08 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

La novela de ficción de Julio Merino de 2012 imaginó en un capítulo que el todavía heredero se había convertido en presidente de la tercera República

Extracto de la novela el 'Príncipe Republicano': Felipe VI propone a Julio Anguita ser su asesor

Don Felipe y Doña Letizia en Córdoba.
Don Felipe y Doña Letizia en Córdoba.
Nuestro colaborador el periodista Julio Merino, escribió y publicó el año 2012 una novela entre la ficción y lo real que provocó una vorágine de críticas, a favor y en contra, pues no en vano el argumento era, y es, una provocación a la mente, la tituló "El Príncipe Republicano".

En esta novela de ficción se relata desde la abdicación de Don Juan Carlos como Rey  (tan solo dos años antes de que se produjera la verdadera) hasta la sucesión del Príncipe Felipe como Jefe del Estado, pero no como Rey sino como Presidente de la III República... y de por medio la transformación de las Cortes en Convención Nacional, la formación de  una Regencia Civil, un Referéndum para elegir la Forma de Estado, la renuncia del Príncipe a sus derechos hereditarios, el triunfo en las urnas de la República, la muerte del ex-Rey Juan Carlos en Suiza, la fundación de un nuevo Partido (el PJR) con el ciudadano Don Felipe de Borbón y Grecia como líder, la victoria de éste en las elecciones y por fin la toma de posesión en la Jefatura del Estado del ex- Príncipe Felipe: ¡Ha muerto el Rey! ¡Viva el Presidente de la República!

El “Príncipe Republicano” fue presentado el 18 de mayo de 2012 en el bellísimo salón "Liceo" del Círculo de la Amistad de Córdoba (curiosamente en el mismo que el Rey Alfonso XIII anunció la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera) y actuaron como “padrinos” Julio Anguita, Juan Luis Galiacho ( el director de “El Cierre Digital”) y Don Antonio Pérez Oteros, el que fuera Director del grupo escolar “Francisco García Amor” los cursos que permaneció Anguita como Maestro Nacional en Nueva Carteya. Anguita habló largo y tendido del “relato-ficción” que transformaba a Don Felipe de Príncipe de Asturias en Presidente de la Tercera República y entre otras cosas se refirió a su querida teoría de “Las dos Orillas”.

       La estatua de Maimónides en Córdoba.

Pues bien,  ahora que ya ha muerto Julio Anguita, el gran y famoso alcalde de Córdoba, nos complace reproducir  (con permiso del autor) en su honor y como homenaje varias páginas de "El Príncipe Republicano", en concreto aquellas en las que se inventa el viaje que hace a Córdoba el nuevo Jefe del Estado no sólo para visitar la "Ciudad Luz de Occidente" sino especialmente para rendirle pleitesía al camarada Anguita, por quien siente verdadera admiración. Naturalmente el ciudadano Don Felipe viaja acompañado por su mujer, la ciudadana Dª Letizia... y algunos miembros del equipo que le han ayudado a ganar las elecciones, entre ellos José María Carrascal, Pedro Erquicia, Juan Luis Galiacho, Isabel San Sebastián y Carmen Rigal.

 Y dicho esto, pasen y lean, seguro que se divertirán... y se sorprenderán:

" El viernes 19, y durante el desayuno, Don Felipe le soltó de pronto a Doña Letizia la idea que había tenido:

-"Letizia", he pensado una cosa. Hoy mismo nos vamos a Córdoba a pasar el fin de semana.

- ¿Y eso? ¿Y por qué a Córdoba?

- Pues, por varias razones. 1) Porque llevamos tres meses sin respirar, entre el hospital, la muerte de mi padre, el Referéndum, las elecciones, los debates, las entrevistas, no hemos tenido tiempo de nada. 2) Porque anoche me habló Tomás (se refiere al amigo de ambos y miembro fundador del “PJR” Tomás Campuzano) de la casa que se construyó en la Sierra de Córdoba y que, por lo que ha contado, es el lugar idóneo para desaparecer unos días. Y 3) Porque le prometí a Julio Anguita que iríamos en cuanto tuviese un hueco y le quiero dar una sorpresa. Sabes que ese hombre me interesa.

Doña Letizia: Bueno, me parece bien. Pero, con dos condiciones. 1) Nada de política ni de oficialidades y 2) que nos llevamos con nosotros a los amigos periodistas que nos ayudaron en la campaña. Les prometí que un día les invitaríamos a comer a todos juntos y este viaje les puede agradar.

Don Felipe: Bien, vale. Pero, entonces hay que ponerse a trabajar ya. Me gustaría dormir esta noche en Córdoba.

Llegada a Córdoba

Y así fue. Porque a las 7 de la tarde el grupo se bajaba del AVE en la estación de Córdoba y a las 10 ya estaban cenando en “Casa Dorada”, que así se llamaba la mansión del médico (¡joder, macho, esto no es un chalé, esto es un palacio de mármol! –dijo el Príncipe, asombrado por la belleza del edificio y su entorno).

El grupo lo integraban los Príncipes, Don Felipe y Doña Letizia; Tomás Campuzano, el dueño de la casa; Bartolomé Mostaza, el arquitecto y los periodistas José María Carrascal, Pedro Erquicia, Juan Luis Galiacho, Isabel San Sebastián y Carmen Rigalt. Poco antes de la cena se incorporaron Julio Anguita y su mujer.

                            El alcázar cordobés.

 (Naturalmente también estaban allí los miembros de la seguridad, pues aunque los Príncipes habían querido que fuese un viaje personal y de incógnito el Jefe de Seguridad no se lo habían permitido, dado que ya era el personaje más importante del Estado).

Antes de sentarse a la mesa el dueño y el arquitecto les fueron mostrando la casa, de la que quedaron prendados todos. Ya sentados, y a preguntas de Don Felipe, el arquitecto tomó la palabra y fue explicando por qué se le había ocurrido hacer una mansión romana.

- Cuando Tomás me encargó que le proyectara la casa que quería hacerse en esta sierra de Córdoba me vine unos días y me estuve repasando la arquitectura de la ciudad. Y llegué a una conclusión: en Córdoba hay mucho árabe y poco romano. Así que decidí construir una casa de estilo romano y para ello me puse a estudiar historias y planos de las casas de los poderosos de Roma. En esa búsqueda tuve la suerte de encontrar un relato que describía con lujo de detalles la mansión de los Sénecas a orillas del Alto Tiber y ya no lo dudé. Esta casa es una copia de la casa de Séneca.

- Pues bien que vivía el filósofo cordobés –dijo el Príncipe.

- No lo sabes tú bien. Aquello eran verdaderos palacios. Con dos curiosidades, que todas las edificaciones eran de planta única, aunque con ligeras diferencias de altura que se resolvían con varios escalones y que quedaban como si fuesen separados. La otra es que aparte de los cimientos y la obra propiamente dicha todos los salones y todas las habitaciones iban recubiertas de mármol y no todos del mismo color. Se empleaban mármoles blancos, mármoles negros y mármoles rosados. También eran muy dados a llenar cualquier rincón o los centros de los distintos estanques con estatuas de piedra. En cuanto al entorno, y mañana lo podréis ver, era todo como un jardín botánico en el que dominaban las hortensias, de todos los colores, los rosales, los laureles, los jazmines y gran cantidad de cipreses. Pero eso era el edificio principal y su más inmediato entorno, que ocupaban unos 3.000 metros cuadrados. Más allá de la parte edificada y los jardines estaban los terrenos que correspondían a la finca del propietario. Las de los Séneca era de unas 50 hectáreas. En este caso, y dada la afición de Séneca por la viticultura, casi todo el terreno lo ocupaban grandes viñedos y algunos olivos (Séneca no olvidó nunca sus campos de la campiña cordobesa).

-  Bueno, no nos asombres más –dijo Doña Letizia- Te aseguro que si algún día nos hacemos una casa nuestra, serás tú el arquitecto.

- Está bien. Y tú, mi querido Anguita ¿qué opinas de tu Córdoba?

- Anguita: Felipe, me estás pidiendo que introduzca el mar en la botella de San Agustín. Córdoba es grandiosa, no tanto los cordobeses. Es verdad  que los árabes se dejaron notar más que los romanos. Aunque no hay que olvidar que también los judíos y los cristianos dejaron su impronta en la arquitectura de la ciudad. Y no sólo en la arquitectura, sino también en todas las ramas del saber. Pues hay que tener presente que cordobeses fueron Séneca, Osio, Averroes y Maimónides, por citarte algunos de los que yo me conozco mejor.

- Carrascal: Oye, Julio ¿es cierto eso que se cuenta de Osio en el Concilio de Nicea?

- Anguita: ¿Te refieres a lo de “Homoousion”?

- Carrascal: Sí, a eso me refiero.

- Anguita: Bueno, ya sabes que en Nicea se enfrentaba la ortodoxia cristiana con el arrianismo y que la batalla central se planteó entre dos versiones distintas de la divinidad de Cristo. Mientras que para los arrianos Cristo sólo era semejante al Padre (es decir “Homo i ousion”) y por tanto era como un segundo Dios, para los cristianos, y en este caso encabezados por el Obispo de Córdoba, Cristo era consubstancial con el Padre (es decir “Homoousion”), o sea dos personas y un solo Dios. Al final Osio ganó la batalla y salvó el Cristianismo.

Después se siguió hablando de los otros personajes grandes de Córdoba y los venidos de Madrid pudieron comprobar que Anguita era más profesor de historia que político, porque parecía un maestro dando clase a sus alumnos.

Visita a Medina Azahara

A la mañana siguiente el grupo visitó las ermitas de Córdoba y Medina Azahara. Pero, a las dos de la tarde ya estaban todos sentados en el comedor de “El Sótano”, el bar donde solía hacer sus tertulias el cordobés Anguita. Naturalmente antes de entrar recorrieron la Plaza de la Corredera y las callejuelas de los alrededores. En este caso Anguita se había permitido llegar acompañado de tres buenos amigos: Paco Luis Córdoba, el director de “Diario Córdoba”, Rosa Luque y Antonio Pérez Oteros.

El menú de la comida lo había diseñado el propio Anguita y consistió en unos entremeses a base de jamón pata negra y chorizos de Castro del Río apenas pasados por la sartén; de primer plato se sirvió el clásico salmorejo cordobés y de segundo, ¡cómo no!, rabo de toro. El postre fue pastel cordobés de cabello de ángel.

Y no hay que decir que la comida estuvo regada por vinos de la tierra y sembrada de filosofías, letras, arte, periodismo y futuro (no político, que allí estaba prohibido hablar de política).

Nada más terminar el postre el grupo se salió a la terraza a tomar el café y la copa, el que la quisiera. Y ello porque los fumadores estaban ya al borde de un ataque de nervios (y eso que ya había sido derogada la absurda Ley del Tabaco que habían impuesto los socialistas años atrás), pues por respeto a las señoras y especialmente a la embarazada Princesa hasta la empedernida fumadora Carmen Rigalt se había dejado los pitillos en el bolso.

                             Anguita y el rey Juan Carlos.

-Oye Julio ¿y es verdad que Mahoma tuvo varias mujeres? – le preguntó Isabel San Sebastián.

- ¿Varias?... oficiales y con contrato firme, que yo sepa, llegó a tener hasta 13... y hasta sus nombres figuran en todas las biografías del Profeta. Mira, mi Señor, primero se casó con Jadiya, que fue la que más le duró, aunque murió muy joven. Después de la muerte de Jadiya se casó con Sawdah, y al poco tiempo con Aisha... y este matrimonio sí que fue curioso, porque al parecer Aisha sólo tenía 6 años de edad cuando fue prometida al Profeta, que ya tenía 54, aunque el matrimonio no se pudo consumar hasta que la niña cumplió 9 años. Luego se casó con Hafsa, después con Zaynab, y así se fue casando con Hind, Yuwayriya, Ramia, Rayhana, Safiya, Maymuna y Mariya.

- ¡Es increíble!, no me lo puedo creer... Pero ¿cómo? ¿cómo pueden convivir 13 mujeres bajo un mismo techo y con un solo marido? – intervino de nuevo Isabel San Sebastián.

- Bueno, pues no es anormal. Según el Corán un árabe puede tener tantas mujeres como pueda mantener.

- No, si no me refiero a eso, me refiero a la convivencia entre ellas, a su día a día, ¿cuál de ellas le hace la comida a su Señor? ¿cuál de ellas le acompaña en sus paseos? ¿cuál de ellas se sienta a la mesa a la hora de comer?...

- Sí, ¿y cuál de ellas, - preguntó Carmen Rigalt- se acuesta cada noche en la cama con el marido?.

- Ja, ja, ja…Pues, no se mataban. La prueba es que quitando a dos ellas, a Zaynab y Rayhana, todas le sobrevivieron a su muerte.

La mezquita iluminada

 Por la noche todo el grupo visitó la Mezquita para verla iluminada, con Julio Anguita como cicerone (¡y eso era un lujo!), después recorrieron las callejuelas del barrio de la judería… y en la plazuela  de Tiberiades se detuvieron para hablar de Maimónides, y Anguita se explayó hablándole de “la guía de perplejos”. “Estaban un dia discutiendo – habla Don Julio”-, a orillas de Guadalquivir un cadí árabe y un rabino judío sobre las respectivas culturas de ambos relacionadas con Córdoba y el árabe decía: “Como la Mezquita no habrá nunca nada” y el judío respondía: “Es verdad, la Mezquita es una obra maravillosa, peo al igual que Medina Azahara, un día podría ser derribada por obra de la sin razón o por un terremoto salvaje. Pero, nosotros tenemos algo que nunca podrá ser barrido por los elementos y es la obra de Moisés, Ben Maimónides. Mientras supervivía un hombre sobre la tierra vivirá el pensamiento de Moisés, que ya es clásico entre nosotros aquello de que entre Moisés y Moisés solo hubo un Moisés. Pues, amigos mío, aquí lo tenéis”.  Y eran ya casi las dos de la madrugada cuando se separó el grupo.

A la mañana siguiente, y por deseo expreso de Doña Letizia visitaron la yeguada “Almanzor”, situada en el término de Alcolea y a orillas del Guadalquivir. Porque la Princesa había tenido un antojo y quería que el Príncipe le regalase una yegua cordobesa. Y así fue. En cuanto empezaron a ver caballos se quedó prendada de una yegua negro azabache a la que llamaban “Zulima”.

Pero a las tres de la tarde ya estaban otra vez en “Casa Dorada”, donde el dueño, Tomás Campuzano, les había montado un “Perol” impresionante (y ya se sabe lo que es un perol en Córdoba).

Y así siguió el programa y así pasaron el sábado y la mañana del domingo.

Propuesta a Anguita

Sólo resaltar que en un momento el Príncipe hizo un aparte con Anguita y de sopetón le dijo:

- Sabes, que además de turismo, a Córdoba me ha traído una idea que bulle en mi cabeza.

- Tú dirás.

- Julio, quiero que seas mi asesor mientras dure mi mandato.

- ¡¡Cómo !!...  Ja, ja, ja... y el "Califa Rojo" no pudo evitar una carcajada que llenó la Sierra.

- Vaya hombre. Veo que te ha hecho gracia eso de ser mi asesor.

- No, Felipe... lo que me ha hecho gracia es que tu padre me propuso lo mismo el primer día que me recibió.

- No me digas. Pero no me sorprende... mi padre era un tío listo...¿Y qué le dijiste?

-  Ja, ja, ja... No te lo vas a creer... Claro que aquel Anguita no era el que es hoy. Así, a bote pronto, sin pensarlo mucho, le solté... Pero, Señor, cómo voy yo a ser su asesor si lo que le tengo preparada es la guillotina con la que Robespierre le cortó la cabeza a su antepasado Luis XVI.

- Joroba, Julio, que barbaridad... ¿Y él que te contestó?

                             El Rey Juan Carlos y Julio Anguita.

- Pues te vas a reir, seguro, más que yo me reí al escuchar su respuesta. Por cierto, que lo dijo muy serio. Oye, Califa -me dijo- me parece bien, pero por qué no me presentas a la chiquita piconera, esa de Romero de Torres, para que me entretenga mientras tú afilas la cuchilla... Ja, ja, ja..."  ¿Y sabes cómo terminamos? ...Con dos medias de "palo, cortao", dos flamenquines y cantando la Internacional en Casa Doña María.

- Bueno, pues sí, yo te propongo lo mismo que mi padre.

- ¿Yo asesor de un Príncipe?... Macho, está visto, los Borbones estáis locos.

- No, no estoy loco... y además yo ya no soy el Príncipe, yo soy el ciudadano Felipe de Borbón y Grecia, un españolito como tú... Pero, tú sabes también o mejor que yo que al Poder se acercan de inmediato todos los serviles de la política y yo necesito a mi lado alguien que me diga siempre las verdades del barquero.

- Podría ser, pero de entrada, y tú lo acabas de decir, tengo que decirte que Anguita sería un asesor incómodo. Porque jamás diré nada con lo que no esté de acuerdo y eso a la postre resulta incómodo.

- Pues, precisamente eso es lo que quiero de ti.

- Vale, así tal vez me lo piense, pero con dos condiciones: 1, que yo no cobraré nunca nada y 2, que seguiré viviendo en Córdoba, salvo que se te presente o se nos presente, un problema grave para España. También te alerto que yo soy enemigo frontal de las guerras, de cualquier guerra, y dejaría de asesorarte e incluso de hablarte si alguna vez aceptas que España entre en una guerra.

- De acuerdo. Eso es lo que yo quería de ti. Así que en cuanto tome posesión y se formalice el nuevo Gobierno te llamaré y hablamos... Ah, y que conste en actas, ¡a mí también me gustaría que me presentaras a la “Chiquita Piconera”! Ja...ja...ja...  -y esta vez, el Presidente de la nueva República y el comunista, acabaron cantando el "Yo soy cordobés"

A las cinco de la tarde el grupo se bajaba del AVE en la estación de Atocha de Madrid.

 

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