17 de octubre de 2019
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FIN DE SEMANA

Magda siguió al monarca en su exilio y para muchos fue la culpable de que el Jefe de Estado rumano se acercara a la la Alemania de Adolf Hitler

Madame Lupescu, amante de Carol de Rumanía, la Pompadour de los Cárpatos

Magda Lupescu
Magda Lupescu
Los grandes protagonistas de la Historia han llenado páginas de libros, ocupan estatuas en lugares públicos o se utilizan sus nombres para bautizar calles, edificios y hasta hoteles. Paralelas a sus vidas están las de sus amantes. Hombres y mujeres que asistieron desde la retaguardia doméstica a los grandes acontecimientos. Los hubo desinteresados, arribistas, enloquecidos, conspiradores y hasta espías. Observaron el devenir de la política desde la atalaya de lo íntimo.

Magda Lupescu, la hija de un farmacéutico judío, fue descrita como una nueva Madame Pompadour y una de las mujeres más poderosas de Europa. Su belleza llameante la convirtió en la mujer que trajo de cabeza al Rey Carol II de Rumanía y fue vista como el verdadero poder detrás de la política rumana hasta el exilio final del monarca en 1940.

Nació como Magda Wolff y se crio en Bucarest. Su padre era judío alemán. Al final de la Primera Guerra Mundial, era una belleza de 16 años con la ambición de entrar en la alta sociedad rumana. Después de casarse con un teniente de la guardia real, de quien tomó el apellido Lupescu, conoció por primera vez al entonces príncipe heredero Carol, que ya tenía reputación de ser el principal playboy de Europa, en un baile militar. Carol entró en el salón con su esposa, la princesa Elena de Grecia. Sus ojos se encontraron con los de Madame Lupescu y enseguida estaban bailando. Era 1925 y la relación empezó siendo tan pasional que Carol renunció a sus derechos al trono y desapareció.

La pareja se presentó en París unos días después, luego se mudó a Londres, Biarritz y la Riviera francesa. Vivían como recién casados ​​y causaban sensación allí donde aparecían, siendo objetivo de la incipiente prensa del corazón europea. Mientras tanto, el rey Fernando de Rumania murió y el hijo de Carol, el príncipe Miguel, fue proclamado rey. Pero la intriga palaciega engendró un caos político y en 1929 el gobierno rumano invitó a Carol a regresar y ser coronado. En junio de 1930 se sentó en el trono.

Sin embargo, la situación política del país era caótica y las tensiones entre izquierda y derecha eran cada vez más fuertes. Además, el fascismo que se extendía por Europa también llegó al país del Conde Drácula.

Carol II y Magda Lupescu en sus primeros años. 

Según informes, Carol, frente al creciente poder de la Guardia de Hierro fascista en Rumania, dio un golpe de estado y se proclamó dictador en 1937. Se dio inicio así a un período de efervescencia política conocido como Fascismo Real. El final llegó en septiembre de 1940, cuando Carol fue acusado de inclinarse hacia la cooperación con la Alemania nazi. El gobierno exigió su abdicación y el Rey, protestando por su inocencia, abandonó una vez más el trono en favor de su hijo. Junto a él siempre Magda Lupescu, a quien muchos acusaban de decantar al Rey en favor del nazismo.

La pareja en el exilio

La pareja se abrió paso en secreto a través de Europa hacía España, donde fueron espiados por la Falange española por orden de Ramón Serrano Súñer hasta llegar a la frontera portuguesa. Desde Lisboa se fueron a Cuba, donde se les denegó el permiso para ingresar en los Estados Unidos, que era su objetivo. Se refugiaron en México, donde Carol compró un rancho y financió un club nocturno. La presencia del ex monarca y su amante llamaba poderosamente la atención en una época de agitación cultural y efervescencia económica en el país azteca.

Para 1944, Carol y Madame Lupescu estaban en Brasil, llegando al Copacabana Palace Hotel con 40 baúles, 67 maletas, dos autos, seis perros y grandes cantidades de joyas, incluyendo dos coronas de oro con gemas. La pareja impactó a la alta sociedad brasileña y fueron visitantes frecuentes de los casinos de juego. La prensa, como siempre, retrataba todos sus pasos.

La boda de Carol con la mujer que había sido descrita eufemísticamente como su compañera durante casi un cuarto de siglo, parecía el último capítulo de una de las historias de amor más publicitadas del siglo XX. La ceremonia se realizó en una suite de hotel en Río de Janeiro después de que los médicos le informaron a Carol que Madame Lupescu, de 47 años, se estaba muriendo de leucemia. Después de esto, entró en coma, pero en dos semanas se recuperó y los galenos informaron de que estaba fuera de peligro. Algunos historiadores aseguran que fue una maniobra de la amante real para conseguir, al fin, casarse con el ex monarca. Más tarde, las autoridades brasileñas cuestionaron la validez del matrimonio y exigieron pruebas de que Carol y la Magda estaban divorciados de sus ex parejas. Finalmente, el matrimonio fue declarado válido.

Carol y Magda camino del exilio. 

Más allá de rumores, Lupescu consiguió al fin ser declarada princesa oficialmente por su marido el mismo día de su boda y viajó junto a su ya marido a la última parada de su exilio en Lisboa. Portugal se había convertido en la Meca de los Reyes exiliados. Así, Carol y Magda compartieron retiro dorado con los ex monarcas de España, Italia, Francia, Egipto y el propio Portugal con la connivencia de Oliveira Salazar.

Muerte en el ostracismo

Tras la muerte de Carol en 1953, la vida social de Magda se redujo y apenas se la vio en lugares públicos o concedió entrevistas. La monarquía en Rumanía había sido abolida tras un Golpe de Estado comunista auspiciado por la Unión Soviética. Así Miguel I, último monarca del país, fallecido en 2017, despreció siempre a su madrastra y consiguió que ninguna casa real, en el exilio o en ejercicio, contaran con ella para nada. Solo en alguna ocasión recibió invitaciones de María de Borbón, la esposa de Don Juan, el Conde de Barcelona y heredero del trono español.

Carol y Magda el día de su boda en Brasil. 

Madame Lupescu murió a los 74 años en 1977 en Portugal en el más absoluto ostracismo. Aún hoy en día su figura sigue provocando rechazo en la sociedad rumana y hay muchos aspectos sobre su biografía que no se han aclarado. Los rumores durante años aseguraron que la vida de Lupescu en Portugal se financió gracias obras del patrimonio rumano que ésta se encargó de vender en subastas internacionales. Lo que nunca perdió fue su capacidad de analista política ya que, dicen, que le aseguró a su hijastro que la monarquía solo volvería a Rumanía participando del juego republicano. Algo que se ha cumplido en parte ya que en el país existe un partido político monárquico con muchos votantes que exige la vuelta de este sistema al país.

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