15 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

El 10 de enero de 1924 nacía en San Sebastián el escultor y grabador de referencia internacional y conocido por sus trabajos por toda la Península

Un siglo de Eduardo Chillida: La vida del peculiar artista vasco visionario del espacio y la geometría en hierro

/ Eduardo Chillida y su obra Peine del viento (San Sebastián)..
Este mes de enero se cumplen 100 años del nacimiento del guipuzcoano Eduardo Chillida, conocido como “el arquitecto del vacío”. El escultor y grabador español ha pasado a la historia por sus trabajos en hierro y hormigón, trascendiendo las fronteras con sus inagotables obras. El artista guipuzcoano será recordado a lo largo de 2024 con un amplio programa de “exposiciones, música, educación, pensamiento y celebración” organizadas por la Fundación Eduardo Chillida-Pilar Belzunce.

Se cumplían ayer 100 años del nacimiento del artista guipuzcoano Eduardo Chillida, conocido como “el arquitecto del vacío”. Un escultor y grabador español, popular por sus trabajos en hierro y en hormigón, que dejó marca en el arte a nivel internacional por su concepción del espacio.

Eduardo Chillida Juantegui nació el 10 de enero de 1924 en San Sebastián, donde vivió con su familia. Concretamente, fue la plaza Zaragoza la que le vio crecer, junto con su padre, Pedro Chillida Aramburu, que era militar de carrera, y Carmen Juantegui Eguren, su madre. El artista tuvo dos hermanos, Gonzalo e Ignacio.

Durante su infancia estudió en los Marianistas y después en la Academia Malaxechevarría, como indica la web de la Fundación Eduardo Chillida-Pilar Belzunce. Se examina posteriormente por libre de Bachillerato en Valladolid. En el verano de 1936, es enviado a casa del doctor Camus en la rue de Varenne de París, y luego a Melun, donde pudo aprender francés durante la guerra en compañía de los nueve hijos de este amigo de la familia.

 
 
 
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En el año 1942 comenzó en San Sebastián su preparación para la carrera de Arquitectura y posteriormente ingresó en la Universidad de Madrid y en el Colegio Mayor Ximénez de Cisneros. Durante ese periodo el artista cosechó una buena reputación como portero de fútbol titular de la Real Sociedad, pero a causa de una lesión de rodilla tuvo que abandonar este deporte.

En 1947 dejó los estudios de arquitectura para comenzar a dibujar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y entró en el taller de escultura de José Martínez Repullés, un amigo de su padre. La fundación explica que este último apoyó la vocación artística de Eduardo, que realizó ya sus primeras obras.

Una brillante trayectoria artística 

Eduardo Chillida fue uno de los artistas españoles más universales del siglo XX, con una brillante carrera que traspasó fronteras. Su obra está presente en decenas de museos e instituciones públicas y privadas de todo el mundo, con exposiciones retrospectivas celebradas en Houston, Berlín, Madrid, Caracas, Londres y Palermo.

En 1948 Eduardo se trasladó a París, concretamente al Colegio de España, en la Ciudad Universitaria. Allí coincide con José Guerrero y Eusebio Sempere y realiza sus primeras piezas en yeso, impresionado por la escultura griega arcaica del Louvre. También entabla amistad con el pintor Pablo Palazuelo, “de gran ayuda en su primera formación”, como explica la fundación.

Un par de años después, el 28 de julio de 1950, contrajo matrimonio con Pilar Belzunce en la Parroquia de Aiete, en San Sebastián. Ese mismo año, también realiza su primera exposición en París. Para la exposición "Les mains éblouies", en la Galería Maeght, Louis G. Clayeux escogió dos piezas del escultor, “Torso”, en piedra, y “Metamorfosis”. La primera se encuentra en la actualidad en la Fondation Maeght de Saint-Paul de Vence.

En octubre de 1951, tras el nacimiento de la primera de sus ocho hijas, el matrimonio se traslada definitivamente a Euskadi y se instala en el barrio de La Florida de Hernani (Gipuzkoa). Comienza allí a trabajar en la fragua de Manuel lllarramendi, con Paco Celarain y Agustín Arrieta como ayudantes.

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Una de las tres piezas que componen la obra "Peine del Viento" de Eduardo Chillida.

En noviembre de ese año realiza la primera pieza en hierro, “Ilarik”, con calda y utilizando polvo de cuerno de vaca para evitar la oxidación, tal y como indica la organización que lleva su nombre. Comenzó así un largo camino de piezas, en su mayoría en alabastro, material con el que inicia en 1965, en hierro y tierra cocida.

Durante su vida recibió una gran variedad de premios: la Bienal de Venecia, el Kandinsky en 1960 otorgado por Nina Kandinsky, el Wilhem Lehmbruck, el Príncipe de Asturias de las Artes en 1987, el Kaiserring alemán o el Premio Imperial en Japón. En la actualidad, su obra siguen siendo reconocidas con galardones y publicaciones póstumas.

Proyecto '100 años'

Con motivo de su centenario, el artista guipuzcoano será recordado con un amplio programa de “exposiciones, música, educación, pensamiento y celebración” organizadas por la Fundación Eduardo Chillida-Pilar Belzunce, a lo largo de todo este 2024. “Eduardo Chillida 100 años” será una conmemoración internacional.

El proyecto brindará la oportunidad de “acercar la creación de Chillida a una amplia diversidad de culturas, generaciones y orígenes a lo largo del mundo”, tal y como explica la Fundación. Así mismo, la iniciativa cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura y Deporte y el Gobierno Vasco.

 
 
 
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Las actividades que propone arrancaron el pasado miércoles 10 de enero en el Teatro Victoria Eugenia, un momento en el que “recordar y sentir a Eduardo Chillida a través de las diferentes intersecciones que su trabajo ha creado con las artes y con los públicos”.

Como manifiesta la Fundación, las monumentales esculturas de Chillida se pueden encontrar frente al mar, como en San Sebastián, o en ciudades como Washington, París, Madrid, Palma de Mallorca, Guernica o Berlín. Además, multitud de arquitectos, críticos, filósofos y poetas, como Octavio Paz, han escrito sobre su obra.

“Yo soy de los que piensan, y para mí es muy importante, que los hombres somos de algún sitio. Lo ideal es que seamos de un lugar, que tengamos las raíces en un sitio, pero que nuestros brazos lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura”, manifestaba el escultor.

“Todos los lugares son perfectos para el que está adecuado a ellos y yo aquí, en mi País Vasco, me siento en mi sitio, como un árbol que está adecuado a su territorio, en su terreno, pero con los brazos abiertos a todo el mundo”, expresó un artista que ha dejado huella en el hierro con su visión y aprecio del espacio.

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