22 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

El descontento del pueblo con la monarquía de Alfonso XIII provocó el exilio de este y un cambio institucional en las elecciones de 1931

Se cumplen 91 años de la Segunda República, la antesala de la Guerra Civil española

Segunda República de España.
Segunda República de España.
Hace 91 años, la Segunda República llegó a España después de unas elecciones municipales. De forma limpia, Alcalá-Zamora se convirtió en presidente de la República y el rey Alfonso XIII se vio obligado a abandonar España. El descontento con la monarquía y el Pacto de San Sebastián fueron los precedentes para que el día 14 de abril se instaurara la República previa a la Guerra Civil española.

Un 14 de abril, pero del año 1931, España ponía fin a la monarquía que llevaba en el país 54 años tras la caída de la Primera República el 29 de diciembre de 1874. Y para acabar con este sistema, que tenía descontenta a gran parte de la población, la solución fue instaurar la Segunda República (y última de la historia de nuestro país). Las elecciones municipales del 12 de abril fueron el antecedente directo y la consecuencia, la huida del rey Alfonso XIII de España.

Pese a que las elecciones fueron municipales, el resultado acabó extrapolándose a nivel nacional. El propio presidente del Gobierno, el almirante Aznar, se mostró sorprendido por la revolución, “aquí no ha pasado nada, solo que anoche España se acostó monárquica y hoy se ha despertado republicana”, confesó a los periodistas. Sin embargo, sí que hubo antecedentes que pronosticaban el resultado

1930 y el Pacto de San Sebastián

El 17 de agosto de 1930 los partidos republicanos firmaron el Pacto de San Sebastián. Para dirigir la acción se formó un comité revolucionario integrado por Niceto Alcalá-Zamora, Miguel Maura, Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Manuel Azaña, Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz, Santiago Casares Quiroga, Luis Nicolau d'Olwer, Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos y Francisco Largo Caballero.

A principios de diciembre de 1930 hicieron público un manifiesto con el fin de "meter a la Monarquía en los archivos de la Historia". En él, ya se afirmaba que el pueblo estaba “en medio de la calle” y que tenían “puestas sus esperanzas en la República”.

En el texto también se recogía el malestar existente con el rey: “Se trata de salvar un régimen que nos ha conducido al deshonor como Estado, a la impotencia como nación y a la anarquía como sociedad. Se trata de salvar una dinastía que parece condenada por el Destino a disolverse en la delincuencia de todas las miserias fisiológicas. Se trata de salvar un Rey que cimenta su trono sobre las catástrofes de Cavite y Santiago de Cuba, sobre las osamentas de Monte Arruit y Annual; que ha convertido su cetro en vara de medir, y que cotiza el prestigio de su majestad en acciones liberadas”.

Las elecciones del 12 de abril de 1931

Un año después, el 12 de abril de 1931, tuvieron lugar unas elecciones municipales cuyo resultado se conoció la noche del día siguientes, el 13 de abril. Entre los partidos políticos que luchaban por el poder se encontraban los Monárquicos y Conjunción Republicano-Socialista. Fueron los primeros los que ganaron, con más de 40.000 concejales; sin embargo, los republicanos ganaron en el conjunto de las capitales de provincia, con 38 frente a 9.

Resultados electorales del 12 de abril de 1931.

Con estos resultados empezó a fraguarse el nuevo Gobierno de España, consecuencia de las masas que recorrían las calles y los vítores que se mostraban a favor de la República. El Comité revolucionario quería asegurarse de formar un buen gobierno que “impidiese el caos de los cantones y la anarquía de múltiples gobiernos locales”, explicaba Alcalá-Zamora, por lo que una vez se aseguraron de la victoria, empezaron a formar gobierno. Niceto Alcalá-Zamora fue el elegido como presidente de la futura República debido a su preparación jurídica, su conocimiento de la Administración, su experiencia política y su significación moderada, que podía tranquilizar a determinados sectores sociales y atraer a otros a la República.

Con Alcalá Zamora al frente, se nombró a los diferentes ministros. Maura se encargó del Ministerio de Gobernación; Francisco Largo Caballero, del de Trabajo; Santiago Casares Quiroga, del de Marina; Manuel Azaña Díaz, del Ministerio de Guerra; Fernando de los Ríos Urruti, del de Justicia; y Miguel Maura Gamazo, del de Gobernación. Estos son solo algunos de los ministros que formaron este gobierno provisional.

Además del futuro gobierno, en las reuniones que tuvieron lugar en estas fechas se planteó cuál sería la situación de la monarquía. “Fue acuerdo unánime del Comité revolucionario, hoy Gobierno, que no se tocara a las personas reales, que se dejara a salvo a toda la familia real y que no mancháramos la pureza de nuestras intenciones con el acto repugnante de verter una sangre que ya, una vez derrocada la Monarquía, no nos servía para nada...”, relató Marcelino Domingo.

Se proclama la Segunda República

Ante los resultados de las elecciones y la salida de la gente a las calles, al rey no le quedaban muchas opciones. El general Sanjurjo (director general de la Guardia Civil) se presentó en la casa de Miguel Maura, donde estaba reunido el Comité Revolucionario, y se puso a las órdenes del nuevo Gobierno. Y mientras tanto, el rey se reunió con sus ministros para decidir si debería mantenerse la monarquía o tendrían que rendirse.

Niceto Alcalá-Zamora.

Ambas partes (Comité Revolucionario y el rey) tuvieron una reunión en la casa de Gregorio Marañón y ahí, Alcalá Zamora, presidente del Comité, instó al monarca a salir de España “antes de que se pusiera el sol”, debido a que las nuevas autoridades no se comprometían a mantener la seguridad personal y la vida de Alfonso XIII y el resto de la familia real.

De este modo, el rey acabó marchándose de España y dejando tras de sí un texto en el que afirmaba que suspendía “deliberadamente el ejercicio del poder real” y que se apartaba “de España reconociéndola así como única señora de sus destinos”, debido a que no tenía “el amor” de su pueblo.

Mientras tanto, el Gobierno provisional de la República se instauraba en España, sin tramitación y sin resistencia ni oposición. Alcalá-Zamora asumió la Jefatura del Estado. El 14 de abril, desde el balcón principal del Ministerio del Interior en la Puerta del Sol, dio un discurso en el que recalcaba que su posesión del poder se hizo “sin el menor incidente” y que finalizaba con una de las frases célebres de la historia de nuestro país: “¡Viva España y viva la República!”.

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