30 de noviembre de 2022
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FIN DE SEMANA

La obra, que se puede ver en una de las salas de los Teatros del Matadero de Madrid, se representará hasta el 24 de abril de 2022

Recital de puro teatro del actor Carlos Hipólito, que deslumbra con el monólogo 'Oceanía'

Carlos Hipólito representando 'Oceanía'.
Carlos Hipólito representando 'Oceanía'. / El espectáculo se puede ver hasta el próximo 25 de abril en el Matadero de Madrid.
El actor Carlos Hipólito deslumbra en Madrid con el monólogo 'Oceanía'. El presidente de 'Amigos de los Teatros Históricos de España (AMIThE)', Javier López-Galiacho, escribe para El Cierre Digital la crónica de la soberbia interpretación de Hipólito en este monólogo basado en la biografía sentimental del recordado escenógrafo fallecido Gerardo Vera. La obra se puede ver en una de las salas de los Teatros del Matadero de Madrid hasta el 24 de abril de 2022.

En una de las salas de los Teatros del Matadero de Madrid se representa, hasta el 24 de abril de 2022, el monólogo teatral Oceanía con un soberbio Carlos Hipólito, el actor más en forma del teatro español, de quien el decano de los actores, Manuel Galiana, dice que está un paso por delante de los demás. Y si lo dice este maestro de maestros que es Galiana, amén.

Un monólogo que nace del sentimiento y de la experiencia vital de uno de los más grandes directores de escena que ha dado en los últimos 40 años el teatro español, el madrileño Gerardo Vera, fallecido en plena pandemia.

Un texto dramático con el que Vera se obsesionó durante los últimos años de su vida, creyendo cerca su muerte y para rendir cuentas, sobre todo, de la relación conflictual con su padre. Un hombre férreo en sus ideas y en su posicionamiento social, que llegó en la postguerra a ser jefe de la Falange de un pueblo serrano madrileño, el bellísimo Miraflores de la Sierra, el pueblo más suizo de Madrid, donde Vera nació y creció junto a su conocida familia, cuya casa familiar se ha mantenido en el mayorazgo de los Vera hasta hace poco, parientes de uno de los mesones más conocidos de Miraflores como es Maito.

Gerardo Vera. 

Fue una sorpresa a lo largo de la obra descubrir, para mi mujer y para mí, vecinos ahora de este bellísimo pueblo, la relación de Vera con Miraflores y cómo esta localidad vertebra en muchos momentos la relación con ese padre al que le costó, por sus ideas, asumir la diversidad en la orientación sexual de su hijo y su dedicación a la bohemia teatral como esteta anárquico.

Sería bello poder representar este monólogo en la propia Miraflores de la Sierra, lugar natal de Gerardo Vera. Ojalá Comunidad y Ayuntamiento lo hicieran posible.

Este magnífico monólogo, Oceanía, con dirección acertada de Arellano y la adaptación teatral de Collado, compañero sentimental de Vera, estará hasta el 24 de abril en Madrid para luego girar por toda España, demostrando que lo que haga Carlos Hipólito se vende anticipadamente en cualquier teatro de la vieja Iberia. Y eso que se trata de la historia de un hombre puramente de teatro, con influencia también en el arte cinematográfico pero desconocido para gran parte de la sociedad española.

Carlos Hipólito, un actor con magnetismo

Carlos Hipólito ofrece aquí un recital de puro teatro en esa prácticamente hora y media que está solo en escena, pues llena las tablas y domina todos los registros teatrales como son la emoción, la ironía, el conflicto, la resolución y la propuesta.

El actor junto al equipo de la obra. 

Hipólito es capaz de bordar un Macbeth de Shakespeare o una comedia como Rita con su mujer, muy buena actriz, por cierto, Mapi Sagaseta y luego pasarse al género del monólogo como pedro por su casa. Pero no el de los nigth clubs o los Leo Harlem que hoy triunfan en canales de pago (por cierto, excelente cómico este leonés), sino el monólogo teatral puro y duro. Un personaje que nos expresa en voz alta sus pensamientos, ideas y emociones a partir de un texto.

Carlos domina las tablas como pocos, sabe conectar con el espectador en una perfecta comunión (ahí está el secreto que le transmitió William Layton: “aprender del mejor maestro que es el público”), logrando emocionarte, construyendo un personaje creíble desde una individualidad muy concreta como es un señor escenógrafo que nos cuenta su vida y su relación familiar.

Oceanía, gracias a Hipólito, no es solo una rendición o ajuste emocionado de cuentas y de abrazo final entre un hijo y un padre, es también un continente teatral que abarca las ilusiones humanas y la dificultad por alcanzarlas, que nos conmueve a la vez que te arranca varias sonrisas. Ahí quedará para los anales del buen teatro la recreación que hace Hipólito de la visita final de Vera a su padre en el hospital, que nos pone ese nudo en la garganta que, cuando se logra, nos hace amar el teatro.

Cartel de la obra. 

Hipólito, como si lo invitase a su casa, le cuenta de tú a tú al espectador una historia muy local, tan personal como la de Vera, para hacerla universal gracias a su talento y a su profesionalidad teatral. No me extraña que el inteligente Gerardo Vera lo llamara para decirle: “solo puedes hacerlo tú, Carlos”. Encerrarse a solas en un escenario con la técnica del monólogo teatral es como hacerlo taurinamente con seis miuras en Madrid. Hay que estar muy preparado para no acabar en la enfermería. Y Carlos sale, como un José Tomás, por la puerta grande del teatro.

En manos de otro es posible que este Oceanía se hubiera quedado en un simple testamento sentimental de un buen hombre que hubiera derrapado teatralmente. Pero en la voz, en el cuerpo, en la colocación escénica de un inmenso actor llamado Carlos Hipólito, este monólogo Oceanía no desmerece frente a otros famosos en la historia del teatro como La Voz humana de Cocteau o aquel Carta de amor de Arrabal con una inconmensurable María Jesús Valdés.

No se lo pierdan. Es puro teatro. Es Carlos Hipólito. Vive el teatro. Lo vive realmente. Lo vive sinceramente. Sus maestros, el grandísimo actor Alberto Closas y el director William Layton, ya pueden estar orgullosos desde el palco del Cielo.

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