03 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

En elcierredigital.com analizamos la nueva entrega de una de las producciones españolas de mayor éxito reciente

La tercera temporada de Élite en la plataforma Netflix se inicia con menos denuncia social y más trama criminal

Los protagonistas de Élite
Los protagonistas de Élite
El estreno de la tercera temporada de Élite en Netflix ha coincidido con el confinamiento provocado por la crisis del coronavirus. La nueva entrega de la serie ha tenido muy buena acogida entres sus millones de fans en todo el mundo. En elcierredigital.com analizamos la nueva temporada de una de las producciones españolas de mayor éxito reciente.

La tercera temporada de Élite se ha visto beneficiada sin duda por las circunstancias que estamos viviendo. El primer fin de semana de confinamiento hizo que uno de los productos estrella de Netflix se consumiera con la avidez de las drogas que algunos de los protagonistas venden en la serie para poder mantenerse. O mantener su estilo de vida, que al fin y al cabo es lo mismo.

Sin duda es la temporada más floja de la serie sobre todo en cuento a la profundidad de los personajes y los distintos planos de lectura que pueden generar sus ocho episodios. El thriller que en las anteriores entregas de la serie era como el empanado del filete para hacerlo más digerible aquí va acaparando peligrosamente toda la atención y jibarizando el resto de tramas.

Si por algo ha destacado la serie de Carlos Montero y Darío Madrona es por proponer de forma sucinta en un entorno tan poco dado a las sutilezas como un instituto un enfrentamiento entre clases sociales. Un planteamiento poco habitual en las series de adolescentes españolas que vivieron su época de apogeo en los años previos a la crisis de 2008. Los hijos de la clase obrera perdieron el sentimiento de clase. No así los cachorros del poder, los descendientes de los acostumbrados a dirigir vidas y haciendas. Ese choque inevitable y natural cubría las dos primeras temporadas de forma incómoda para un público poco acostumbrado que, afortunadamente, tenía la trama criminal y la sexual para entretenerse.

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Si hay un referente en clave de lucha de clases, o algo así, en esta tercera temporada y corresponde al personaje mejor desarrollado. Lu (Danna Paola) roba la función a sus compañeros de reparto. La joven símbolo de triunfo inamovible se desclasa hacia abajo y, lejos de la autocomplacencia, se hace rápido con la nueva situación. Como pobre de nuevo cuño tiene una herramienta única frente a sus nuevos compañeros de clase obrera: la ductilidad para mover la balanza de la ética que caracteriza a los personajes de la clase alta en la serie. Y en la vida real, cloro.

Danna Paola se descubre con una actriz con mejores recursos de los que nadie podía esperar frente a un Miguel Bernadeu (Guzmán) pasado de vueltas. Su personaje transita por momentos de delirio en esta tercera temporada y el actor lo acaba resolviendo cayendo en un histrionismo mal controlado. Como un mal ejemplo del Actors Studio en envoltorio de niño bien.

Maricones vs. Gais

El sexo, como en toda serie de adolescentes, lo preside todo. Sin embargo, Élite es más generosa en exhibición de carne masculina de lo que ninguna serie español se permite. El sexo en las dos primeras temporadas era oscuro. O era un bien intangible con el que conseguir cosas o era un aditamento para parejas que, a pesar de no tener más de 18 años, buscan en los tríos estables o en el poliamor salir de una rutina que parece más propia de matrimonios con años de rutinas y expectativas no resueltas encorvando sus hombros.

En esta temporada el sexo es más luminoso. Tal vez para compensar el peso una trama criminal más oscura por lo abierta. La única trama sentimental que compite con la del asesinato es la de la relación entre Omar (Omar Ayuso) y Ander (Aron Pipper). El primero pasa de ser un joven musulmán de barrio que menudea con drogas para tener una relación estable con un niño bien, también raro entre los suyos por su homosexualidad. En esta tercera temporada tendrá que elegir entre vivir de nuevo en un armario con otro musulmán o seguir con Ander. Malick, el tercero en discordia, le ofrece un armario suntuoso y la protección de la invisibilidad. Convertirse en gay frente a lo que es de seguir con Ander: un maricón de barrio. En esa decisión, que no pienso revelar, hay más discurso político que en toda la contemporización de sus colegas de barrio que después de engañas, traficas y renunciar a sus principios son finalmente aceptados entre la élite del mismo modo que pasan de adolescentes a adultos. Casi, casi como si fuera un reality show sobre Unidas Podemos.

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