25 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

En Estados Unidos es recordada como un símbolo del idealizado 'american way on life' de los años 50 por sus filmes clásicos e inolvidables

Doris Day, el legado eterno tras casi un siglo de vida de la virgen de América del cabello dorado y los ojos de cielo

Doris Day
Doris Day
Doris Day, una de las estrellas más populares de Hollywood de los años 50 y 60 que protagonizó su propio show de televisión, se acaba de ir a los 97 años. La actriz fue protagonista de filmes como 'Quiéreme o déjame', 'Té para dos', 'El hombre que sabía demasiado', 'A la luz de la Luna', 'Pijama para dos' o 'Confidencias de medianoche', trabajo por el que logró su única nominación al Oscar. Un gran legado de la llamada virgen de América.

Doris Day es conocida por el público español, no precisamente el más cinéfilo del mundo, únicamente por sus comedias de los primeros 60 con Rock Hudson y por ser la heroína de El hombre que sabía demasiado (1956) de Hitchcock. En este filme interpretaba su canción más popular, aquel Qué será, será que sería clave en la trama de la película.

Para los americanos, sin embargo, Doris Day es mucho más. Un símbolo de una América idealizada, la de los años cincuenta, en los que ella protagonizó comedias que la erigieron como la virgen de América. El cómo era posible que interpretase el personaje de cándidas muchachas pasados los 30 y después de dos matrimonios fracasados no tiene explicación posible. Day era producto de la América de las verdades alteradas y su virgo no era más artificial que los guiones que interpretaba o el tinte rubio champan que lució hasta el final de sus días.

Se curtió en las orquestas de los años 40 y llegó al cine en 1948 después de haber triunfado en el mundo de la radio. Fue enlazando éxitos en la pantalla y la música. A nuestro país sólo llegaron dos títulos de sus primeros años: El trompetista (1950) un drama de cine negro donde compartía ambigüedades con Lauren Bacall y Doris Day en el Oeste (1952). Esta última sólo se estrenó en España después de sus exitosas comedias con Rock Hudson. Esta era una parodia del personaje mítico del Oeste, Calamity Jane y tan exagerada fue que hasta, de manera involuntaria, llegó a protagonizar una trama lésbica. Desde luego una de las cosas más increíbles de su carrera es que acabara siendo ídolo de un determinado tipo de gay conservador en Estados Unidos. Su club de fans, realmente numeroso, realizaba reuniones anuales con su ídolo que acaban en concentración de locazas pasadas por Ronald Reagan.

Más allá de su colaboración con Hitchcock que, muy justamente, la consideró una cursi, alcanzó el cénit de su carrera con Confidencias a medianoche (1959), por la que fue nominada al Oscar. Esta comedia marcaría la pauta de las que rodaría junto a Rock Hudson. Ambientes sofisticados, el manido recurso de la pantalla partida y un mismo esquema (chico y chica se conocen, chico y chica se odian, chico y chica se enamoran) garantizaron el éxito de unos productos muy descriptivos de su época, a caballo entre los Estados Unidos orgullosos de su american way on life de los 50 y los abruptos cambios sociales que trajeron consigo los 60.

A finales de esa década, Doris acabó protagonizando filmes cada vez menos exitosos e incluso rechazó protagonizar El graduado en favor de Anne Bancroft. Afortunadamente, ya que había sido como ver a Soraya Sáenz de Santamaría haciendo una peli del destape. En 1968 anunció su retirada coincidiendo con la muerte de su tercer esposo. Sin embargo, éste le había dejado una desagradable sorpresa. Había firmado como su representante un contrato para rodar una serie televisiva que ella hizo contra su voluntad. Inesperadamente Doris Day show fue un éxito durante cinco temporadas.

De Charles Manson a Jesucristo

Los años siguientes Day fue alejándose paulatinamente de su carrera salvo puntuales actuaciones personales. Su vida se centró en la defensa de los animales (por su lucha llegó a ser galardonada por su admirado George Bush Jr.), la propaganda del Partido Republicano y programas sobre mascotas en la televisión por cable. Un cuarto matrimonio también fracasó y durante los ochenta fueron habituales sus reportajes en las revistas del corazón viviendo rodeada de gatos. También fue una fuerte defensora de la Ciencia Cristiana, religión nacida en el siglo XIX y a la que se convirtió convencida de la capacidad curativa de Jesucristo.

Quien siempre estuvo a su lado fue su hijo Terry Melcher, uno de los grandes productores musicales de los 60 y los 70. Su éxito le hizo ser el objetivo de los odios de uno de los muchos aspirantes a estrellas del pop: Charles Manson. Él era el objetivo de la secta del asesino más famoso del siglo XX cuando cometieron su matanza en Cielo Drive en 1969. Así, la virgen oficial de América ha acabado, de manera indirecta, vinculada a la matanza más mediática de la contracultura.

Influenciando por Melcher, Day nunca dejó de grabar discos. El último fue en 2004, el mismo año en el fallecía su hijo, al que ha sobrevivido 15 años. El mundo había cambiado, pero ella seguía inmutable, como símbolo de una América ya existente sólo en el recuerdo. Eso sí, no dejó nunca su característico y falso tinte que copiaron miles de abuelitas americanas igual que en su día copiaron sus castos vestidos. Pasó de la virgen oficial a la anciana al estilo Las chicas de oro que América exportó al mundo.

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