28 de febrero de 2021
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FIN DE SEMANA

En 1928 el matador Diego Mazquiarán, "Fortuna", intervino con un abrigo, le dio unos pases de aliño y lo mató de media estocada

Hecho insólito en Madrid: Hace 93 años un toro que se escapó sembró el pánico en la Gran Vía

El toro escapado en Madrid.
El toro escapado en Madrid.
Hace 93 años, un frío 23 de enero de 1928, Madrid vivía un suceso cuando menos curioso. No nevaba, pero la Gran Vía madrileña vivía una estampa difícil de olvidar. El pánico cundía calle abajo hasta que un hombre destacó entre la multitud, se quitó el abrigo y le hizo una faena al toro. Luego lo mató de media estocada y fue paseado a hombros por la calle Alcalá. El matador se llamaba Diego Mazquiarán, apodado "Fortuna", y su historia es tan triste como heroica fue aquella faena.

Durante su traslado hasta el matadero de Legazpi, un toro y una vaca del ganadero Luis Bermúdez, decidieron escaparse por Madrid. A la altura de la calle Virgen del Puerto, los animales emprendieron la huida sembrando el caos y el desconcierto por el Puente de Segovia, la Cuesta de San Vicente, Plaza de España, Leganitos, Corredera Alta de San Pablo y Gran Vía. Antes destrozaron por dentro el Mercado de San Miguel. Según la crónica del diario ABC, hubo 3 heridos, una mujer de 66 años, un ordenanza de la comisaria del Hospicio y otro viandante.

El toro fotografiado por ABC.

Los madrileños pronto pudieron controlar a la vaca, pero quedaba libre el toro y era como eran los toros de antes y no los de ahora, negro, grande y desarrollado de pitones... Paseando, tuvo la mala suerte de toparse con Diego Mazquiarán, apodado "Fortuna", matador de toros de Sestao (Vizcaya), a la altura del número 13 de la Gran Vía. Ni corto ni perezoso, el matador se quitó el abrigo y le dio varios capotazos y pidió un estoque. Le trajeron un sable del Casino Militar, que rechazó. Quince minutos después apareció un mozo con un estoque de su casa, entonces el matador le dio con el abrigo unos pases de aliño y después enfiló y entró a matar. Media estocada y dos descabellos.

El populacho madrileño, igual en cualquier siglo, rompió en ovaciones al torero, que izaron a hombros y llevaron hasta la calle Alcalá. Desde los balcones se pedía la oreja, incluso pidieron firmas para que le concedieran la Cruz de Beneficencia. Diego Mazquiarán se dejó querer y posó orgulloso rodeado de curiosos y aficionados.

La historia duró viva lo que aguantaba el papel de los periódicos de antes, un poco más que ahora, hasta que envolvían el bocadillo del día siguiente. Luego Mazquiarán "hizo las Américas" y acabó en Perú, en concreto en el cementerio Presbítero Maestro, en Lima, donde falleció el 29 de abril de 1940.

La historia de "Fortuna"

Todos los portales taurinos recuerdan la historia en su aniversario: Diego Mazquiarán era hijo de labradores que gozaban de buena posición en Sestao. Desde muy temprano demostró una vocación por los toros que fue respondida de manera negativa por su padres, que querían que se dedicase a labrar la tierra como habían hecho todas las anteriores generaciones. Pero un joven Diego, en la adolescencia, se escapó de casa en dirección a Sevilla, y como las oportunidades no son fáciles de encontrar, el joven Mazquiarán tuvo que ponerse a repartir pan por la capital andaluza.

                                   Los curiosos en Gran Vía posando con el toro muerto.

En la calle de la panadería vivían Los Gallos,  toreros gitanos que darían al mundo a José Gómez Ortega “Joselito”, considerado  junto a Juan Belmonte, uno de los fundadores del toreo moderno. Los Gallos apadrinarían al joven vasco y lo ayudarían. Sin embargo, pronto Mazquiarán, no muy acostumbrado a la ley y el orden -lo que un millennial definiría como "un alma libre"- daría tumbos por los pueblos de España como "maletilla", irrumpiendo de noche en las dehesas de las ganaderías para torear a escondidas.

Una de esas noches, en compañía de otro maletilla, un tren los embistió en Valladolid y mató a su compañero mientras que él pudo salvarse en el hospital. Desde entonces lo apodaron Fortuna.

Pero las cosas no le iban bien al vasco y en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España, se menciona que Mazquiarán sufría de “ataques de nerviosismo”, lo que impedía su desempeño como torero y le generaba accesos de violencia que también le generaron problemas en la calle.

Según consta en el tratado “Los toros” de José María Cossío, Mazquiarán logró torear por primera vez el 22 de septiembre de 1912 en la plaza de Indautxu, en Bilbao. Lo hizo como novillero y tuvo bastante éxito. Así, finalmente Fortuna logró tomar la alternativa el 17 de septiembre de 1916 con 21 años, en la Plaza de Madrid (todavía no existían Las Ventas) y tuvo como padrino a Rafael Gómez "Gallo", hermano de Joselito.

                                                                    "Fortuna" en una de las pocas fotos que hay de él.

Toreó 51 corridas en 1917 y viajó a Lima teniendo grandes éxitos también. En 1919 logró participar en 36 corridas en España, pero tuvo que cancelar otras veinte por su males psíquicos nunca diagnosticados.

Fortuna no fue un torero menor y, de hecho, formó parte del cartel inaugural de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, el 17 de junio de 1931. Sin embargo, en las memorias taurinas  siempre quedará como el protagonista de la anécdota de haber toreado en la Gran Vía madrileña, aquel 23 de enero de 1928.

 

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