19 de junio de 2019
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FIN DE SEMANA

Basada en hechos reales, representa su vuelta a la actuación y dirección simultanea desde “Gran Torino”

En “Mula” Clint Eastwood elige ser más complaciente para dejar claro su mensaje

Clint Eastwood, más allá de un símbolo como actor es un director con el que he ido creciendo y con el que me sigo maravillando con, al menos, 4 obras maestras: “Sin Perdón”, “Mystic River”, “Million Dollar Baby” y “Gran Torino”.

Todas estas películas son diferentes en su envoltorio pero los mensajes permanecen iguales, la transmisión de las ideas: la violencia cruda y sin glamour, el arrepentimiento y un último acto como gesto de redención. Todos estos factores se plasman con diferentes personajes y es la ejecución sutil y poética de estos planteamientos lo que hace a Eastwood un maestro.

Clint Eastwood en una secuencia de 'Mula'

Su nueva película, hecha con 89 años, nos habla de Earl Stone (Eastwood), un octogenario que está en quiebra, solo, y que se enfrenta a la ejecución hipotecaria de su negocio, se le ofrece un trabajo aparentemente fácil: sólo requiere conducir. Pero, sin saberlo, Earl se convierte en traficante de drogas para un cártel mexicano, y pasa a estar bajo el radar del agente de la DEA Colin Bates (Cooper).

A todos los fans de Eastwood nos gustaría, nos encantaría que este amado artista terminase su legado con otro de sus regalos a la historia del cine. Sin embargo, este hombre parece estar enganchado a rodar como un adicto y este no es ni mucho menos un título en decadencia. Es inevitable sentir simpatía por el carisma que derrocha el actor con este personaje tan mayor en un entorno tan pintoresco como es el de los cárteles, en muchas ocasiones dan como resultado situaciones para la comedia.

Y es que aquí, no hay una intención de mostrar una vena tan trágica o poética como habíamos visto en el pasado. La intención aquí es entretener al público con una extravagante historia real y de paso, dar un mensaje vital que el equipo del film parece tener muy claro, lo que mencionan como: “lo verdaderamente importante en la vida…”.

Esta historia debería ser juzgada por sus propios méritos y no ser comparada. Es un producto amable, disfrutable por todos que a pesar de ser algo complaciente no se ajusta al correctísimo tan popular que impera hoy en día. No tiene problema en mostrar al protagonista acompañado de dos prostitutas mulatas y eso, se agradece.

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