04 de junio de 2020
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FIN DE SEMANA

Aniversario del final de la contienda en España con el triunfo del bando sublevado y el comunicado leído por este actor

Fernando Fernández de Córdoba: La voz que anunció el fin de la Guerra Civil el 1 de abril de 1939

Fernando Fenández de Córdoba.
Fernando Fenández de Córdoba.
Hace 81 años llegaba a su término la Guerra Civil con el triunfo del bando sublevado con Francisco Franco a la cabeza. La voz del locutor Fernando Fenández de Córdoba anunció desde Burgos el fin de la contienda y el inicio de la dictadura militar en nuestro país. Este militar madrileño fue uno de los fundadores de Radio Nacional de España (RNE) y en la primera década del régimen secundó a las grandes estrellas del cine de la época como Paquita Rico y Aurora Bautista.

El 1 de abril de 1939 la Guerra Civil llegó a su fin. “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Con estas palabras el actor Fernando Fernández de Córdoba comunicaba a las 22:30 horas a través de Radio Nacional de España desde Burgos el fin de la contienda.

El texto fue redactado por el propio Francisco Franco. En un principio lo iba a leer el propio general, pero se descartó la idea. Así lo contaba el historiador Isaac Rilova para la web Burgosconecta.es: “Franco tenía gripe cuando su ayudante, el teniente coronel Martínez Maza, le dijo que había caído Cartagena y la guerra había terminado, por lo que en principio reaccionó de forma muy comedida, con un simple gracias”. 

Pero ¿quién era realmente este actor y locutor que pasó a la historia por este mensaje de 37 segundos? Este militar con vocación artística nació en Madrid en 1897 en la plaza de la Independencia, al lado de la Puerta de Alcalá. Después de estudiar en el Colegio Clásico Español en la cercana calle Serrano inició la carrera militar en el arma de Ingenieros.

Pronto las candilejas le tiraron más que los sables y empezó a trabajar como actor en cine y teatro. En los años veinte el cine español vivía una época floreciente. Eran los años del cine mudo y los carteles que acompañaban a las películas extranjeras rara vez se traducían. Esto y las temáticas locales de las películas hacían que el público acudiera en masa al nuevo entretenimiento.

Fernández de Córdoba se convirtió en un galán recurrente con películas como Las de Méndez (1927) o Agustina de Aragón (1928). El Golpe de Estado de julio de 1936 le sorprendió en Córdoba trabajando como rapsoda en la compañía de Manuel González y Carmen Muñoz.

Se incorporó al bando de los sublevados como oficial de complemento. Recién inaugurada Radio Nacional de España (RNE) su voz engolada hizo que se le otorgara la función de leer los partes de guerra. Formó parte del equipo fundacional de RNE desde el primer día de emisiones el 19 de enero de 1937 desde el Palacio de Anaya de Salamanca. Con Hernando Bocos, primer redactor jefe de RNE, emitían programas de información y de entretenimiento.

Al acabar la guerra retomó su carrera cinematográfica trabajando sobre todo como actor secundario. Nunca tuvo un rol que lo hiciera especialmente popular pero llegó a colaborar en algunas de las películas más taquilleras de los años de posguerra acompañando a la estrellas del momento como Imperio Argentina en Bambú (1945), Amparo Rivelles en La calle sin sol (1948), Sara Montiel en Pequeñeces (1949), Lola Flores en La estrella de Sierra Morena (1952), Paquita Rico en Rumbo (1949) y La alegra caravana (1953), Juanita Reina en Lola, la Piconera (1951), Aurora Bautista en Agustina de Aragón (1950), Ana Mariscal en De mujer a mujer (1950) o la diva mexicana María Félix en Una mujer cualquiera (1949).  También rodó los inevitables filmes propagandísticos del régimen como El santuario no se rinde (1942), El frente de los suspiros (1942) o La trinca del aire (1951). Su mejor papel fue en Las aguas bajan turbias (1948) de José Luis Sainz de Heredia, considerada una obra cumbre del realismo.

Tras dejar la interpretación activa fue profesor de interpretación llegando a ser director de la Real Academia de Arte Dramático, después convertida en Real Escuela Superior (RESAD) y por fin gerente de los Teatros Nacionales. Falleció en Madrid en 1982 a la edad de 85 años.

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