06 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Desde la Asociación AMIThE han solicitado al alcalde José Luis Martínez-Almeida una placa o un monolito en su honor en la ciudad que le vio nacer

Tony Leblanc, el cómico más castizo del cine español, sigue sin una calle con su nombre en Madrid

Tony Leblanc.
Tony Leblanc.
Este 7 de mayo el recordado actor Tony Leblanc habría cumplido 98 años. Pocos protagonistas del cine y el teatro han sobrevivido al paso del tiempo como él. Con todo y con eso, la ciudad de Madrid, de cuyas peculiaridades fue uno de sus exponentes, no le ha dedicado un homenaje. Esto lo intenta solucionar AMIThE (Asociación Nacional Amigos de los Teatros Históricos de España) que solicita al Ayuntamiento que preside José Luis Martínez-Almeida que dé nombre a una calle o un monolito en su honor.

Este siete de mayo, Tony Leblanc habría cumplido 98 años. Pocos actores han sobrevivido como él en el recuerdo de un público que le fue fiel desde su juventud. Tony representó siempre un papel que tenía muchos puntos en común con su propia vida: la del madrileño castizo con un punto de picardía, siempre como elemento de supervivencia. De su papel de Felipe en  La Revoltosa (1949) al inolvidable timador de buen corazón de Los tramposos (1959), Tony Leblanc ha sido el actor más popular de España durante años. La mayoría de sus películas fueron un éxito de taquilla. Incluso en aquellas que lo único bueno que tenían era su sola presencia.

Desde AMIThE (Asociación Nacional de Amigos de los Teatros Históricos de España), de la que Tony Leblanc fue presidente de honor hasta su muerte, una distinción que recae en la actualidad en el actor Manuel Galiana, quieren proponer un gran homenaje al actor más madrileño y así se lo han hecho ya saber al hoy alcalde del PP, José Luis Martínez Almeida.

Ya en los años de Ana Botella al frente del consitorio madrileño, la familia y amigos del actor solicitaron mediante un escrito, apoyado por AMIThE, que se pusiera el nombre del recordado actor a una calle de la capital de España, donde nació y forjó su éxito.

El propio Tony Leblanc, nacido Ignacio Fernández Sánchez, siempre contó cómo vino al mundo un 7 de mayo de 1922 en la Sala de Tapices del Museo del Prado: “a la misma hora en la que el toro Pocapena de la ganadería de Eduardo Mihura mataba al torero Manolo Granero en la antigua plaza de toros de Madrid (hoy Palacio de los Deportes)”. Una versión más realista asegura que su madre sufrió las primeras contracciones en el Museo del Prado donde el padre de Tony trabajaba como bedel, pero que, finalmente, nació en la calle Torrecilla del Leal, en el barrio de Lavapiés.

Atendiendo a estas dos versiones de su venida al mundo, AMIThE solicita que “o bien se haga un monolito en los jardines de enfrente del Museo del Prado o una placa en la calle Torrecilla del Leal”.

“El alcalde Almeida se ha mostrado interesado en la propuesta. Es necesario un homenaje público. Pocos madrileños han sido y son tan queridos como Tony Leblanc. Además, dentro de dos años será su centenario y nos gustaría que la Filmoteca Nacional y la municipal le hagan un merecido homenaje” explica para Elcierredigital.com Javier López-Galiacho presidente de AMIThE.

Tony Leblanc fue un superviviente de esa sociedad de la postguerra, como todos los que vivieron su juventud entre la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura. Fue campeón nacional de claqué, boxeador, portero de fútbol, bailarín de revista de Celia Gámez… Una amalgama de profesiones para hacerse un hueco poco a poco en el mundo del espectáculo, donde llegó a la cima con películas, aparte de las citadas, como …Y después del cuplé, El tigre de Chamberí, Tres de la Cruz Roja, Las chicas de la Cruz Roja, El día de los enamorados, Julia y el belecanto, Amor bajo cero, Sabían demasiado, Los que tocan el piano y un largo etcétera.

No se acomodó al éxito y probó suerte en todo tipo de actividades. Por ejemplo, componía las canciones de sus revistas musicales. Obtuvo un gran éxito con el tema Cántame un pasodoble español que se hizo célebre en la voz de Lolita Sevilla, la inolvidable actriz protagonista del clásico Bienvenido Mister Marshall de Luis García Berlanga.

También dirigió películas como la dramática cinta de El pobre García, que supuso el descubrimiento para el cine de Lina Morgan. Escribió textos teatrales, libros, trabajó durante años haciendo café-teatro en la sala El Biombo Chino y también hizo televisión. En la pequeña pantalla pasó a la historia al pelar y comerse una manzana en directo en el programa de José María Iñigo. Una semana antes prometió al periodista que haría algo que nunca se había hecho en televisión.

En 1983, un trágico accidente de tráfico supuso el fin de su trayectoria artística y la caída en el olvido. Según declararía años más tarde, sólo sus compañeras Laura Valenzuela y Concha Velasco acudían a visitarle. Estas dos clásicas del cine español le acompañaron como pareja en muchas películas. No fueron sus únicas ‘novias’ en la pantalla. También compartió cartel con Carmen Sevilla, Marujita Díaz, Mary Paz Pondal o Katia Loritz.

Javier López-Galiacho, presidente de AMIThE, con Tony Leblanc y su mujer Isabel.

En 1993 se le otorgó el Goya de Honor. Tal vez la Academia de Cine pensó que se cumpliría con él la maldición que muchos suman a este premio. Unos años después acudió a Albacete para recibir el II Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert.

"Se emocionó muchísimo cuando un chico de catorce años que pasaba en bici le gritó ‘adiós Tony’. Conocía todos los teatros de España. En el Teatro-Circo de Albacete sólo hay dos camerinos con nombre, en uno está él y en el otro la gran María Isbert. Cuando Santiago Segura vio su imagen del premio descubrió que estaba vivo y le ofreció Torrente”, recuerda Javier López-Galiacho.

Tras la primera entrega de la saga ‘torrentiana’ Tony se llevó un nuevo Goya. Este ya competitivo, en la categoría de Mejor Actor de Reparto y recobró su popularidad. Hizo publicidad, participó en la serie Cuéntame, publicó sus memorias, concedió todo tipo de entrevistas y participó en tres películas más. Falleció en 2012 a los 90 años, dejando un legado de humor y costumbrismo inigualable merecedores de un reconocido homenaje y una calle con su nombre en su querida ciudad: Madrid.

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