25 de junio de 2019
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FIN DE SEMANA

Profesora y ensayista literaria, ha publicado once poemarios en setenta años y ha llegado a hacer de 'negra' de Gabriel García Márquez

Ida Vitale, Premio Cervantes 2019, la alumna aventajada de Juan Ramón Jiménez y José Bergamín

Ida Vitale
Ida Vitale
La poetisa Ida Vitale es la galardonada con el Premio Cevantes 2019. La uruguaya tiene una carrera breve pero llena de lirismo y presidida por una visión humorística de la vida. Tuvo entre sus maestros a José Bergamín y Juan Ramón Jiménez, exiliados en Latinoamérica. Ella misma vivió la dureza del mismo cuando abandonó el Uruguay de la dictadura en 1974 para instalarse en México donde contó con la ayuda de Octavio Paz.

Ida Vitale es una superviviente de la Generación del 45, la última gran nómina de escritores que ha exportado Uruguay. Ella destacó en el grupo por el sentido del humor que presidía en sus textos. Ahora, a los 95 años se la ha otorgado el Premio Cervantes, la más alta distinción literaria en lengua española. Vitale, ha declarado que se siente íntimamente unida al autor precisamente por el uso de la ironía.

"Habría que obligar a leerlo antes y explicarlo, porque es un breviario para la vida: está todo ahí. Es un perfecto manual de psicología” ha declarado sobre la obra cumbre de Miguel de Cervantes y de la literatura en castellano, El Quijote. Nacida en 1923, tuvo en el poeta español exiliado José Bergamín uno de sus principales maestros. “Su respeto por la libertad ajena, su arte de aguzar las sensibilidades y su optimismo”, cuenta del fallecido escritor español. Él fue su introductor en el mundo de la poesía. Se enamoró de su obra y de la de Juan Ramón Jiménez.

Con el autor de Platero y yo sus relaciones fueron más frías, pero supo sacar de su contacto con él toda la sabiduría del español. Hija de inmigrantes italianos, Vitale entendía perfectamente la situación de estos españoles que habían encontrado en la ‘Suiza de América’ como se conocía entonces a Uruguay, una perfecta patria de adopción. Experta en textos breves, Vitale se ha caracterizado por ser una autora poco fecunda. “No sé llamar a las musas como decía Picasso. Espero a que me dé el arrebato y cuando llega me siento”. Once poemarios componen su carrera en verso a los que hay que sumar una serie de ensayos literarios de primer orden. Entre ellos una completa biografía de Cervantes, cuyo premio ahora recibe.

Ida Vitale a mediados de los 70. 

Licenciada en Filosofía y Letras ejerció la docencia hasta 1973. Por el camino publicó cuatro poemarios y le dio tiempo a convertirse en una de las mejores ensayistas del Cono Sur. Casada en 1950 con el crítico Ángel Rama, con el que tendría dos hijos, colaboró con varias revistas literarias en su país. dirigió la revista cultural Clinamen y dirigió la revista Maldoror. No obstante, su destino se vio interrumpido con el ascenso de la dictadura cívico-militar en 1973, por lo que tuvo que exiliarse en México para 1974.

Vitale tuvo que reconstruir su vida lejos de país. Lo que había vivido a través de sus maestros españoles, el sentimiento de exilio, llegó a su vida a los cincuenta años. En el país azteca conoció al futuro Premio Nobel Octavio Paz, quien la ayudo a posicionarse dentro de la revista Vuelta como parte del comité asesor. En el exilio también participó en la fundación del periódico mexicano Uno más uno, colaboró como ensayista y crítica en Jaque, Asir, Crisis, Eco y El país, además de colaborar con las revistas a las que ya estaba adscrita, tradujo textos por encargo del Fondo de Cultura Económica, dictó conferencias, fungió como jurado de certámenes literarios y continuó con su vocación de maestra en instituciones como El Colegio de México.

Haciendo de ‘negra’ de García Márquez

No fueron éstos sus únicos trabajos para sobrevivir. En esa época empezó su trayectoria como traductora e incluso llegó a realizar un peculiar trabajo para un Premio Nobel, el tercero que se cruzaba en su vida después de Juan Ramón Jiménez y Octavio Paz. En este caso se trataba del colombiano Gabriel García Márquez. En 1981, cuando trabajaba como redactora de El Correo del Libro, recibió el encargo de conseguir que el novelista colombiano, premio Nobel al año siguiente, redactara unos folios para presentar el libro que acababa de publicar: Crónica de una muerte anunciada. Consciente de la dificultad de la misión y del presupuesto con el que contaba —cero pesos—, Vitale recurrió a un amigo común: Álvaro Mutis. Conseguida la audiencia con el creador de Macondo, este tuvo una idea todavía más descabellada que la de su jefe: ella escribiría el texto y él lo firmaría después de aprobarlo. Y así fue. Así, la poetisa se convirtió puntualmente en la ‘negra’ del autor de Cien años de soledad.

En 1984, Ida Vitale volvió a su tierra natal cuando la dictadura empezaba a agonizar, pero su estancia sería más bien corta, pues a los dos años viajaría con rumbo a Estados Unidos. Allí se acomodó en Austin (Texas) junto a Enrique Fierro, su segundo esposo. No obstante, realizó varios viajes a Montevideo durante sus años en el extranjero, recibiendo en uno de ellos el título de doctora honoris causa de manos de la Universidad de la República de Uruguay (Udelar).

Ida Vitale, superviviente de toda una generación y alumna aventajada de algunos genios de las letras, recibe el Nobel de manos del Rey Felipe VI y confiesa que éste premio “llega un poco tarde. Casi no me alcanzan”.

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