos".

 

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