17 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Debutó en el cine como extra y acompañó a las grandes divas del cine español, aunque su verdadera pasión fue el teatro

Adiós, 'Chatín': el cine español despide al actor Arturo Fernández, su galán favorito durante siete décadas

Arturo Fernández.
Arturo Fernández.
Arturo Fernández, actor gijonés, murió este jueves a los 90 años de edad en Madrid. Padecía una dolencia estomacal que le obligó a cancelar su trabajo en el teatro el pasado mes de abril. Su gran amor profesional fue, sin duda, el teatro. Desde los años sesenta montó compañía propia y así se mantuvo hasta hace unos meses. Triunfó gracias al papel de galán algo caduco que oculta bajo a esa fachada a un pillo, que acaba en metiéndose en líos de los que sale gracias a su labia.

Esta era la tercera vez en este año que el intérprete, nacido en Gijón en 1929, tenía que ser ingresado: primero sufrió problemas de estómago y después se rompió una pierna en una aparatosa caída durante el pasado mes de mayo, que le obligó a cancelar sus compromisos profesionales. El actor, que permaneció en cartel hasta el pasado mes de abril, es una institución del teatro español. El cuerpo del famoso intérprete será inhumado en su Gijón natal. 

Arturo Fernández pertenecía a esa generación que accedió a la adolescencia en la peor época de España, recién acabada la Guerra Civil. Hijo de un militante anarquista, intentó buscarse la vida en varios trabajos, incluido el de boxeador. Como ‘El tigre del Piles’ saltó al ring. Su destino no estaba en recibir golpes. Su atractivo físico lo llevó a trabajar como extra de cine. Su primera intervención fue en La virgen de Fátima (1951), clásico film religioso de la época, a las órdenes de Rafel Gil, cineasta fundamental en su carrera. En 1954 saltó a las tablas y poco a poco comenzó a demostrar que era algo más que una cara bonita.

La consagración le llegó con tres filmes del llamo cine negro a la catalana. Un vaso de whisky (1.959), Distrito 5 (1957) y Los cuervos (1961). Esto llamó de nuevo la atención de Rafael Gil que le dio un papel protagonista en La Casa de la Troya (1.959), todo un éxito de taquilla de la época junto a Las chicas de la Cruz Roja (1958) donde también intervino.

Arturo Fernánez y Rocío Dúrcal en una imagen promocional de 'Cristina Gúzman". 

Sin embargo, el cine le sería poco generoso en papeles más allá de hacer de galán atractivo que servía de contrapunto de la diva de turno. El asturiano tuvo entre sus brazos a lo más granado de las reinas de la pantalla nacional. Acompañó a Paquita Rico en La viudita naviera (1961), a Carmen Sevilla en Camino del Rocío (1968) y El relicario (1969), a Amparo Muñoz en Tocata y fuga de Lolita (1974),  a Rocío Dúrcal en Cristian Guzmán (1968), a Lina Morgan en La tonta del bote (1970) y Esta que lo es (1974),  a Lola Flores en Casa Flora (1972),  a Nadiuska en La amante perfecta (1976), a Concha Velasco en Un lujo a su alcance (1975), a Bárbara Rey en La muerte ronda a Mónica (1976) y hasta a Isabel Pantoja en El día que nací yo (1991).

Entrega del premio Pepe Isbert de teatro por parte de María Isbert.

Siempre afirmó que su mejor papel en el cine se lo otorgó José Luis Garci en El crack II (1984) donde interpretaba el papel de un homosexual en el armario implicado en una trama de chantajes. Un año antes había obtenido un gran éxito con Trúhanes junto a su gran amigo Paco Rabal con que llegó a compartir cartel en cuatro películas. El éxito de este film dio el salto a la televisión una década después en Telecinco. Su última intervención en el cine fue en Desde que amanece apetece (2005).

Su gran amor profesional fue, sin duda, el teatro. Desde los años sesenta montó compañía propia y así se ha mantenido hasta hace unos meses. Homenaje, La chica del asiento de atrás, Pato a la naranja, Alta seducción, La segunda oportunidad, Mejor en octubre, Esmoquin y Esmoquin 2 fueron algunas de las obras que protagonizó a lo largo de sus más de cincuenta años como actor y productor. En todas ella, en tono de alta comedia, interpretaba el mismo perfil de personaje. Un galán un tanto caduco que oculta bajo a esta fachada a un pillo que acaba metiéndose en todo tipo de líos saliendo de los mismos gracias a su labia. Como a su amiga Lina Morgan, el público apenas le dejó salirse de su arquetipo. Aunque el asturiano intentó hacer personajes más complejos como el Don Juan de Albert Boadella o Enfrentados donde se ponía en la piel de un sacerdote, era consciente de que el público le reclamaba siempre un determinado arquetipo y gracia a él podía presumir de ser de los pocos actores con compañía propia que arrasaba en taquilla.

Sólo la exitosa serie de televisión La casa de los líos (1996-2000) en Antena 3 lo apartó momentáneamente del teatro. Muchos se sorprendieron de que la cadena privada pagara, según se publicó, 60 millones de pesetas por episodio. Un directivo de la misma llegó a asegurar que “sólo Concha Velasco, Lina Morgan y Arturo pueden pedir lo que quieran. Hagan lo que hagan arrasan”. La prueba está en que sólo la enfermedad consiguió que el asturiano se bajara del escenario en plena gira donde, una vez más, estaba cosechando el éxito de siempre. Deja viuda a Carmen Quesada, su compañera de vida.

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