06 de mayo de 2021
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FIN DE SEMANA

Su historia está unida a la cogida por la que estuvo a punto de morir el 13 de julio de 1993 en la plaza de toros de Las Navas del Marqués, en Ávila

Julio Campano, de maestro a banderillero: "Un toro me quitará la vida, pero nunca la gloria de ser torero"

El torero Julio Campano.
El torero Julio Campano.
La tarde del 13 de julio de 1993, España entera se estremeció con la noticia de la terrible cogida de un joven novillero madrileño en la plaza de toros de Las Navas del Marqués. Ese novillero era Julio Campano, un torero que nació en el Madrid de 1970 y que se doctoró como matador en la plaza de toros de Ávila, el 18 de junio de 1995 con un cartel de figuras, Joselito y Enrique Ponce, y toros de Javier Camuñas. Elcierredigtal.com de la mano de José Ignacio Herce recorre su trayectoria vital.

Julio Campano procede de una dinastía de toreros iniciada por su abuelo, el torero cómico Emiliano Rosado. Su padre Miguel Campano, llegó a ser novillero y su hermano Luis Miguel igualmente matador de alternativa que fue novillero estrella en los años ochenta. Para no faltar a la traición, su hijo, Curro Campano anda ya por el CEART (Centro de Alto Rendimiento para Toreros) de Guadalajara.

Pero la historia de Julio Campano está unida a esa terrorífica cogida que estremeció y mantuvo en vilo a la sociedad española y que lo colocó entre la vida y la muerte, marcando su vida desde entonces. A un paso de la muerte, prácticamente asumida, con 14 litros de sangre transfundidos, su segundo pronóstico fue la amputación de la pierna; después, que no podría andar; más tarde, que no podría correr… pero pese a todo, su coraje y su tesón hicieron que a los siete meses volviese a torear en el campo sin el permiso de los médicos.

Dos años después reaparece en la plaza de toros de Ávila. Ha hecho más de cien paseíllos en Las Ventas como novillero, fue matador y después banderillero con los maestros Méndes, Luis Miguel Encabo, Fundi, Víctor Puerto, Iván Fandiño.... e incluso tuvo su etapa de apoderado con Miquel Encabo.

Entrevistador y entrevistado.

 Maestro, contar con esa tradición familiar y vivir el ambiente taurino desde muy niño, ¿qué fue lo que enseñó?

Lo primero que se aprende es la educación taurina. Luego, día a día, ellos te van corrigiendo tus errores hasta que adquieres un oficio que no es propio, es compartido. Mi hermano y yo partimos de la misma escuela, la de mi padre, pero mientras mi hermano era un torero de “pellizco” y muy inteligente, yo era más de raza, mas “bruto” pero que quizás llegaba mejor a la gente. Sobre todo, se aprende que la base de la tauromaquia es el respeto, primero al animal que es el principal protagonista de la fiesta, segundo a ti mismo como torero, tercero a tus compañeros mayores y al resto de matadores, banderilleros, etc., y, por último, como no, al público ya que el torero que no lo respete nunca será nada.

¿Se hizo torero por afición o por compromiso familiar?

Me puse delante de mi primera becerra con cinco años y mi primer becerro lo maté con once... En honor a la verdad creo que te sale serlo. Mi padre torero, mi hermano torero y el ambiente de casa es el toro. Hasta mi hermana, que según decía mi padre, si se hubiese hecho torera nos habría dado el pase a todos (Ríe). Mi padre, que era un hombre sabio y prudente, lo primero que nos enseñó fue la profesión, sus pros y sus contras, su dureza y que luego dependía de nosotros seguir o no. Eso sí, hacía mucho hincapié en que si difícil era llegar, mucho más duro era mantenerse.

Se puede nacer en una familia torera, en un ambiente torero, pero ¿qué se necesita para ser torero?

Primero afición e ilusión por querer serlo, luego cualidades físicas…pero en cuanto empiezas el camino te das cuenta de si vales o no. Entonces ves si conectas con el público, si eres capaz de subsanar y corregir tus errores día a día, si eres capaz de aguantar y aprender de las cornadas porque de ellas el 99% es culpa del torero no del toro, de competir permanentemente, etc. Una vez que tienes todo esto y si estás convencido, nada se te pone por delante.

                        Campano poniendo las banderillas.

Quizá lo peor para ser torero sea la duda, ¿puede ser?

Se pueden llevar años en el toro y un día un animal, no tiene que ser por una cogida, te complica la vida y te lo hace pensar. Mira, yo he estado en corridas muy duras, pero recuerdo una en Ceret en que me salió un Victorino que no era un toro, era una persona de inteligente……yo echaba todo lo que podía, pero le veía tan inteligente que me podía ganar la batalla en cualquier momento y me hizo tirarme cinco o seis veces de cabeza al callejón (Ríe). Cuando llegué al hotel me planteé si servía para esto o no, y fíjate que entonces ya era banderillero y había pasado mi etapa de matador.

Matador y luego banderillero

Maestro, aclárenos eso de que fue banderillero después de matador.

Sí, verás, todo surgió después de la cornada del 93. En el 94 reaparecí en Madrid con un triunfo como novillero, pero eso me supuso un esfuerzo casi sobrehumano porque toreé con una pierna, la otra la arrastraba. Tarde años en conseguir estar un poco en forma y tomé la alternativa en el 95. Después, compartí cartel con todos los grandes y con bastante éxito por cierto, pero me di cuenta de que, para poder competir con los Fundi, Ferrera, Espla, Fandi…y más siendo como yo, que era torero-banderillero, la pierna no me dejaba, pero me negué a dejar el toro, así que desde el 97 seguí, pero ya solo como banderillero.

Maestro, cuéntenos como se viven esos momentos de la cogida, el traslado a la enfermería de la localidad y cuándo entró prácticamente muerto en el quirófano de Ávila.

No era la primera vez que me corneaban, ya llevaba tres antes…pero ésta fue diferente a las anteriores, cuando te entra el pitón y ves que te llega hasta el hueso, cuando te empala para arriba y notas que te está rompiendo todo, arterias incluidas, que el pulso se te desboca y ese borbotón de sangre, no tiene que venir un médico a decirte que eso no pinta bien…. Fíjate que cuando me cogieron y me sacaron del ruedo yo ya daba todo por perdido, vi que me moría. Noté como me iba durmiendo, solo quería dormir…el propio médico que me hizo la primera cura en al ambulatorio del pueblo también tiró la toalla antes de mandarme a Ávila.

¿Qué se pasa por la cabeza en esos momentos?

Yo pensaba, “tengo 23 años, siempre he querido ser torero, era consciente de que mi padre ya me había avisado de que un toro me podía quitar la vida, pero he luchado por ser lo que quería, así que un toro me quitará la vida, pero no la gloria de ser torero”. ¿Sabes qué?, me podía haber muerto tranquilamente. Lo malo viene después, cuando te despiertas y crees que ya estás muerto y miras a ver si tienes la pierna todavía, luego te dan pocas esperanzas de vida, después que puedes perder la pierna y todo lo que ya sabes…Pero es entonces donde está la fuerza de querer vivir y eso a un chaval de 23 años le sobra.

                       Julio Campano saludando.

 ¿Cómo afrontó las secuelas de esa cogida?

A mí la cornada me dio una inyección de moral increíble, si pude superar aquello, podía superar cualquier cosa. Tenía claro que, si me había limitado en algo, tenía que compensarlo de otra manera y si no podía correr pues tenía que tener más cabeza y si no podía banderillear con las dos piernas, pues me apoyaba solo en una, y así fui aprendiendo que había cosas que a pesar de mis carencias se podían conseguir. Me enseñó a conocerme a mí mismo y a superar las circunstancias adversas.

Hasta entonces ¿había sentido miedo ante el toro? Ver la muerte tan cerca ¿cambia la vida?

Sí, sobre todo, te enseña a valorar las cosas, a los amigos, familia, al toro bravo…y esta sensación se mantiene aún hoy en día. A mí la cornada me dio una inyección de moral increíble, si pude superar aquello, podía superar cualquier cosa.

Maestro, ¿qué es para usted el miedo y cómo se vence?

El torero que diga que no ha tenido miedo, miente. Yo siempre he tenido miedo, pero a tres cosas, al fracaso, al público y miedo a no ser capaz de resolver delante del toro. Un torero tiene que ser consciente de que el toro te puede matar y que eso no te importe. Mira, yo nunca he estado tentado de no salir, siempre asumí que el toro me podía matar y he respetado tanto, tanto a mi público, que tenía claro que si en alguna ocasión sintiera esa sensación, habría dejado los toros y piensa que me ha salido de todo…(Ríe). El toro nunca me matará huyendo te lo aseguro.

Qué siente cuando algún “aficionado” dice aquello de ¡arrímate! y poco menos que habla de cobardía.

Nosotros oímos todo, desde las chinas que mueve el toro a su respiración y como no, lo que dice el público, pero nuestra baza es que estos “aficionados” no nos oyen a nosotros…(Sonríe).

Julio Campano en banderillas.

Lo más fácil habría sido abandonar todo, ¿por qué siguió?, ¿tanto compensa torear?

A mí sí (tajante), es más, todo lo contrario, jamás perdí la ilusión, de hecho, hoy día a mis 51 años todavía me despierto pensando ¿dónde toreo hoy? (Ríe)

Cree que las grandes figuras están a la altura de lo que se espera de ellas ¿torean solo lo que les interesa? ¿hacen algo por el mundo del toro?

Figuras del toreo ha habido muy pocas en la historia y hoy día solo podemos hablar de Tomás, Juli, Ponce. Porque figura del toreo es el que manda en el toreo y el que hace cosas, y de esos hay pocos. Figuras del toreo… gallos de pelea. El mundo del toro ha cambiado mucho, ahora necesitan torear setenta u ochenta corridas al año, Ubrique por ejemplo toreaba más de cien corridas…cuando antes las figuras solo toreaban plazas de primera, Madrid, Bilbao, Sevilla…

Y el toro, ¿ha cambiado?

Por supuesto que ha cambiado también el toro. Por ejemplo, Juli puede matar lo que quiera, pero hay que contentar a un público que no va a agradecer jugarse la vida…por eso se buscan toros que te permitan triunfar arriesgando lo menos posible. En cuanto al toro en sí, antes era más armónico, menos pesado, con más trapío y que se movía mucho más. El toro de ahora es más “armario”, no embisten y se le manipula mucho, en las fundas, después de las fundas, en los saneamientos…tu ahora te pones delante de un toro en Madrid y todos te cortan y ¿por qué? Porque se les ha manejado mucho, se les inyecta para que pasen, pasan algunos que no tenían que pasar… Antes había treinta ganaderías, ahora hay quinientas y eso no puede ser. Están los ganaderos y los ganaduros.

¿De qué se arrepiente?

Todo lo que he vivido en el toro me ha compensado y digo todo. Tanto que si volviera a nacer volvería a ser torero, eso se llama amar la profesión y ¿sabes qué es lo malo?, que el 80% del escalafón no la aman. Eso no quita de que te arrepientas de todas aquellas faenas que has hecho mal, de todas aquellas orejas que tenía que haber cortado…(Ríe). Tengo grabado en mi cabeza una vez en la plaza de Los Molinos que le di “tres voces” a mi padre que estaba en el callejón y él, por la educación, no me replicó. Siempre me quedara que se murió sin que le pidiera perdón por aquello….

¿Qué echa de menos en el mundo del toro hoy día?

Que falta afición, respeto y educación taurina, eso es lo que echo de menos hoy día. Cuando llegas a un patio de cuadrillas y no conoces a nadie, cuando sabes que están sin cobrar, que están ahí como un trabajo, que parece que han hecho un máster en tauromaquia…pues dices, esto no es lo que yo conocí. Yo he visto a Espartaco tratar de maestro a mi padre.

¿Cuál es el mal de nuestra tauromaquia?

Los mismos que conformamos la fiesta la hemos dejado escapar, la hemos dejado que la hieran y está herida de muerte. Yo haría un reseteo del mundo del toro, y que llegue el que se lo merezca después de demostrar que vale para lo que quiere hacer, sea banderillero, apoderado, empresario, ganadero….

¿Qué futuro le ve al toreo?

Sería salvable si salieran seis como Jose Tomás en su primera etapa, pero parece imposible.

Y los jóvenes ¿tienen el espíritu de sacrificio de los de su época?

Torean mejor que nadie, visten mejor que nadie…pero así hay trescientos y ninguno que se diferencie, ninguno. Les falta esa mirada… no trasmiten ilusión. Hay que cambiar la enseñanza en las escuelas taurinas, todos son iguales, quieren ser como sus ídolos y hay que enseñarles que el que se la gana es el que torea y el que desperdicie una oportunidad, a casa.

¿Cuál es para usted la figura en este momento?

Morante de la Puebla es el mejor torero del escalafón, aunque no comparta sus maneras. Le sobra valor, hace cosas que yo nunca haría (Ríe).

Así es Julio Campano, un ejemplo de lucha, se superación y, sobre todo, de amor por su profesión.

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