05 de diciembre de 2022
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FIN DE SEMANA

El actor, que acaba de cumplir los 85, lleva trabajando desde 1960 y ahora interpreta 'Señora de rojo sobre fondo gris' en Barcelona

José Sacristán cumple 85 años como referente artístico: "Aún me emociono si me paran en la calle"

El Cierre Digital en
/ El actor José Sacristán.
El reconocido actor José Sacristán acaba de cumplir 85 años. Desde que debutara profesionalmente en 1960 no ha parado de trabajar “por lo que me siento un privilegiado, porque todavía puedo elegir los proyectos que me apetecen”, asegura sin falsa humildad. En la actualidad está representando en el teatro Romea de Barcelona la obra Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes, con la que lleva paseándose de escenario en escenario desde hace cuatro años.

Acaba de cumplir 85 años. José Sacristán sigue en pie de paz porque, en su caso, las guerras no van con él. Desde que debutara profesionalmente en 1960 no ha parado de trabajar “por lo que me siento un privilegiado, porque todavía puedo elegir los proyectos en los que me apetece trabajar”, asegura sin falsa humildad. Lo que tienen los más grandes es justamente eso: humildad, generosidad y talento.

En la actualidad está representando en el teatro Romea de Barcelona la obra Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes, con la que lleva paseándose de escenario en escenario desde hace cuatro años. “Al principio el autor se mostró reticente a que se adaptara la novela, porque la escribió por el dolor que sentía tras el fallecimiento de su esposa. Ni tan siquiera mi amistad pareció persuadirle, pero quedé tan prendado de la historia que no paré hasta que le convencí”, ríe como un niño travieso. Porque, aunque haya pasado tiempo, dentro del protagonista de El diputado (1978) aún está presente el crío que disfrutaba “poniéndome las plumas de las gallinas del corral que teníamos en casa para hacer creer a mi abuela que era un indio comanche. Se moría de la risa”.

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José Sacristán cumple 85 años.

Cuando quien escribe estas líneas se refiere a él como parte de esa realeza del cine y el teatro que capitaneaban sus queridísimos Fernando Fernán Gómez, José María Rodero o Fernando Rey, echa balones fuera y vuelve a tirar de esa humildad generosa: “Antes monja que ser leyenda. ¡Pero si mi método de estudio es mitad Stanislavski y mitad la Niña de los Peines!”.

Con orgullo le gusta presentarse como el hijo de el Venancio y la Nati, unos padres que se quedaron sin habla cuando Pepe dejó su trabajo como tornero fresador y, al regreso del servicio militar, se puso a hacer meritoriaje. Pasado el tiempo, sus progenitores se sintieron tremendamente orgullosos de él.

Homenaje a José Sacristán

Hace un par de semanas, la Academia del Cine Catalán le rindió un emotivo homenaje como símbolo del hermanamiento con la Academia del Cine Español. Entre ellas no saltan chispas, como en la calle. Ambas aúnan fuerzas por transmitir lo más sagrado de la civilización: la cultura. “Tengo amigos independentistas y otros que no lo son y cuando los oigo hablar prefiero quitarme de en medio. Hay que saber quererse y respetarse”, alega el veterano intérprete, que casi siempre ha blindado su vida privada porque jamás le ha apetecido ser pasto de la prensa rosa.

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José Sacristán y Amparo Pascual.

Su última pareja y la más duradera es Amparo Pascual, “el gran amor de mi vida”, a quien conoció en 1995 y con quien se casó en 2008 en la embajada española en Buenos Aires, donde Sacristán es un ídolo, al igual que Carmen Flores o Serrat. Su primera esposa fue la actriz Isabel Medel con la que tuvo dos hijos, José Antonio e Isabel y después con la intérprete francesa Liliane Meric, que le dio otra hija, Arnelle.

Varias generaciones siguen disfrutando de auténticas joyas del cine español protagonizadas por don José Sacristán: La familia y uno más (1965), La ciudad no es para mí (1966), La colmena (1982), El viaje a ninguna parte (1986), Madregilda (1993)… y así hasta formar parte de lo anteriormente mencionado, la realeza del arte español. “Todavía me sigo emocionando cuando me paran por las calles padres con hijos para decirme que les muestran mis trabajos. Ese es uno de los mayores orgullos que puede tener un actor. Agradezco sinceramente estas muestras de cariño porque el público siempre es lo primero. Respeto ante todo”, afirma con rotundidad.

Poco a poco se ha ido haciendo justicia con él. Ha ganado un Goya como mejor actor protagonista por El muerto y ser feliz (2012) y hace unos meses le otorgaron el Goya de Honor; posee dos Conchas de Plata al mejor intérprete por Un hombre llamado Flor de Otoño (1978) y El muerto y ser feliz (2012) y distinciones tan prestigiosas como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2001) y el Premio Nacional de Cinematografía (2021). Y, como no, el XIX Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert, un reconocido galardón que otorga AmitHe, la Asociación Nacional de Amigos de los Teatros Históricos de España.

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