07 de julio de 2022
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FIN DE SEMANA

El cineasta, orgulloso militante del PCE, rodó películas emblemáticas como 'Calle Mayor', 'Muerte de un ciclista', 'Cómicos' o 'Siete días de enero'

Juan Antonio Bardem, cien años del nacimiento del 'rojo' que modernizó el cine español

/ Juan Antonio Bardem
Hace cien años nació Juan Antonio Bardem, que modernizó el cine español tras una tardía irrupción en la industria del séptimo arte. El cineasta rodó films como 'Calle Mayor', 'Muerte de un ciclista' o 'La venganza', que se convirtió en la primera película española nominada a los Oscar. En los últimos años su compromiso político como militante del Partido Comunista de España le acabó pasando factura.

Este 2 de junio se cumple el centenario del nacimiento de Juan Antonio Bardem, cineasta madrileño que irrumpió en el séptimo arte compartiendo tándem con Luis García Berlanga, del que se distanciaría antes de rodar 'Calle Mayor', 'Muerte de un ciclista' o 'Nunca pasa nada'.

Una vida de cine

Juan Antonio Bardem es hijo de dos exitosos actores de teatro que tras la Guerra Civil se asentaron en Madrid: el barcelonés Rafael Bardem, que debutó en el cine tras recorrerse durante décadas los teatros de provincias, y Matilde Muñoz Sampedro, que formó compañía propia antes de convertirse en una secundaria habitual del cine español. 

El cineasta, hermano de Pilar, tío del oscarizado Javier y padre de varios miembros que dan continuidad a la mítica saga del cine español (el director Miguel, el compositor Juan o la script María), se convirtió en ingeniero agrónomo antes de recibir la tardía llamada de la profesión familiar.

Juan Antonio ingresó talludito, 25 años, en el recién abierto Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, posteriormente Escuela de Cine. En esta institución educativa compartió pupitre con un ácrata divertidísimo con el que compartió humor y primeros pasos en el cine: el valenciano Luis García Berlanga, con el que filmó la España destrozada de la postguerra en el cortometraje 'Paseo por una guerra antigua'.

Bardem y Berlanga, que querían reírse del cine pomposo e imperialista de Juan de Orduña, irrumpieron por el ventanal en el cine español con 'Esa pareja feliz', sátira del incipiente desarrollismo con escenas paródicas sobre aquellos films cañís de los años cuarenta que eran básicamente folletines pseudohistóricos, comedietas casposas o ajados vehículos a mayor gloria de la folclórica de moda.

Berlanga y Bardem volvieron a compartir guion en otra comedia distanciada de la estética e ideología de un Régimen que buscaba alejarse del nazismo y salir de la autarquía para abrazarse al neoliberalismo yankee. Y ese film fue el inolvidable '¡Bienvenido, Míster Marshall!', cuyo guion fue premiado en Cannes.

Juan Antonio Bardem. 

Las carreras de ambos genios se separarían entonces: el 'austrohúngaro' Berlanga se centró en grabar deliciosas comedias llenas de guiones falleros y planos-secuencia imposibles, y Bardem tomó otro camino más comprometido y escarpado.

Esa carrera en solitario nació con meritorias obras de tono amable, la estupenda 'Cómicos' o 'Felices Pascuas', que demostraron que quería renovar el cine español, tal y como prometía desde la revista Objetivo o en aquellos Encuentros de Salamanca en los que definió al séptimo arte autóctono como "políticamente ineficaz, estéticamente nulo, socialmente falso, intelectualmente ínfimo e industrialmente raquítico".

Etapa de oro

Bardem elevó el tono dramático para alumbrar dos de las mayores joyas de la historia del cine español: 'Calle Mayor', descarnada adaptación de una obra de Arniches con la que arrasó en Venecia, o 'Muerte de un ciclista', premiada en Cannes mientras la censura ibérica se detenía en contar los botones abiertos de la blusa de Lucía Bosé.

El cineasta consiguió traspasar fronteras, pero la fama no le rebajó el compromiso ya que logró sacar adelante la reivindicativa 'Los segadores', finalmente estrenada como 'La venganza', que tiene el honor de haberse convertido en la primera película española en ser nominada a los Óscar.

Estos triunfos, curiosamente, fueron contraproducentes en su vida y obra. Y es que Ángel Fernández Santos decía años después que "asociada a su perfil está ni más ni menos que la fundación del cine español moderno, que él se atrevió a emprender un día y en otro día posterior tuvo que pagar por ella un duro peaje".

Los grises 60 y los dificultosos 70

Bardem fue detenido durante el rodaje de 'Calle Mayor' y supo de su triunfo en Cannes con 'Muerte de un ciclista' cuando se encontraba en prisión. Este hecho no le impidió ponerse al frente de una productora de capital comunista en pleno franquismo, Uninci, financiada por personajes como el exfalangista Domingo Dominguín y responsable de títulos como '¡Bienvenido Míster Marshall!' o la 'Viridiana' de Luis Buñuel.

La aventura acabaría en lógica quiebra mientras Bardem intentaba sin suerte mantener el nivel de su carrera. En parte por la incomprensión que recibieron joyas como 'Nunca pasa nada', certero retrato de la España rural de los 60, y otras por errores en su apetito. Es el caso de las correrías valle-inclanescas de Bradomín que aparecieron en la adaptación cinematográfica de las 'Sonatas'.

Cierto es que el cineasta también tuvo que adaptarse a la España de entonces y puso en marcha obras 'alimenticias' como la taurina 'A las cinco de la tarde'; 'Varietés', que fue una de las últimas películas de una Sara Montiel en declive tras tres décadas de éxitos, o la incestuosa 'La corrupción de Chris Miller', salto al mundo adulto de Marisol, ya sin esos personajes de niña huérfana y cantarina bajo tutela de los Goyanes.

Bardem, orgulloso militante del PCE y enfangado en la clandestinidad, tuvo que aceptar algunos proyectos que no le apetecían por su negativa a abandonar España para rodar en supuesta libertad. El cineasta antepuso a su familia y país, patriotismo ético, a pesar de la persecución que sufrió.

Su hijo Juan lo cuenta así en Mundo Obrero: "Dirigir películas es el oficio que eligió. Salvo con algunas pocas excepciones, no supo y no quiso trabajar de otra cosa que no fuera ser director de cine. Entender esto quizá ayude a quienes se pregunten por qué hizo películas tan dispares como, por ejemplo, 'Muerte de un ciclista' y 'La corrupción de Chris Miller'. Él vivía, exclusivamente, de su trabajo. Tenía una familia que mantener con todo lo que eso significa".

Juan Antonio Bardem y Sara Montiel. 

Y añade: "¿Podría haber hecho otras (películas)? Esa es, para mí, la parte mas trágica de su vida y ahora es cuando podemos ser más conscientes de ella. Por su forma de ser, un optimista entusiasta y un jugador de póker, nunca te mostraba su frustración. ¿Cómo sería capaz de gestionar tanto desengaño y no perder el buen humor?".

Transición, ochentas y noventas

Bardem celebró la muerte de Franco y se volcaría con el PCE hasta su legalización. El cineasta participó de forma activa en la campaña de las elecciones generales de 1977 y 1979, ejerciendo de sombra de un Santiago Carrillo muy necesitado del apoyo de artistas de renombre y de personas que conociesen España desde el interior.

En la Transición, Bardem rodó una estupenda incomprendida road movie, 'El puente', que se advirtió como un publirreportaje de las Comisiones Obreras. La acertada elección como protagonista de Alfredo Landa, símbolo del cine tardofranquista, no fue suficiente para que se convirtiese en un éxito.

Mejor valorada fue su retrato de los 'Siete días de enero' que mostraba cómo el PCE fue legalizado tras permanecer estoico tras los asesinatos de varios abogados laboralistas, compañeros de Manuela Carmena, que fueron tiroteados, quién sabe si por el búnker franquista o la guerra sucia de la OTAN (Gladio). 

La ideologización le pasó factura y tuvo que partir en democracia para encontrar financiación a sus nuevos proyectos en países soviéticos. Fue el caso de 'La advertencia', superproducción búlgara a mayor gloria del héroe nacional Gueorgi Dimitrov, acusado por los nazis de la quema del Reichstag.

Aquel taquillazo en Sofía y alrededores no le ayudó a encontrar pie en España, donde no recibió los mimos que quizá merecía. Cierto es que al menos en 1986 se le concedió la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

Pero otro premio se le escapó, tal y como le comentó Javier Solana, entonces ministro de Cultura: "Jo, macho, te íbamos a dar el Premio Nacional de Cine, pero como has salido en Interviú levantando el puño y diciendo que no te fiabas del PSOE, pues te has quedado sin él".

Bardem, sin posibilidad de hacer cine, se centró en televisión rodando la vida del criminal 'Jarabo' para 'La huella del crimen' o la imprescindible 'Lorca, muerte de un poeta', que tuvo que emprender con apenas 400 millones de pesetas después de no encontrar financiación en Moscú y Ciudad de México.

A la serie sobre el crimen más internacional de España en el último siglo le siguió otra, en este caso pagada por las autonómicas, sobre la adolescencia de Picasso que recorría la llegada del joven pintor a París en plenos fastos de la Expo de 1900 hasta la realización de una de sus obras cumbre, 'Las señoritas de Avignon'.

En los noventa Bardem intentó sin suerte encontrar dinero para poner en marcha proyectos, pero solo pudo impulsar la mediocre 'Resultado final', que versa sobre la decepción de las élites progresistas con el felipismo. Aquella obra fue machada por la crítica, en parte porque el cartel lo abría Mar Flores, en plena cresta de la ola rosa por sus amoríos con Fefé o Lecquio en el couché. 

Bardem recogiendo el Goya de Honor. 

Bardem, entre bromas y veras, recogería el Goya de Honor de 2002 pidiendo que los productores le ayudaran a poner en marcha unos proyectos que no verían la luz porque un infarto acabó con su vida pocos meses después, cuando tenía 80 años.

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