25 de enero de 2021
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FIN DE SEMANA

El astro argentino y el comandante cubano fraguaron una importante amistad durante el periodo de desintoxicación del futbolista en el país caribeño

Fidel Castro, el revolucionario del siglo XX, murió justo cuatro años antes que su amigo Maradona

Fidel Castro.
Fidel Castro.
El 25 de noviembre de 2016 fallecía en La Habana Fidel Castro. Querido y odiado a partes iguales, mientras unos lo consideran un libertador y un mito de la lucha contra el imperialismo, otros recuerdan su intransigencia y definen la realidad política que creó en Cuba tras la Revolución que encabezó como una dictadura. En cualquier caso, la trascendencia de su figura en el siglo pasado es innegable. En este sentido, cuando se cumplen cuatro años de su muerte, repasamos su trayectoria.

Muchos son los que en la actualidad reclaman verdaderos dirigentes. Políticos verdaderamente carismáticos, líderes de masas capaces de movilizar realmente  a la población. Con independencia de la ideología, es indudable que nuestro protagonista de hoy, Fidel Alejandro Castro Ruiz, si de algo iba sobrado era de carisma. Y es que el siglo pasado no puede entenderse sin la figura del “El Comandante”, que fue capaz de situar la pequeña isla de Cuba, que dirigió durante casi seis décadas, en el epicentro de la geoestrategia mundial.

Sus orígenes están ligados a nuestro país. El padre de Fidel, Ángel Castro, como muchos otros, emigró desde Galicia al Caribe buscando un mejor porvenir económico. En Cuba contrajo matrimonio con Lina Ruiz, cuyos antepasados también eran españoles. En esta tierra hallaron cierta estabilidad económica y en calidad de terratenientes pudieron dar a sus hijos, Ramón, Fidel, Raúl y Juanita, a la postre figuras destacadas en el país cubano, una notable educación.

Un joven Fidel Castro.

En cuanto a Fidel, después de graduarse como bachiller en letras, se licenció en derecho en la Universidad de La Habana y siguió profundizando en sus estudios hasta doctorarse en esta disciplina a finales de los años 40. Durante estos años, se impregnó de las ideas marxistas y participó en movimientos insurreccionales, primero contra la dictadura de Leónidas Trujillo y posteriormente contra la de Fulgencio Batista.

Célebre es el asalto que dirigió al Cuartel de Moncada de Santiago de Cuba, que, si bien acabó en derrota para Castro y los suyos, les colocó en primera línea de la oposición al régimen. Tras cumplir dos años de prisión, preparó desde su exilio en México una segunda tentativa, esta vez, canalizada desde el cobijo y la ruralidad de la espesa Sierra Maestra, al oeste de la isla. Y así llegó la guerrilla a Cuba, una táctica militar cuya génesis hay que buscarla en la España de la Guerra de la Independencia.

Victoria y cambio de era

Las escaramuzas con las fuerzas de Batista eran incontables. Pese a las bajas, los guerrilleros de Castro se mantenían firmes. Conocían el terreno y hostigaban continuamente a sus enemigos. Por si fuera poco, entre los partidarios de “El Comandante” figuraban personalidades como las de su hermano Raúl, el disidente Camilo Cienfuegos y, por encima de todos, el indomable Ernesto, el Che Guevara. El propio Castro participó en los combates en primera persona.

Paralelamente, el ambiente en Cuba se enrarecía. La dependencia de la economía cubana de Estados Unidos, que aprovechaba esta coyuntura en su beneficio, unida a la pobreza generalizada y las bestiales desigualdades del país propiciaron la unión de grupos sociales de muy diversa índole a favor de la Revolución Cubana comandada por Castro.

Fidel Castro junto al Che Guevara.

Así, desde los círculos intelectuales hasta los proletarios rurales, pasando por los sectores liberales y por el inicialmente reticente partido comunista secundaron el movimiento guerrillero hasta expulsar al dictador. “La tiranía ha sido derrocada”, declaró Castro.

Con la salida de Batista del país, el efímero gobierno de Manuel Urrutia Lleó pronto fue sustituido por el férreo control de Fidel Castro, que acumuló la Jefatura del gobierno y la comandancia de las Fuerzas Armadas en 1959, dotando a la revolución de un marcado carácter socialista.

Una nueva realidad en el marco de la Guerra Fría

Durante estos meses, impulsó una reforma agraria en todo el país, nacionalizó gran parte de las empresas norteamericanas e hizo un llamamiento contra el imperialismo yankee en Latinoamérica. Evidentemente, las relaciones con Estados Unidos se tornaron insostenibles, un hecho que se agudizó aún más con el alineamiento cubano al bloque soviético durante la Guerra Fría y su proclamación como régimen comunista marxista-leninista: “Con los humildes y para los humildes”, afirmó Castro.  

La tensión estuvo a punto de desencadenar una guerra nuclear de resultado incierto con la crisis de los misiles de Cuba. Resuelta esta tentativa, Castro, financiado por la ayuda soviética, erigió en Cuba un régimen dictatorial comunista que tuvo que afrontar el bloqueo comercial de Estados Unidos y sus aliados.

La crisis de los misiles en Cuba estuvo a punto de causar una guerra nuclear. 

Bajo la premisa “médicos y no bombas”, se compaginaron mejoras en materia social relativas a la reducción de la desigualdad, la disminución del analfabetismo o la conformación de las bases de un sistema de sanidad pública de referencia a nivel mundial, con la restricción de libertades que lleva aparejada toda dictadura, así como el incesante control policial y de la disidencia, con episodios especialmente violentos

Las últimas décadas

Con la caída de la URSS, buena parte del proyecto de Castro se derrumbó. Para paliar la catástrofe, se vio obligado a liberalizar moderadamente la economía. Con la llegada del nuevo siglo, las dificultades económicas se sucedieron, lo que no impidió la declaración irrevocable del socialismo en Cuba merced a una enmienda constitucional decretada en 2002. Quedaba sellado el carácter político de la isla en su Carta Magna.

La salud de Castro comenzó a empeorar desde 2006, hasta renunciar al poder dos años después dejando al mando de Cuba a su hermano Raúl. Este impulsó el continuismo de las políticas castristas, así como la colaboración con otros grandes líderes de ideas afines como Evo Morales y Hugo Chávez.

Barack Obama y Raúl Castro.

Eso sí, con el ascenso del demócrata Barack Obama a la Casa Blanca, se reanudaron las relaciones diplomáticas entre norteamericanos y caribeños. Todo el proceso contó con el visto bueno de Fidel, quien, desde un segundo plano, supervisó la política cubana hasta su muerte el 25 de noviembre de 2016, con 90 años, a causa de una insuficiencia cardiaca.

Sin duda, su alargada sombra sigue influyendo un país que no puede explicarse sin aludir a su persona y cuyas libertades políticas siguen siendo cuestionadas en la actualidad.

 

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