28 de noviembre de 2022
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FIN DE SEMANA

El trazo de las manos del retrato de la infanta Isabel Clara Eugenia hizo a los expertos pensar, 52 años después, que era obra del pintor flamenco

Arte escondido: Un historiador adquirió en 1970 un Van Dyck por menos de 80 euros

Infanta Isabel Clara Eugenia, copia del retrato original de Van Dyck.
Infanta Isabel Clara Eugenia, copia del retrato original de Van Dyck.
El historiador de arte Christopher Wright compró hace 52 años lo que él creyó que era una copia del retrato de la infanta Isabel Clara Eugenia de Anton Van Dyck. Ahora, después de una visita de su amigo Colin Harrison, conservador sénior de Arte Occidental en el Museo Ashmolean de Oxford, piensa que en realidad no es una copia. Tras llevar el retrato al Instituto Courtauld de Arte de Londres se ha determinado que se puede atribuir la autoría al taller del pintor, pero no a él, de momento.

Corría el año 1970. Christopher Wright, un historiador de arte británico, adquiría un cuadro en la capital del Reino Unido por 65 libras –menos de 80 euros–. La obra le fue vendida como una supuesta copia del retrato de la infanta Isabel Clara Eugenia del pintor flamenco Anton van Dyck. Esta “copia” ha permanecido en una pared del salón de su casa durante todos estos años.

Tras una visita de Colin Harrison, conservador sénior de Arte Occidental en el Museo Ashmolean de Oxford, el historiador de arte comenzó a apreciar detalles de la obra que, hasta entonces, le habían pasado inadvertidos. Harrison, en su visita, le avisó de que ese cuadro podría tratarse de una producción de Van Dyck, quien acabó sus días en Londres.  

Unas manos reveladoras

Christopher Wright ha pasado 52 años de su vida con una obra de arte original colgada en su salón sin ni siquiera saberlo. Fueron las manos del retrato las que llamaron la atención a Colin Harrison para decirle a su amigo que era muy probable que el pintor flamenco hubiera tenido mucho que ver con la producción del retrato. La obra de Anton van Dyck está repleta de retratos conocidos, como los de Carlos I Estuardo, rey de Inglaterra.

Colin Harrison, conservador sénior de Arte Occidental en el Museo Ashmolean de Oxford.

Tras la conversación con su amigo Colin Harrison, Wright decidió llevar la pintura al Instituto Courtauld de Arte de Londres para que fuera examinada de manera exhaustiva y correctamente restaurada. Allí le dijeron que no se puede asegurar que sea una obra de Anton van Dyck porque es prácticamente imposible descubrir hasta qué punto intervinieron sus ayudantes, pero sí se puede atribuir al taller del pintor flamenco y, además, afirmar que fue pintado durante su vida y con su participación.

El historiador de arte cree fervientemente en la originalidad del cuadro y en la autoría de Anton van Dyck. Después de este descubrimiento, va a prestarlo a un museo de forma permanente.

El arte escondido

Aunque este es el caso más reciente, no es insólito que se encuentren este tipo de tesoros, a veces escondidos en tiendas de segunda mano y otras veces en colecciones privadas. Ese fue el caso de un cuadro que iba a salir a subasta en Madrid por 1.500 euros. La obra, que formaba parte de una colección privada y se atribuía a José de Ribera, finalmente no pudo subastarse al ser bloqueada la venta por el Estado español, puesto que podría tratarse del Ecce homo de Caravaggio.

En Carolina del Norte, alguien curioseaba entre unos cuadros que descansaban en el suelo de una tienda de segunda mano y se sintió atraído por un grabado de acuarela en madera. Lo adquirió por 10 dólares y comenzó a investigar sobre su origen descubriendo que la obra fue pintada por Salvador Dalí, el maestro del surrealismo. La pintura formaba parte de una colección de 100 acuarelas que representaban los distintos versos de Dante Alighieri en la Divina Comedia, concretamente el Purgatorio Canto 32.

En definitiva, las obras de arte a veces se encuentran escondidas donde menos se espera y, a veces, dan alegrías millonarias a aquellos que terminan por reconocerlas.

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