15 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

LA PELÍCULA GANADORA DE 7 OSCARS DEVUELVE A ESCENA EL DIARIO DE CARTAS DEL VOLUNTARIO DALLET A SU AMANTE KITTY EN 1937 DESDE ALBACETE

El vínculo oculto de Oppenheimer con España: El romance secreto de su mujer con un brigadista

El Cierre Digital en Joe Dallet, Robert Oppenheimer y Kitty Oppenheimer.
Joe Dallet, Robert Oppenheimer y Kitty Oppenheimer. / Montaje sobre foto de The Abraham Lincoln Brigade Archives y Los Alamos National Laboratory.
Los Oscar han reafirmado a la película 'Oppenheimer' como una de las mejores de 2023. Con siete premios, la cinta de Christopher Nolan trae a la actualidad el vínculo del físico con nuestro país a través de las cartas de amor que, desde Albacete, Joseph Dallet, comunista norteamericano que se enroló en las Brigadas Internacionales, escribía a su esposa, la activista Katherine 'Kitty' Vissering, que finalmente acabó casándose con Robert Oppenheimer.

Nadie o casi nadie dudaba de que ‘Oppenheimer’, de Christopher Nolan, iba a ser una de las grandes películas de 2023 cuando arrasó en taquilla en medio mundo. Luego comenzaron a caerle los premios en cascada y, de hecho, en la 81ª edición de los Globos de Oro ya se hizo con cinco galardones. Por eso, el que este domingo la cinta dominara en los premios de la Academia no ha sido una sorpresa para críticos y aficionados al séptimo arte.

La película, que narra la historia del proceso de creación de la bomba atómica, ha obtenido siete premios Oscar, incluyendo mejor película, la actuación para Cillian Murphy y Robert Downey Jr., y mejor director para Christopher Nolan.

Este reconocimiento a la cinta de Nolan en la noche más importante del cine permite rescatar una historia que relaciona al cerebro de la bomba atómica con España, y más concretamente, con Albacete. Sí, y todo en virtud de la historia de amor entre Joseph Dallet Jr., comunista norteamericano que se enroló en las Brigadas Internacionales, y su esposa, la activista Katherine 'Kitty' Vissering, quien posteriormente se casó también con Robert Oppenheimer.

‘Oppenheimer’ cuenta en 180 minutos un episodio clave de la historia universal reciente, la protagonizada por Julius Robert Oppenheimer, el lúcido físico estadounidense que, en plena II Guerra Mundial, se puso al frente del Proyecto Manhattan, liderando en el complejo de Los Álamos los ensayos nucleares para construir la bomba atómica para su país, que finalmente se utilizó en Hiroshima y Nagasaki en 1945.

El desarrollo de la película recuerda cuando, a un suspiro de la Segunda Gran Guerra y con el nazismo mandando en Alemania, el físico norteamericano no ocultaba sus simpatías con la lucha antifascista que se libraba en España en defensa del bando republicano, y las ayudas económicas que prestaba a los refugiados españoles, además de su evidente preocupación por los desmanes de Hitler. Todo ello, fruto de sus propias inquietudes ideológicas, aunque nunca se afilió al Partido Comunista de Estados Unidos, y de las vinculaciones familiares y sentimentales con la causa.

Su hermano, Frank Oppenheimer, también un físico sobresaliente, y su amante, la psiquiatra Jean Tatlock, sí eran militantes y activistas. Además, la que sería su mujer Katherine Kitty Vissering Puening, estuvo casada con Joe Dallet antes de hacerlo con el cerebro de la bomba atómica. Y ahí entran las Brigadas Internacionales y Albacete, como ya relató el periodista José Fidel López en su portal Cuentos de Cine.

El romance que vincula la historia de Oppenheimer con España

El amor que se profesaban Joe y Katherine quedó reflejado en la serie de cartas que el brigadista norteamericano escribió a su esposaLetters from Spain by Joe Dallet -American Volunteer- to his wife (Cartas desde España de Joe Dallet -Voluntario Americano- a su esposa), reunidas en un pequeño libro en 1938, y que narran a modo de diario el periplo recorrido por el dirigente comunista una vez llegado a Europa para incorporarse a las Brigadas Internacionales.

Recuerda la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI) que, durante la guerra española (1936-1939), más de 35.000 hombres y mujeres de 53 países distintos acudieron a España en auxilio del gobierno de la II República. “Nunca en la historia se ha producido un caso tan extraordinario de solidaridad internacional. Aquellos jóvenes vinieron dispuestos a dar su vida para ayudar al pueblo español, cuyos derechos y libertades estaban amenazadas por el fascismo español y europeo” y “más de 9.000 de ellos dejaron sus vidas en los campos de España”.

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Libro de 1938 que recoge la correspondencia que Joe envió a Kitty.

Una crónica epistolar que comienza el 30 de marzo de 1937, en Perpignan, Francia, hasta mitad de octubre, cuando fallece en el frente. Esta colección de misivas también se refleja en An atomic love story: the extraordinary women in Robert Oppenheimer's life (Una historia de amor atómica: las mujeres extraordinarias en la vida de Robert  Oppenheimer), libro aparecido en 2013 obra de Shirley Streshinsky y Patricia Klaus.

La vida del brigadista Dallet

La historia de Dallet daría para otra película no carente de intensidad. Nacido en 1907 en Long Island, Nueva York, Joseph Dallet Jr. pertenecía a una familia acomodada y, a pesar de matricularse en la universidad, decidió abandonar el sistema educativo completamente desencantado.

Muy pronto, tras alguna escaramuza laboral en el negocio de los seguros y con poco más de 20 años, se involucró en movimientos sindicales e izquierdistas, lo que distaba mucho de la tradición familiar, para acabar trabajando en acerías de Pensilvania y Ohio. Terminó afiliándose al Partido Comunista de Estados Unidos en 1929, el mismo año en el que se casó con su primera esposa, Barbara Rand, quien también compartió activamente inquietudes sindicales y políticas.

Ese primer matrimonio acabó pronto en divorcio, mientras que sus cavilaciones ideológicas iban a más. Se erigió en una figura reconocida en el comunismo militante y entre las clases trabajadoras del Medio Oeste norteamericano, luciendo un estilo duro y contundente en los mítines, discursos y reuniones que promovía. Y hasta se postuló sin éxito para alcalde de Youngstown, ciudad de Ohio, en una candidatura comunista.

Las ideas de izquierda le bullían en la cabeza como una olla a presión y la situación que vivía España a causa de la amenaza fascista que personificaba Franco le causaban zozobra en su interior, por lo que decidió finalmente ayudar al Gobierno republicano a derrotar a los sublevados, uniéndose a la Brigada Abraham Lincoln en Nueva York.

En marzo de 1937 cruzó el Atlántico para incorporarse a la guerra que se libraba en España, y su ruta contemplaba entrar a través de Francia. Pero no fue coser y cantar, ya que el 27 de marzo, el grupo de voluntarios del que formaba parte fue arrestado frente a la costa española por las autoridades galas. Pasó 21 días entre rejas y, de nuevo, vuelta a empezar. Se encomendó con todas sus fuerzas a su misión, penetrar en nuestro país, y lo consiguió el 22 de abril, atravesando los Pirineos. Hasta la madre naturaleza se lo puso complicado.

Ya en tierras españolas, tras pasar por Barcelona y Valencia un periplo más que accidentado, llegó a Albacete, y ahí se inició esa novela por entregas, esas cartas que han permitido, pasadas las décadas, reconstruir la historia que unió a Joe con Kitty. En esa relación epistolar, el brigadista norteamericano iba narrando sus responsabilidades políticas de adoctrinamiento, de educación y de fomento de la moral de los voluntarios, la mayoría canadienses, que formaban parte del Batallón Mackenzie-Papineau y que, tras un periodo de formación de tres meses en Tarazona de la Mancha, fue enviado al frente.

Kitty Vissering, esposa de Oppenheimer

De los textos se deduce que eran conversaciones entre dos personas volcadas con la causa. Tanto monta, monta tanto. Kitty, que había nacido el 8 de agosto de 1910 en Recklinghausen, Alemania, emigró a Estados Unidos con su familia gracias a que su padre era un avezado ingeniero, muy valorado por el modelo de altos hornos que había inventado y, con el tiempo, patentado. En Pittsburgh, Pensilvania, inició sus estudios universitarios y también se casó por primera vez. Lo hizo con Frank Ramseyer, estudiante de música.

Tras ese primer matrimonio, fallido y anulado en 1933, conoció en la Nochevieja de ese año a Joe, pero no se fue a vivir con él hasta pasados unos meses, ya que su padre fue enviado a Londres como representante de su empresa de Chicago, y en ese traslado le acompañó toda la familia. Corría el mes de agosto de 1934, y Kitty, que terminó licenciándose en Biología y Botánica, se marchó a vivir con Dallet, con el que se unió en matrimonio de derecho consuetudinario, una forma legal, pero informal. Su situación económica era complicada, percibían un mísero desempleo, y su residencia era una desvencijada habitación que compartían en una casa de huéspedes de tercera categoría.

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Kitty Oppenheimer con su familia./ Google Arts and Culture.

Finalmente, Kitty se afilió, no sin antes demostrar su lealtad a la organización, repartiendo ejemplares del Daily Worker, periódico editado en Nueva York por el Partido Comunista de Estados Unidos, y con el salvoconducto de que su esposo ya era destacado militante.

En el verano de 1936 la pareja puso un océano de por medio, ya que Kitty se marchó de nuevo a Inglaterra con su familia, pero Joe no dejó de escribirle, unas cartas que eran secuestradas por la madre de su amada. Y así fue hasta que la bióloga las descubrió, y gracias a la última de ellas supo que su esposo se dirigía a España para incorporarse a las Brigadas Internacionales. Ella se reunió con él y su mejor amigo, Steve Nelson, en Cherburgo, Francia, y viajaron juntos a París. Después de unos días allí, Kitty regresó a Londres, y Dallet y Nelson llegaron a Albacete.

Para la posteridad quedaron sus escritos, unas cartas en las que Joe no ocultaba su resentimiento por su nombramiento como comisario político, lo que le impedía actuar en el frente, que era su anhelo. Aunque a la postre lo consiguió, costándole la vida con apenas 30 años. También se refería a las diferencias de criterio que, en la organización y dirección de las Brigadas Internacionales, mantenía respecto al papel de los comunistas. "Debemos tratar de convertir a algunos de nuestros políticos en militares a los que debe aceptar porque son muy necesarios", espetaba en una de sus cartas.

Pasó por el campo de entrenamiento y, posteriormente, por la Escuela de Formación de Oficiales y Suboficiales, ubicada en Pozo Rubio, un espacio que consideraba ideal por su pinada y por la cercanía —"a tres kilómetros hay un río caudaloso"— al Júcar, en el que anunciaba que se iba a bañar "varias veces a la semana", consiguiendo así "lo que es una de las cosas más difíciles de lograr en España, un baño".

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Brigadistas en la Escuela de Oficiales de Pozo Rubio. / Cedobi

Un relato preciso de la vida de un brigadista en esta provincia, en los puntos que sirvieron para alojar, entrenar, alimentar, curar, informar, concienciar, animar y divertir. "Anoche fuimos a ver una película soviética, Love and hate, con diálogos en ruso y subtítulos en español", señala en uno de los pasajes de sus relatos. O cuando llegaban suministros a las tropas. O cuando recuerda su paso por el Club de Voluntarios, ubicado en el otrora Círculo Mercantil, en plena plaza del Altozano. O cuando vino exprofeso a la ciudad a fotografiarse para su esposa. "Ayer estuve en Albacete para hacerme una foto e, incluso, me afeité para lucir lo mejor posible para ti, pero no hay película disponible, tendrás que esperar".

La idea de Katherine era la de unirse con su marido en España, viaje que tuvo que retrasar por mor de lo que se pensó en principio era una apendicitis, aunque en realidad fueron unos quistes en un ovario. Diagnosticada e intervenida, se recuperó en Inglaterra. Pero el alta médica llegó demasiado tarde, ya que cuando quiso partir hacia nuestro país, Joe ya había sido abatido en combate en el frente aragonés. Fue el 17 de octubre de 1937.

Por supuesto, las cartas abordan ese episodio. En un escrito del 17 de mayo, y ante el interés de Kitty por venir a España, Joe le explicó: "Me veo obligado a decir que no, por el momento al menos. Hemos tomado la decisión de que ninguna esposa puede venir aquí a menos que surja una emergencia", aunque "personalmente creo que serías un conductor de tanques de primera". Las cosas cambiaron un mes después y, a mitad de junio, el comisario político logró que se hiciera una excepción con Kitty en virtud de los servicios prestados al Partido Comunista de Estados Unidos.

Pasado el ecuador agosteño, el norteamericano, informado de la intervención a la que debía ser sometida su pareja por el problema quístico, le escribió: "Cuídate, buena suerte en la operación, todo mi amor". Unas semanas después, Joe, se incorporó al frente aragonés, cayó fulminado en Fuentes de Ebro por las balas del ejercito nacional, y el ansiado reencuentro con su esposa se frustró para siempre. Y ahí acabó su historia de amor.

Luego, vendría la vuelta de Kitty a Estados Unidos y su boda con Robert  Oppenheimer. Con el tiempo, las relaciones con el comunismo le salieron caras al padre de la bomba atómica. Pero esa es otra historia, que nos presenta la laureada cinta.

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