29 de julio de 2021
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EDICIÓN VERANO

En su libro 'En tierra de lobos' analiza desde diversos puntos de vista la relación de este animal con su entorno humano y natural

José Ramón de Camps, cazador y naturalista: "Ningún animal ha logrado cambiar tanto sus hábitos como el lobo"

El autor José Ramon de Camps (Barcelona, 1957) es un reconocido cazador naturalista. En el año 2013, la Asociación para la Conservación del Urogallo en España le nombró socio honorífico en reconocimiento a su trayectoria personal en la defensa y el estudio de la especie. En 'En tierra de lobos' analiza desde diversos puntos de vista la relación del lobo con su entorno humano y natural. El volumen se encuentra en librerías y Amazon por 35 euros.

- ¿Qué le ha llevado a escribir este libro sobre el lobo ibérico?

He querido escribir sobre la realidad del lobo y sobre aspectos de su conducta que cada día me sorprenden más. Su relación con la manada y su liderazgo, su manera de cazar, su necesidad de dispersión cuando son jóvenes, el porqué de sus aullidos, sus ataques al ganado doméstico o el conflicto del lobo entre los distintos colectivos. Es cierto que es difícil aportar algo nuevo sobre el lobo, por lo que he querido reflexionar basándome en mi propia experiencia sobre la actitud de este cánido. Piensa que nunca en la historia de la humanidad, un animal ha conseguido cambiar tanto su percepción que se tiene de su imagen hasta el punto de fomentar su estampa como un valor único que aumenta el interés medio ambiental, científico y cultural en los territorios donde campea.

- Habla en el texto del cazador naturalista, ¿Qué es exactamente?

Todos los grandes científicos y grandes conservacionistas de los últimos tres siglos fueron apasionados cazadores. Brehm, Darwin, Rodríguez de la Fuente, Valverde y tantos otros desarrollaron su labor científica y divulgativa compaginándola con la caza. Un cazador naturalista es un apasionado del campo, de la flora y de la fauna y sobre todo un conocedor del ecosistema en donde caza. Además es un enamorado de las piezas que persigue. Ansía conocer más y se acerca a sus costumbres, respeta sus tiempos de caza y es un ardiente defensor gestionando, en función de sus excesos o escasez, sus poblaciones con rigor y criterio. También selecciona a los animales que puede o no cazar para mantener una estructura de población sana y equilibrada de las especies que pretende cazar. Elimina excesos de depredadores a través de sus planes cinegéticos y no solo protege a las especies en peligro de extinción sino que en muchos cotos, ayuda en su desarrollo limpiando montes, abriendo pasos, aportando comida. En definitiva, una figura necesaria para regular los actuales ecosistemas.

- Exactamente, ¿Cuántos lobos ibéricos hay?

Los últimos censos están desfasados, se habla de 2.500 ejemplares, de los cuales su hábitat principal estaría por encima del río Duero, con unas 200 manadas en Castilla y León, unas 80 en Galicia y unas 29 en Asturias. En los últimos años se han detectado manadas en Madrid y en Castilla-La Mancha. Y en Andalucía aún existen unas pocas manadas aunque están formados por lobos híbridos.

José Ramón De Camps.

- Habla de la sinergia con el cazador para el equilibrio del medioambiente. ¿A qué se refiere?

Como te he comentado antes, el cazador ayuda con su gestión al equilibrio del medioambiente. En todos aquellos cotos de caza por ejemplo en los que sus propietarios apoyan o invierten en la protección de especies protegidas, se favorece el desarrollo de la fauna, no solamente en el coto sino también en los terrenos colindantes. La protección del lince o del águila real e imperial por parte de muchos cotos, ha sido un elemento regenerador del equilibrio de la naturaleza y de la vida salvaje. La aparición o desaparición de una especie altera la vida de las demás, lo que produce un efecto cascada que será mayor cuanto más relevante sea el papel que ocupen determinadas especies dentro de ese ecosistema. También los excesos de población de algunas especies afectan a posibles enfermedades, o el deterioro de la vegetación por exceso de herbívoros reduce el hábitat de muchas otras especies. Para mí un cazador gestor con un plan cinegético en sus cotos puede ayudar muchísimo al equilibrio de su ecosistema. Controlando poblaciones, ayudándoles con comida o agua en épocas escasas de las mismas. Cuantas menos especies se encuentren en un espacio determinado, más dificultades tendrán los seres vivos que lo habitan para desarrollarse; cuanta mayor diversidad de estos ecosistemas, mayor será su estabilidad. Y el cazador naturalista representa sin duda un elemento regenerador del equilibrio de la naturaleza. Hace poco, a través de un cazador, se ha descubierto que una de las consecuencias de la reducción de perdices ha sido la ingesta de semillas tratadas, que se utilizan en gran parte de España para sembrar cereales y que constituyen el 90% de la dieta de la perdiz en las estaciones de otoño e invierno en nuestro país. Pues bien, se ha podido comprobar que muchas semillas llevaban capas de pesticidas que recubrían los granos de cereales para evitar ataques de hongos e insectos y después de analizarlas en el laboratorio se encontró cianuro potásico súper tóxico. Solamente ingiriendo seis gramos de este trigo, muere una perdiz de 300 gramos concluye el estudio. Hoy el Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos recomienda restringir el uso de estos compuestos a los agricultores al suponer casi un 50% de las pérdidas de crías de perdiz, y todo gracias al interés de un cazador por preocuparse de la población de perdices de su coto de caza.

- La otra cara de la moneda son los ganaderos que se quejan de los ataques de los lobos a sus rebaños. ¿Qué solución se les puede dar?

La ganadería extensiva es el recurso económico más importante en muchas zonas rurales ya que de ello depende la subsistencia de muchas familias. Además, si se quiere luchar contra la despoblación y no se defiende al ganadero contra el lobo, se está expulsando a la poca gente que queda en los pueblos. Por supuesto se les tiene que ayudar a los ganaderos con medidas de protección como puede ser regalarles mastines y el coste de su mantenimiento, que es muy elevado. Hay que agilizar las indemnizaciones por ganado muerto o herido y también, en muchas explotaciones, por el estrés que provocan los lobos a su cabaña por los ataques continuados, que provocan abortos y por ejemplo en las cabras una menor producción de leche. Pregunta a los ganaderos que fabrican sus conocidos quesos en los Picos de Europa. Pero también hay que dar permisos rápidos para eliminar aquellos lobos que se ceban con una ganadería día sí y otro también, atacando constantemente a sus animales. Tiene que existir un control poblacional que permita una convivencia entre ganaderos y un animal como el lobo, que hoy se ha convertido en la máxima representación de la conservación de las especies y la protección de los ecosistemas. 

Portada del libro de José Ramón de Camps. 

- ¿Qué es un cazador defensivo?

Personalmente defiendo la posición del cazador como una figura imprescindible para la cohabitación entre los ganaderos y los lobos que viven en un mismo territorio. El mismo “Manifiesto del Lobo” aprobado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales declara que puede surgir una necesidad, demostrada científicamente, de reducir poblaciones de lobos y entonces, sería conveniente reducir determinados individuos en beneficio del conjunto de la población. Eso sí, estas medidas tendrán que ser selectivas y que se supervisen bajo una estricta gestión científica. Incluso en España, la “Estrategia para el control de lobo” aprobada por la Comisión para la Protección de la Naturaleza especificaba que el control del lobo puede ser necesario para prevenir o aliviar los daños al ganado doméstico en determinadas zonas. Creo que la caza juega un papel esencial en la gestión de determinadas especies, además de permitir unos ingresos económicos muy necesarios para sus ayuntamientos. Un cazador defensivo es aquel que selecciona al animal que quiere cazar en base a un plan cinegético, lo busca, se va muchos días sin cazar al no encontrarlo y finalmente dispara a un animal determinado que ha sido elegido en base a unos criterios definidos en el plan cinegético del coto o reserva, en base a género, edad, anomalías, o enfermedades.

La caza del lobo tendría que ser defensiva, buscando a través de la dificultad de la selección, aquellos animales que por debidas circunstancias estén afectando a los ganaderos. No soy partidario de realizar monterías o batidas ya que las manadas se desintegran, mueren animales que son líderes de sus manadas o las hembras reproductoras y como bien sabes, las manadas son la base de la supervivencia de los lobos y es necesario protegerlas al máximo.

- ¿Por qué ese asunto genera opiniones tan confrontadas?

A lo largo de muchas décadas, los conflictos que han aparecido en relación con el lobo son, en realidad, opiniones encontradas entre los diversos sectores de la sociedad actual que tienen intereses contrapuestos. En cualquier estudio de aptitudes, vemos como el sector más favorable a los lobos está constituido por habitantes urbanos, alejados de las zonas en donde viven los lobos y los ganaderos. En este grupo suele predominar la gente joven y con un nivel alto de estudios. Por el contrario, el sector más hostil a este cánido suele estar formado por habitantes rurales que viven en zonas loberas. Y no nos olvidemos que hay un conflicto de poder, por las subvenciones económicas de la Administración a los diversos colectivos que se enfrentan y a la presencia de partidos políticos o cargos en comisiones públicas, que pueden beneficiar a los responsables más activos con cada postura.

- ¿Cómo se puede solucionar el asunto intentando contentar a todas las partes?

La problemática de los grandes carnívoros es algo conocido a lo largo de la historia de convivencia entre el hombre y estos animales. David Mech, la mayor autoridad mundial en el estudio del lobo ha escrito en repetidas ocasiones que al lobo hay que protegerlo en muchas áreas, hay que introducirlo en otras pero, sin duda, también hay que gestionar sus poblaciones en las zonas en donde sea necesario. Si todos los implicados en el conflicto del lobo le hiciéramos caso, sería muy fácil ponernos de acuerdo. Un ejemplo de cohabitación es la Sierra de la Culebra, vemos como año tras año aumenta el número de visitantes que se desplazan a ver lobos y al mismo tiempo se sigue cazando, mientras sus poblaciones siguen aumentando a través de una correcta gestión por parte de la dirección de la Reserva.

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