07 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

El Gobierno británico ha decido proteger el monumento de Churchill en Londres, amenazado en los últimos días por el lanzamiento de piedras y pintura

La furia revisionista antirracista se lleva por delante la Cultura: Desde estatuas hasta películas

La estatua de Colón en el suelo.
La estatua de Colón en el suelo.
Si hay una película que representa la edad dorada de Hollywood es 'Lo que el viento se llevo' estrenada en 1939 en Estados Unidos y en España once años después. Es cierto que el libro en el que se basa el filme ensalzaba los valores sudistas, racismo incluido. Ahora, las protestas por la muerte de George Floyd se han pervertido y transformado en una especie de reivindicación extratemporal. Nada tiene que ver Colón con el racismo, ni Churchill, ni las carreras Nascar y mucho menos el cine.

La muerte del ciudadano afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco ha despertado el fantasma de las tensiones raciales en la América de la era Trump. El problema de la segregación por razas siempre ha gravitado en la política estadounidense, aunque la sociedad del país pareció llegar a una serie de consensos después del movimiento por los derechos civiles en los años 60.

Sin embargo, el triunfo de Donald Trump y sus declaraciones en contra de la denominaba ‘discriminación positiva’ reabrieron un debate que se creía cerrado. La muerte de George Floyd ha encendido la mecha coincidiendo con las críticas a cómo la administración Trump ha gestionado la crisis del coronavirus Covid-19.

La estatua decapitada de Colón en Boston.

Ahora, las protestas extendidas por todas las capitales más importantes del mundo, llevando las protestas a situaciones disparatadas como derribar y decapitar estatuas de Colón, mal considerado un colonizador, ya que el descubridor murió sin tan siquiera saber que había pisado un Nuevo Mundo, o amenazar la escultura de Churchill en Londres. Pero el movimiento antirracista ha llegado a todos los ámbitos de la vida, incluso a las carreras Nascar de coches que se celebran en el sur de Estados Unidos y donde se suele exhibir la bandera confederada, que en realidad no representa ya ningún estado ni es oficial. Por derribar se han llegado hasta tirar de su pedestal una estatua del presidente de los estados confederados Jefferson Davis (1861-1865).

El escándalo comenzó con el asesinato de George Floyd y con la concesión que la cadena HBO tuvo que hacer con la emisión de "Lo que el viento se llevó" que tuvo que ser retirada temporalmente y ahora cuando se accede a ella un cartel previo recuerda que es una película histórica ambientada hace dos siglos y rodada hace 80 años.

No es la primera vez que la dictadura de lo políticamente correcto pone en su punto de mira a este film de 1939. Desde hace años se ha prohibido en algunos Estados y ha levanto críticas cada vez que se ha emitido por televisión. Ahora HBO, una de las grandes plataformas online de la actualidad tuvo que retirar durante unos días este clásico del cine de su catálogo y parece que el filme correrá la misma suerte que un clásico literario, Matar a un ruiseñor de Harper Lee, que hoy es considerado una obra “no apropiada” para los alumnos de secundaria.

Lo cierto es que la película es la adaptación de una novela de Margaret Mitchell sobre la Guerra de Secesión estadounidense que en el fondo era un alegato a favor del racismo. Mitchell era una descendiente de sudistas que nunca aceptaron las consecuencias de la contienda civil norteamericana. Todavía hoy los sudistas críticos con el fin de la esclavitud y privilegios de los Estados del sur de la Unión siguen existiendo.

Margaret Mitchell.

Víctor Fleming le dio la vuelta y lo convirtió en un melodrama suntuoso. El filme también consiguió que por primera vez una actriz afroamericana, Hattie McDaniel, consiguiera un premio Oscar. Además, enfatizó la parte política nordista a través de dar un nuevo aire al perfil de Red Butler (Clark Gable).

Los secretos de un clásico del cine

Dice la leyenda en Hollywood que el día que empezó el rodaje de Lo que el viento se llevó Paulette Goddard cayó enferma. Normal. Aún le dolía haber perdido el papel de su vida: Scarlett O’Hara. Desde antes de su estreno la película estuvo rodeada de espectacularidad. David O’Selznick decidió adaptar el best-seller de Margaret Mitchell, toda una one-hit-onder de la literatura, que excitaba la nostalgia sobre el viejo sur en unos años, la década de los treinta, en los que las tensiones raciales estaban a la orden del día en Estados Unidos.

Con una duración de 238 minutos fue la primera película rodada íntegramente en technicolor. Lo que el viento se llevó se estrenó en diciembre de 1939 y ganó ocho Oscar de los 13 premios de la academia en los que estaba nominado incluyendo Mejor Película, Director, Actriz y Actriz de Reparto. Hattie McDaniel, quien daba vida a la entrañable Mammy, hizo historia ganando este último premio y convertirse en la primera persona afroamericana en ser nominada y ganar un premio de la Academia. La segregación racial de la época hizo que no fuera invitada al estreno de la película en Atlanta.

El reparto de la película también hizo historia, pero no fue todo tan fácil. Paulette Goddard como hemos contado fue la primera elección. Finalmente, cuando el productor conoció durante el rodaje del incendio de Atlanta, conoció a Vivien Leigh cambió de parecer. Los grupos sudistas fueron tajantes: “Mejor una actriz inglesa que una del norte”. También con el protagonista masculino pasó lo mismo. Clark Gable no era la primera opción. Antes que él, fue seleccionado Cary GrantVincent Price fue considerado para el papel de Ashley Wilkes, que acabó interpretando Leslie Howard, quien por cierto nunca estuvo tan convencido de participar en el proyecto.

Los problemas durante el rodaje se sucedieron. A pesar de la química que hay en pantalla entre Gable y Leigh, lo cierto es que ambos actores se odiaban en la vida real. Incluso, Vivien alguna vez aseguró que era muy desagradable tener que besar a Clark, debido a su mal aliento.

La película llegó a tener tres directores. El primero fue George Coukor que acabó fuera de la producción porque Gable consideraba, con razón, que era un director de mujeres y así sus compañeras de reparto saldrían favorecidas. Fue sustituido por Victor Fleming. Años más tarde Olivia de Havilland, Melania en la película, confesaría que ella y otras actrices de la cinta seguían viéndose con Coukor para que éste las guiara en la producción. Fleming en mitad del rodaje cayó enfermo y fue sustituido durante semanas por Sam Wood.

Si hay algo que ha ayudado a la trascendencia de la película, fue la música. La banda sonora de Lo que el viento se llevó es épica. La firmaba Max Steiner, quien sólo tuvo tres meses para componer la música. Y es que, a lo largo de 1939, año en que se produjo el filme, Steiner tuvo que realizar la música para 12 largometrajes.

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