25 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA

El abogado Alberto G. Cebrián analiza la ruptura en la vida real de los príncipes, que tendría una apariencia familiar de cara a la opinión pública

Charlene y Alberto de Mónaco: Las condiciones millonarias de una separación "en privado"

/ Charlene de Mónaco y el Príncipe Alberto.
Según ha trascendido en los medios de comunicación galos, los príncipes Alberto y Charlene de Mónaco habrían firmado un acuerdo matrimonial de carácter privado para mantener su matrimonio dentro del plano legal. Se trata de regular su separación de hecho y así evitar una separación pública. El abogado Alberto García Cebrián explica para elcierredigital.com lo que supondría que los monegascos acordaran una ruptura en la vida real, manteniendo una apariencia familiar de cara a la opinión pública.

Según ha trascendido en los medios de comunicación galos, los príncipes Alberto y Charlene de Mónaco habrían firmado un acuerdo matrimonial de carácter privado para mantener su matrimonio en el plano legal, pero regular su separación de hecho y así evitar la separación pública.

Se trata de un pacto que, de ser cierto, supondría que los príncipes acordarían una ruptura en la vida real manteniendo una apariencia familiar de cara a la opinión pública. Jurídicamente, su vínculo matrimonial se mantiene de forma aparente pero en la vida real parece ser que harán vidas separadas, conformando una situación familiar atípica.

En su día incluso existieron rumores, que no han sido confirmados ni corroborados, sobre pactos prematrimoniales otorgados por la pareja que establecían la obligación de Charlene de dar un heredero de Mónaco y permanecer al menos cinco años junto a Alberto. El matrimonio ha despertado tanto interés mediático que han recibido duras críticas y su matrimonio ha sido muy cuestionado.

Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock se casaron civilmente el 1 de julio de 2011 y ahora, casi 11 años después, al parecer, se ha llegado a un acuerdo para hacer vidas separadas y mantener una apariencia pública. Es una opción respetable, pero desde mi punto de vista antinatural. 

Alberto de Mónaco, doce millones de euros 

Conforme a las informaciones que se conocen, Charlene recibiría 12 millones de euros anuales para cubrir sus necesidades y vivir fuera del Principado de Mónaco de manera independiente a cambio de acompañarle en determinados actos públicos, actuando como primera dama y con el derecho de seguir viendo a los hijos comunes cuando lo considere oportuno.

Charlene seguiría viviendo en Ginebra, Suiza. Además, así podría seguir recibiendo los tratamientos médicos a los que al parecer se está sometiendo.

Es evidente que con 12 millones de euros al año la exnadadora de origen sudafricano, a sus 44 años, podrá mantener su nivel de vida de manera desahogada y confortable sin preocupaciones económicas.

También habrían firmado un contrato de confidencialidad por lo que las condiciones pueden ser mucho más concretas e incluso establecer penalizaciones en caso de incumplimientos, como ocurre en los contratos.

Charlene vería a los hijos 

Según parece, ella podría visitarles siempre que quisiera y ellos también podrían viajar a Suiza para pasar sus periodos vacacionales con la madre.

A pesar de ello, al no perfeccionar la separación o el divorcio, las medidas respecto de los hijos que se hayan podido acordar no son vinculantes pues requieren necesariamente la homologación judicial para que surtan efectos legales y poder ser ejecutadas ante un hipotético incumplimiento.

Charlene y Alberto de Mónaco con sus hijos Gabriella y Jacques.

Además, si en el acuerdo, con respecto de los hijos comunes, se estableciera que la madre puede ver a los mellizos “cuando quiera”, realmente no se estaría aportando nada nuevo pues ya cuenta con dicho derecho, tanto la madre como el padre.

Está muy bien dejar por escrito que los hijos seguirán residiendo con el padre y estarán bajo su cuidado y compañía. También que la madre pueda ver a los hijos cuando le plazca, pero al ser algo tan indeterminado, podría dar problemas de aplicación.

¿La madre podrá estar con los niños sin la presencia del padre? ¿Existe alguna limitación de tiempo o frecuencia en las visitas? ¿En caso de controversia, qué progenitor decidiría? ¿Y si en algún momento la madre quiere que los hijos estén con ella en vez de con el padre?

Todos los acuerdos respecto de los hijos se tienen en cuenta pero no tendrían aplicación directa en el plano legal. Es el gran inconveniente de no pasar estos acuerdos por el Juzgado. A diferencia de los acuerdos económicos, que sí pueden comprometer jurídicamente a los esposos, los acuerdos paternofiliales no lo hacen hasta que, en su caso, obtengan la homologación judicial.

Acuerdo Charlene participe actos públicos

En este sentido, casi estaríamos llegando a una figura de “princesa por contrato”, con unos derechos y obligaciones predeterminados. La primera dama o princesa consorte es la mujer del príncipe, de manera que harían lo contrario de la recurrente frase: “no sólo hay que serlo, sino también aparentarlo”. En estos actos públicos no sería la persona que mantendría una relación de convivencia cotidiana con el príncipe, pero sí daría dicha apariencia.

Charlene podrá participar como princesa consorte en dichos actos, pues lo es pero, si es cierto que existe ruptura, su presencia contaría con una grandísima expectación mediática pero no tanto interés institucional. Si lo que pretenden es mantener discreción y normalidad, tal vez lo que consigan con este tipo de acuerdos sea todo lo contrario.

Charlene de Mónaco y el Príncipe Alberto en su boda.

Parece que la realeza y los personajes públicos tienden a dar una visión idílica y de perfección. Esta información debe servir para entender que, en definitiva, en todas las familias hay problemas y lo que hay que buscar son soluciones.

Cada familia tiene sus propias circunstancias y necesidades y por ello hay que respetar los pactos matrimoniales. Los protagonistas son los que conocen realmente cómo es la situación y ello determinada cada decisión y cada acuerdo que, además, siempre será mejor que un pleito.

Respecto de los hijos comunes, lo que realmente habrían hecho es dejar constancia del lugar de residencia de los menores y del progenitor que se queda a su cargo, en este caso el padre y una declaración de propósitos de las visitas de la madre para favorecer al máximo la relación con los niños. En muchos casos, estos acuerdos lo que pretenden respecto de los hijos meramente es fomentar la cordialidad y prevenir malos entendidos y enfrentamientos pues, legalmente, dichas medidas paternofiliales no tienen eficacia jurídica directa. Sólo la tendrán cuando lo determine y apruebe, en su caso, un Juzgado.

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