16 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA

Nacida en Alemania, es bisnieta del 'canciller de hierro' Otto von Bismark y acabó siendo una defensora de la figura de Jesús Gil y Gil

Los personajes del verano (IV): Gunilla von Bismark, la reina sin corona de la jet set marbellí

Gunilla von Bismark
Gunilla von Bismark / La bisnieta del 'canciller de hiello' Otto von Bismark es un símbolo de Marbella.
Gunilla von Bismark, nacida en Alemania, es bisnieta del 'canciller de hierro' Otto von Bismark y acabó siendo una defensora de la figura de Jesús Gil y Gil. Durante muchos años, la condesa fue un símbolo del veraneo de la jet set internacional que hizo de Marbella uno de los destinos favoritos del famoseo y un objetivo para la prensa del corazón.

Marbella, Ibiza y Mallorca han sido tradicionalmente los lugares donde la prensa rebuscaba información ante la sequía habitual del estío. Auténticos paraísos terrenales y joyas de la corona del turismo patrio, estas localidades acaparaban toda la atención mediática e inevitablemente cada lugar fue generando sus propios mitos locales y a fuerza de acaparar las negritas de las columnas se convirtieron no sólo en personajes populares sino en las banderas no oficiales de las localidades en las que habitaban y transitaban de forma más o menos festiva. 

Si Ibiza se asoció durante años a la princesa Smijtla y Mallorca a la Corte que rodeaba a Juan Carlos I, en Marbella reinaba por derecho propio Gunilla Von Bismark. Esta rubicunda alemana, como tantos otros centroeuropeos, descubrió la Costa del Sol a finales de los 60. Marbella era un refugio para la jet set y Gunilla decidió instalarse allí. Ya en 1970 decoró con su sonrisa king size la inauguración de Puerto Banús junto a Roman Polanski y Rainiero de Mónaco con Grace Kelly.

De lo exclusivo de los 70 a lo irreverente y recargado de los 90, la bisnieta del Canciller de Hierro siempre estaba ahí. En verano era imposible abrir las revistas del corazón y no tropezarse con la imagen de Gunilla. Siempre extravagante y dando la sensación de que se pasaba la vida vestida como para un carnaval, de fiesta en fiesta, sonriendo como si nos recordara que tenía el mejor hígado de la zona euro dada la resistencia a décadas de juergas y, suponemos, sus consecuentes resacas.

Luis Ortiz y Gunilla divirtiéndose en los 90. 

Llegó a tener un local con su nombre, el Gunilla’s, pero lo suyo no era administrar la noche sino beberla y disfrutarla. Educada en Estocolmo y amiga desde la adolescencia del hoy monarca, Carlos Gustavo de Suecia, acabó encontrando el amor en las playas de Marbella en Luis Ortiz, hijo del que fuera censor oficial de Radio Televisión Española.

Tras casarse en un frío palacio alemán en 1978, la pareja fue la más estable dentro de la inestabilidad que reinaba en la Jet marbellí. Vendieron un falso divorcio que se hizo verdadero en 1989 y aún hoy nadie sabe si siguen juntos o no. El caso es que siempre, antes y después de la separación, siguieron entrando juntos a todos los locales de moda y eso une mucho más que una vicaría o un salón municipal de plenos. Dónde va a parar.

Por eso Gunilla es verano, porque es una locura controlada. La transgresión temporal para que la norma de la cotidianidad tenga sentido. Sus declaraciones siempre han rayado lo absurdo y nunca ha terminado de dominar el castellano. Claro que a su marido le pasa lo mismo y es de aquí.

En los ochenta defendió con uñas y dientes a sus comadres de la jet set, en plan delegada sindical de las ‘pititas’, tras una carta del obispo de Málaga Xirinac criticando la forma de vida de la ciudad. Con la llegada de Jesús Gil se subió al carro y hasta se llegó a rumorear que el Ayuntamiento le pagaba por hacer de relaciones públicas. Tanto quería a Gil que no le dolieron prendas, de marca por supuesto, para participar en una manifa, como si fuera una Irene Montero de los pijos, pidiendo la excarcelación del orondo alcalde

Cuando la Marbella de Gil acababa, también la imagen de Gunilla se depauperaba. Cada vez interesaba menos a las revistas y declaraba que odiaba las multitudes, sobre todo si eran de acreedores, ya que desde hacía años estaba más tiesa que una regla y no veía soluciones al caso, sobre todo porque su familia había desterrado el trabajo de sus quehaceres diarios desde hacía tres generaciones.

Luis Ortiz y Gunilla en una de sus últimas apariciones. 

Hoy no se sabe si habita en Marbella o no porque no se la ve por ningún lado. Evita a la prensa como si fuera Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses y tiene un hijo, inversor en su día de Tuenti, que se encarga de todo. Su Marbella ya no existe y ella ha quedado como un lujo exótico que los españoles nos permitíamos cuando creíamos que teníamos dinero. La alemana ya lo advirtió: “La gente dice que no hacemos nada. Claro que sí. No paramos de divertirnos. El Gobierno nos tendría que subvencionar por eso”.

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