05 de febrero de 2023
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FIN DE SEMANA

La aristócrata madrileña falleció de cáncer el 29 de noviembre de 1999 y mantuvo un vínculo de amistad con Don Juan Carlos y Adolfo Suárez

Se cumplen 23 años de la muerte de Carmen Díez de Rivera, la musa de la Transición española

Carmen Díez de Rivera.
Carmen Díez de Rivera.
Unos la definían como autoritaria, otros como una mujer con ansias de libertad. Así era Carmen Díez de Rivera, la política que vivió toda su vida atormentada por un pasado ilegítimo. Nació en plena posguerra y en la adolescencia se enteró de que fue fruto de un amor extramatrimonial. Tuvo que reivindicar su figura en una política dominada por los hombres. Entabló amistad con don Juan Carlos y trabajó al lado de Adolfo Suárez. El 29 de noviembre de 1999 falleció víctima de un cáncer de mama.

Libre y solitaria. Así la definían los que conocían a Carmen Díez de Rivera. La política de melena rubia y ojos azules se convirtió en uno de los mitos de la Transición española. Aunque todos parecían conocerla, muy pocos sabían quien  fue la mujer que reivindicó su propia voz en una política dominada por las figuras masculinas y que pasó a la posteridad como un personaje de la trastienda de la historia. 

Sus últimos años los vivió a caballo entre Madrid, Estrasburgo y Menorca. La aristócrata falleció de manera prematura a los 57 años el 29 de noviembre de 1999, víctima de un cáncer de mama en el hospital San Rafael (Madrid). La vida de la mujer a la que el escritor Francisco Umbral apodó como la Musa de la Transición estuvo marcada por la tragedia y las mentiras.

Origen ilegítimo

Carmen Díez de Rivera y de Icaza nació en plena posguerra en el seno de una familia aristocrática. Sus padres eran Francisco de Paula Díez de Rivera y Casares, V Marqués de Llanzol y María Sonsoles de Icaza y de León, una mujer extremadamente bella y musa de Balenciaga. Aunque en realidad, pronto descubriría que aquel hombre por el que había mostrado devoción desde su niñez no era en realidad su padre legítimo. A los 17 años, la aristócrata inició un romance junto a Ramón Serrano Polo, hijo de Ramón Serrano Suñer, también conocido por el cuñadísimo, y Ramona Polo, hermana de Carmen Polo.

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La marquesa de Llanzol, Carmen Díez de Rivera y Ramón Serrano Suñer.

Nada hacía presagiar que, al obtener la partida de nacimiento, la política descubriría que en realidad su prometido era su hermano y que ella fue fruto de un affaire entre el ministro de Franco y la Marquesa de Llanzol. Aquel día Carmen Díez de Rivera fue consciente de que su vida había sido una mentira. El conocimiento de su origen ilegítimo derivó en diversos problemas de salud e incluso la llevó a entrar como monja de clausura en un convento de las carmelitas. Su pasado la atormentaba.

Vocación política

Tras permanecer una temporada junto a las carmelitas, la aristócrata decidió marchar a Costa de Marfil como cooperante. Allí se reinventa y regresa para comenzar a estudiar en diversos medios de comunicación como la Revista de Occidente. Su atracción por la política la llevó a licenciarse, especializándose en Relaciones Internacionales. Era una estudiante brillante. 

Su belleza y su inteligencia cautivaba a la clase política masculina, que la consideraba una "pija progre". Entabló una estrecha amistad con don Juan Carlos, que hizo de intermediario para que entrara a trabajar con Adolfo Suárez durante su época como director de RTVE, al lado de quien se mantuvo hasta la muerte de Franco. 

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Adolfo Suárez junto a Carmen Díez de Rivera.

Su ambición política la convirtió en la primera mujer directora de gabinete de un gobierno y de su llegada a la Moncloa se recuerda la frase: “no quiero ni un papel sobre la mesa, aquí hemos venido a hacer política”. Dimitió en 1977, justo cuando Adolfo Suarez se estaba preparando para participar en las elecciones como UCD, y se afilió al PSP (Partido Socialista Popular) que entonces lideraba Tierno Galván. Su labor política dejó huella, destacando su implicación en la legalización del partido comunista que fue aplaudida en los corrillos. 

A mediados de los ochenta volvió junto a Suárez presentándose en la lista de las europeas, obteniendo el escaño. Sin embargo, discrepancias políticas la hicieron abandonar, ingresando en el PSOE en 1989. Con la formación socialista se presentó como candidata a eurodiputada y obtuvo el escaño que renovó en 1994. Sin embargo, los problemas de salud, a causa de un cáncer de mama, ya habían aparecido y en 1999 tuvo que abandonar. 

La herencia de la política es amplia y han sido muchos los que han querido honrar su figura como Catalina Garrigues quien la definió como “un personaje arrebatador, maravilloso, peculiar. [...] Su ser, su cuerpo, su alma están dedicados a una vocación intensa. La suya, de siempre, fue la de cambiar el mundo”. 

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