31 de enero de 2023
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FIN DE SEMANA

La fallecida interpretó a Jessica Fletcher una escritora que hacía de detective en una serie que se mantuvo en emisión doce años en TV

La vida de Angela Lansbury ('Se ha escrito un crimen'), la actriz que más asesinatos ha resuelto

El Cierre Digital en Angela Lansbury en 'Se ha escrito un crimen'.
Angela Lansbury en 'Se ha escrito un crimen'. / La actriz tenía casi ocho décadas de carrera en cine, teatro y televisión.
Angela Lansbury, fallecida a los 96 años, es especialmente recordada por su interpretación de Jessica Fletcher en 'Se ha escrito un crimen' aunque la serie le llegó cuando llevaba ya muchos años de carrera en teatro, cine y televisión. Dos veces nominada al Óscar como Mejor Intérprete de reparto, se casó en dos ocasiones, tuvo dos hijos y casi ochenta años de carrera.

Una actriz demuestra su valía cuando despojada de cualquier tipo de adorno que despista al espectador (vestidos de alta costura, joyas o cirugías deformantes) encandila con la desnudez de su palabra y mirada. Angela Lansbury, fallecida mientras dormía en su casa de Los Ángeles a pocos días de cumplir 97 años, lo demostró soberanamente desde que cruzara el charco para protagonizar el clásico Luz que agoniza (1944) junto a los consagrados Ingrid Bergman, Charles Boyer y Joseph Cotten. Durante el rodaje tenía 17 años. Por su papel obtuvo su primera nominación al Óscar a la mejor actriz de reparto.

Con los 500 dólares semanales que ganaba mantenía a su madre, la también actriz Moyna Macgill, que estaba desempleada. Cuatro décadas después, por cada episodio de Se ha escrito un crimen se embolsó 300.000 dólares. La serie no la convirtió en estrella, ya brillaba por sí misma con un legado formado por El retrato de Dorian Gray (1945), Los tres mosqueteros (1948) o El mensajero del miedo (1962), sino que logró esa popularidad del pueblo llano que tanto anhelan los que se (ex)ponen ante una cámara.

Interpretar a Jessica Fletcher prolongó su propia inmortalidad. Se convirtió en la única intérprete de la serie en aparecer en todos los capítulos de las doce temporadas (265 episodios) más cuatro tv movies. Pero el destino es caprichoso y, a pesar de las doce nominaciones que obtuvo a los Emmy, jamás logró el galardón. Tampoco por las otras siete. En cambio, los Globos de Oro fueron más generosos, ya que de diez nominaciones se llevó a casa cuatro. Los Óscar cometieron sacrilegio. Antes de cumplir los cuarenta fue candidata en tres ocasiones, pero solo logró el honorífico en 2013.

Fotografía autografiada de Angela Lansbury. 

En cambio, Broadway fue magnánimo. De las siete nominaciones a los Tony, se llevó cinco estatuillas. La avenida teatral más famosa del mundo se rindió a sus dotes como actriz de musicales, entre los que destaca Mame (1966), que le reportó una amistad inquebrantable con su compañera Bea Arthur (Dorothy en Las chicas de oro). No hay que olvidar Gypsy (1975) y Sweeney Todd (1979) y, por supuesto, su delicioso rol cómico como Madame Arcati en El espíritu burlón (2009).

Un encuentro con Lansbury

Quien escribe estas líneas tuvo el placer de ser recibido en su camerino tras acabar una de las representaciones. Vestía un batín con firmas, dibujos y garabatos que como muy bien me explicó en su momento Josep Maria Pou, es el regalo que les hacen los colegas como símbolo de respeto. Exquisita, educada y tremendamente familiar. El encuentro, aunque breve, fue suficiente para demostrar que Angela Lansbury era del y para el pueblo.

En el patio de butacas me esperaban su hermano Bruce, que había sido productor en Se ha escrito un crimen, y su sobrino, que supieron templar mis nervios mientras sostenía un ramo de rosas frescas. “Tranquilo, Angela es encantadora”, no cesaban de repetir. Así son los monstruos sagrados de ese arte llamado cine y teatro. Aquella cita no hubiera sido posible sin la inestimable ayuda de mi ‘mentora’ (así me lo decía cariñosamente) Liz Smith, una de las más prestigiosas columnistas de cotilleo del periodismo americano que me presentó a Irene Gandy, la única agente de prensa negra que durante más de cinco décadas ha controlado las marquesinas de Broadway.

Angela fue una mujer tremendamente generosa en actos y palabras. Los discursos de agradecimiento en los homenajes a su gran amiga Elizabeth Taylor, con quien protagonizó Fuego de juventud (1944), demostraban una vez más que cuando una estrella tiene confianza en sí misma no tiene miedo de que otras le puedan hacer sombra. Ese mismo compañerismo reinó en el ambiente durante el rodaje de Muerte en el Nilo (1978) cuando por falta de espacio, la Lansbury compartió camerino con Bette Davis y Maggie Smith, otras dos damas de la escena.

A Angela le podías hacer la prueba del algodón. No engañaba. Y aun ganaba más puntos entre los mortales cuando se alejaba del falso oropel hollywoodiense para dedicarse a sus pasatiempos favoritos, entre los que destacaban la jardinería, la cocina, las cartas manuscritas, disfrutar en familia y jugar al tenis.

Dos matrimonios

En privado no lo tuvo fácil. Sufrió. Y mucho. Cuando se casó por primera vez en 1945 con el actor Richard Cromwell desconocía que este fuera gay, por lo que la separación le partió el corazón. Cuatro años después encontró al amor de su vida, el agente Peter Shaw, con quien convivió hasta su fallecimiento en 2003. Tuvieron dos hijos, Anthony, que le dio mil quebraderos de cabeza por su adicción a la cocaína y la heroína, y Deirdre, que a punto estuvo de ser abducida por Charles Manson para integrarla en una ‘familia’ que protagonizó una de las historias más macabras y sanguinarias de la historia de Hollywood cuando asesinaron a cinco personas, entre ellas, la actriz Sharon Tate, que estaba esperando un bebé junto a su esposo, Roman Polansky.

Luis Fernando Romo con Angela Lansbury. 

La actriz se puso una coraza. Y liberó a sus hijos mudándose a Irlanda, donde había comprado una casa en el idílico paraje de County Cork, donde había nacido su madre, Moyna. Hasta su fallecimiento, ese fue uno de los retiros preferidos de Lansbury, una mujer para quien el lujo era sinónimo de familia.

Si los pilares de Hollywood son judíos, gran parte del desarrollo del Séptimo Arte se debe a un grupo de británicos (Charles Chaplin, Laurence Olivier, Cary Grant, Merle Oberon, Elizabeth Taylor) que, al igual que Angela, forman parte del imaginario colectivo transgeneracional. En 2014, la reina Isabel II le concedió el título de Dama del Imperio Británico por su contribución a las artes y la beneficencia.

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