24 de julio de 2021
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EDICIÓN VERANO

La dibujante madrileña Carla Berrocal narrará la historia de la artista que arrasó en Broadway con sólo 15 años y fue precursora de la copla actual

La apasionante vida de la tonadillera valenciana Concha Piquer se convertirá en un cómic

Concha Piquer.
Concha Piquer.
'Doña Concha: la rosa o la espina' es el título de la novela gráfica, cómic, que editará Reservoir Books en noviembre. La dibujante Carla Berrocal, de 38 años, es quien ha decidido contar en viñetas la apasionante biografía de la mujer que inventó el género de la tonadilla o copla, tal y como hoy lo conocemos. "En Francia idolatran a Édith Piaf y Concha Piquer es nuestra Édith Piaf", asegura la autora de este libro.

Pocos nombres sobreviven al paso del tiempo como el de Concha Piquer López. Su eco ha llegado incluso al lenguaje popular con expresiones tan utilizadas y conocidas como la de “viajar más que el baúl de la Piquer”. De ella se ha dicho que fue la mejor voz de la primera mitad del siglo XX y que el nacimiento de la copla como género, algo que se movía entre el flamenco, la tonadilla del XIX y el cuplé francés, se debe a su peculiar forma de cantar, interpretando historias en tres minutos con presentación, nudo y desenlace.

Para ella escribió el trío más famoso de compositores de la música popular española: Quintero, León y Quiroga. A través de la voz de "Doña Concha", como fue conocida casi desde el principio de su carrera, Rafael de León habló de homosexualidad velada, infidelidades, asesinatos por amor y prostitución. No deja de resultar sorprendente que temas como Ojos verdes, La otra, Lola Puñales o Tatuaje, sobrevivieran a la implacable censura franquista y no sólo eso, sino que se convirtieran en la banda sonora de la calle en los tiempos de la moral nacionalcatólica.

Concha Piquer fue, en gran parte, la heterodoxia controlada y su leyenda iba y venía de América donde sus giras eran larguísimas, siempre acompañada de sus célebres baúles que contenían su vestuario de teatro, considerado uno de los más cuidados de la época.

Cultivó siempre una imagen de diva y su carácter fuerte y decidido pasó a formar parte de la leyenda. Hoy en día es difícil averiguar qué anécdotas de las que se le achacan son reales y cuáles no. Así, se cuenta que en una de las recepciones del General Franco en el Palacio de La Granja cuando le pidieron que cantara, ella contestó de forma seca: “¿Su Excelencia ha merendado ya ?.. Pues yo no”.

De Valencia a Broadway

Nació en el barrio de Sagunto, en la ciudad de Valencia, un 8 de diciembre de 1906. Justo el mismo año en el que el Rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg contraían matrimonio. Y llegó al mundo en una España sumida todavía en el dolor por la pérdida de las últimas colonias. Siendo una niña, el maestro compositor, también valenciano, Manuel Penella descubrió su personal voz al escucharla en el teatro del Huerto de Sogueros, donde se la conocía como la “la xiqueta del carrer Morvedre”.

Penella se quedó fascinado con ella y se la quiso llevar a Nueva York. Allí estaba preparando la obra El Gato Montés. Concha, ilusionada, convenció a su madre para que la dejase ir. En Nueva York, Concha Piquer se convierte es una verdadera profesional de la canción y pule su voz. En esos años hace todo tipo de números e incluso, imita al famoso cantante Al Johnson. Y como no podía ser de otra forma, participa en los primeros experimentos del cine mudo.

A finales de los años 20 vuelve a España e interviene en la exitosa película El negro que tenía el alma blanca, de Benito Perojo, y debuta en el teatro. El éxito como actriz es instantáneo y comienza a estrenar las primeras canciones que se harían famosas como En tierra extraña.

Además, rueda una de las primera películas sonoras españolas, La bodega (1930), basada en la novela de su paisano Vicente Blasco Ibáñez. Sin embargo, la gran pantalla se le resistiría y en los siguientes veinte años sólo rodaría cuatro películas más: Yo canto para ti (1935), La Dolores (1939), Filigrana (1949) y Mi mujer es una estrella (1951).

Su gran amor

El gran amor de La Piquer fue su marido, el torero Antonio Márquez, quien tuvo el sobrenombre entre los aficionados al toro de ‘Belmonte Rubio’. Quién le iba a decir a doña Concha que la letra de la canción “Romance de la Otra”, se iba a convertir en la imagen de su propia vida.

Antonio estaba casado con la cubana de origen vasco, Ignacia de Arechavala, cuando conoció a doña Concha. Por eso la folklórica y el torero tuvieron que casarse en 1945 en Montevideo pues en España el divorcio estaba prohibido. La ley de divorcio se consiguió mucho más tiempo después, en el año 1981.

Así contaba Concha Piquer cómo se enamoró de Antonio Márquez: “Yo lo había visto torear y ya me había fijado en sus ojos azules; le llamaban el Belmonte Rubio, y pensé que aquel hombre no se me podía escapar. Me enamoré de él por los ojos. Luego nos encontramos en un baile de máscaras en el Teatro de la Zarzuela, donde yo iba a todo meter, y se quedó patidifuso, era el año 1928". Fruto de esta relación el 31 de diciembre de 1945 nació su única hija, Concha Márquez Piquer.

Guerra de foklóricas

Con una compañera de generación de su hija vivió doña Concha un célebre desencuentro: Rocío Jurado. En el fondo, la chipionera era, por talento y voz, la continuadora de la Piquer. Si la primera reinó sobre la primera mitad del siglo, la segunda mitad sería la época de la Jurado.

Cuando Rocío Jurado fue presentada a Doña Concha, ésta decidió interpretar en presencia de la valenciana uno de sus temas. Esto no gustó nada a la valenciana que tal vez descubrió en el talento de la gaditana una sombra para su hija Conchita. Lo cierto es que años después, la Jurado y la hija de la Piquer coincidieron en el concurso televisivo Pasaporte a Dublín (1970) y nuevamente hubo fuertes tensiones.

El enfrentamiento entre ambas divas tuvo su cénit cuando Rocío Jurado visitó Cantares, el programa que Lauren Postigo presentaba con éxito a finales de los 70 en la televisión pública española. Al ser preguntada por Concha Piquer, respondió: “Yo soy más larga”, dando a entender que su registro de voz era más amplio. Unas semanas más tarde en el mismo programa respondía Conchita Márquez Piquer con ironía: “¿Especificó en qué era más larga? Tal vez se refería al pie que calza o al tamaño de su busto”.

La Greta Garbo española

El final de la carrera de Concha Piquer también estuvo rodeado de leyenda. La versión oficial dice que, actuando en Isla Cristina (Huelva) desafinó, por primera vez en su vida, cantando la canción Mañana sale y en el tocador del camerino escribió con pintalabios: “Hoy actúa Concha Piquer, por última vez”.

Inició así su retiro de la vida pública. Apenas concedió entrevistas y nunca volvió a cantar, convirtiéndose en el recuerdo de una época a la que ella puso la banda sonora más popular y reconocible. Falleció el 12 de diciembre de 1990 en Madrid. Su desfile sepulcral el 14 de diciembre colapsó la Gran Vía de Madrid de gente que quería despedir al icono de una época inolvidable para la canción española. Un mito popular que ha sobrevivido al paso de las modas y de los tiempos para convertirse en leyenda: "Doña Concha Piquer".

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