25 de junio de 2019
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FIN DE SEMANA

'Elcierredigital.com' inicia una serie de investigación dedicada a los enigmáticos amantes reales y cada domingo descubrirá la vida de uno de ellos

Elena Sanz, la cantante de ópera que enamoró a Alfonso XII y le dio dos hijos fuera de su matrimonio

Los grandes protagonistas de la Historia han llenado páginas de libros, ocupan estatuas en lugares públicos o se utilizan sus nombres para bautizar calles, edificios y hasta hoteles. Paralelas a sus vidas están las de sus amantes. Hombres y mujeres que asistieron desde la retaguardia doméstica a los grandes acontecimientos. Los hubo desinteresados, arribistas, enloquecidos, conspiradores y hasta espías. Observaron el devenir de la política desde la atalaya de lo íntimo.

Elena Sanz, triunfaba en el siglo XIX como cantante de ópera, pero su nombre no ha pasado a la historia sólo por su éxito en el mundo del bell canto. Sino por su historia de amor con Alfonso XII. Emilio Castelar la definió de la siguiente manera: “De labios rojos, de piel color morena, la dentadura blanca, la cabellera negra y reluciente como de azabache, la nariz remangada y abierta, el cuello carnoso y torneado, una maravilla, la frente amplia como la de una divinidad egipcia, los ojos negros e insondables cual dos abismos que llaman a la muerte y al amor”. Durante años fue una especie de Reina en la sombra. Llegó a tener dos hijos con el monarca, pero la historia de sus descendientes discurriría lejos de palacio.

Los orígenes de Elena son ignotos. La fecha más aceptada de su venida al mundo es el 6 de diciembre de 1844, aunque Benito Pérez Galdós cuando escribió de ella fechaba su nacimiento en 1852 o 1853. De su familia se sabe que era pobre, aunque vinculada a la nobleza. Un primo hermano de su padre era el Marqués de Cabrera. La escritora Miren Urgoiti intentó poner algo de luz en su libro La Favorita. La verdadera historia de Elena Sanz, asegurando que el abuelo materno, José María Sanz “había nacido en Burgos hacia 1778 y de una familia noble, los Martínez de Arizala, solía recalcar ella con mucho orgullo, aunque sus ascendientes eran maños y mallorquines. Ingresó en el ejército en el año 1801 como guardia de corps y después fue pasando, sucesivamente, por varios regimientos hasta para en Cádiz. Fue allí donde conoció a su futura esposa, Isabel, que llevaba los sonoros apellidos de Luna y Porcel: belleza andaluza a cuyos antepasados se podía rastrear entre Sevilla y Sanlúcar”.

Siendo muy niña la familia se trasladó a Madrid y a los diez años junto a su hermana Dolores comenzó a estudiar en el colegio Las Niñas de Leganés, un centro que procuraba dar una buena educación a niñas de familias sin recursos. Pronto la voz de Elena se destacó y fue incluida en el coro del colegio.

El Rey Alfonso XII. 

La fama de la niña cantante traspasó los muros del colegio y llegó al Palacio Real. Isabel II pronto se convirtió en una admiradora y promotora de la cantante. Gracias a ella pudo ingresar en el Real Conservatorio de Madrid. De ahí pasó a recorrer en el mundo en la compañía de la Adela Patti. En 1876 fue contratada por la Ópera de París durante dos años y allí representaría sus papeles más importantes la Maddalena de Rigoletto y Brangäne en Tristán e Isolda.  Cuatro años antes había empezado su historia con Alfonso XII.

Según José María Zavala, autor del libro Elena y el Rey. La historia del amor prohibido entre Alfonso XII y Elena Sanz, fue la Isabel II quien actuó como celestina, animando a la cantante a que visitara en Viena a su hijo. Él tenía 14 años y ella 27. La Reina ya estaba en el exilio y Alfonso se encontraba en una academia militar.

¿Dónde vas Alfonso XII?

Pasaron unos años sin verse en los que la Historia se encontró con el joven Alfonso. Tras la restauración de la monarquía entró en Madrid a caballo aclamado por el pueblo. Sin embargo, Cánovas quiso dejarle muy claro que el amor de los pueblos era voluble: “¡Esto no es nada! Tenía que haber visto la que se armó cuando echamos al zorrón de su augusta madre”.

En 1878 el rey se casaba con su prima María de las Mercedes convirtiéndose en uno de esos amores de leyenda que pasan a la Historia sobre todo cuando la cultura popular lo revalida. La película ¿Dónde vas Alfonso XII? en 1959 en la que los monarcas tomaban cuerpo en Vicente Parra y Paquita Rico, respectivamente, hizo mítica su relación, marcada por el hecho de que ella fuera descendiente del Duque de Montpensier, cuñado de la Reina Isabel II y conspirador carlista. El amor popular triunfó y, por si fuera poco, la muerte repentina de la bella y joven Reina María de las Mercedes a los cinco meses del casorio revalidó su imagen mítica a través de romances y coplas populares.

La fuerte depresión que aquejó al monarca por la muerte de su amada le hizo más popular de lo nunca fue algún Borbón entre las clases humildes. El Gobierno estaba preocupado por la salud de Alfonso XII y decidió que la solución estaba en Elena. El Rey asistió a una representación en el Teatro Real y quedó fascinado con la artista. La pidió que abandonara su profesión y mandó comprar para ella una casa de estilo parisino cerca al Palacio de Oriente.

Vicente Parra y Paquita Rico o lo que es lo mismo, Alfonso XII y Elena Sanz mitificados por el cine ('¿Dónde vas Alfonso XII?'. 1959). 

Mientras el romance se desarrollaba, el Gobierno buscó esposa al Rey para que le diera un heredero. La elegida fue la austriaca María Cristina de Habsburgo. Nunca le gustó a Alfonso. Tenía un gesto adusto y ningún sentido del humor. Su obsesión por la rectitud moral hizo que el pueblo la bautizara como Doña Virtudes. Sin embargo, Alfonso se desposó con ella por motivo políticos en noviembre de 1879. Dos meses más tarde, Elena daba a luz en París, en concreto el 28 de enero de 1880, a su primer hijo con el monarca. Le pusieron Alfonso.

Durante años, el monarca mantuvo una doble vida. Se escapaba cada vez que podía a visitar a Elena y frecuentaba lo menos posible a la Reina, ante el estupor del Gobierno. Elena solo huía de Madrid para que sus embarazos no resultasen escandalosos. En 1881 llegó el segundo hijo de la pareja, Fernando.

Con el tiempo, Alfonso comenzó a espaciar sus visitar a Elena porque frecuentaba otras amantes. Lo que nunca hizo fue pedir que le retirasen la pensión que recibía por parte de la Casa Real.

¿Dónde vas triste de ti?

El monarca falleció poco antes de cumplir los 28 años habiendo dejado embarazada a María Cristina. Todo el Gobierno esperaba que por fin llegase el esperado niño. La ya Reina Regente decidió cortar con la pensión que Elena recibía. La cantante empezó entonces a negociar con el Ejecutivo. En su poder estaban las cartas que el finado monarca le había envido durante todo su romance. Consiguió Elena una gran cantidad de dinero con la que instalarse en París junto a los dos hijos nacidos de su relación sentimental.

Elena Sanz. 

Cuando el 24 de diciembre de 1898 falleció Elena, Alfonso y Fernando descubrieron que no tenían ni un duro ya que su madre no había sabido administrar su capital. Los hermanos emprendieron así una batalla legal para que en España se les reconociera como hijos de Alfonso XII. El asunto fue muy comentado en la prensa europea y llegó al Tribunal Supremo. A pesar de que seguían teniendo las cartas de su madre no consiguieron que se les tomara en cuenta.

Alfonso emigró a Estados Unidos y Fernando vivió trabajando en un taller en Francia. Logró un momento de triunfo público gracias a su dedicación al ciclismo amateur cuando participó en los Juegos Olímpicos de París en 1900 obteniendo una medalla de plata en la prueba de sprint masculino. María Luisa Sanz, hija de Alfonso, hizo públicas en 2006 en el diario El Mundo parte de las cartas de sus abuelos Elena y Alfonso XII.

María Luisa tenía entonces 81 años, residía en Marbella y sólo pretendía reivindicar la figura de su abuela. En sus misivas de amor, el Rey confirmaba su fama de monarca castizo que extendieron el cine y las coplas escribiendo cosas como estas: “IDOLATRADA ELENA: Cada minuto te quiero más y deseo verte, aunque esto es imposible en estos días. No tienes idea de los recuerdos que dejaste en mí. Cuenta conmigo para todo. No te he escrito por la falta material de tiempo. Dime si necesitas guita y cuánta. A los nenes un beso de tu (firma) Alfonso”.  Elena era el revés de esas coplas, la cantante de ópera que vivió una vida paralela en las cercanías del Palacio de Oriente.

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