19 de septiembre de 2020
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FIN DE SEMANA

La operación Sierra-Romeo puso fin a una escalada bélica entre Marruecos y España iniciada tras la toma del Sahara en 1975 por la Marcha Verde

Se cumplen 18 años de la “reconquista” de la isla de Perejil por las tropas españolas

Hace 18 años España entraba en el primer conflicto armado de su historia democrática. El escenario fue el diminuto islote del Perejil, un enclave que fue tomado durante unos días por tropas marroquíes. El presidente del gobierno español en aquel momento, José María Aznar, activó una intervención militar de gran calado, la operación Sierra-Romeo, para recuperar el control del enclave, un objetivo que finalmente consiguió con éxito tras la poca resistencia ofrecida por los marroquíes.

Un islote deshabitado situado a apenas 10 kilómetros de Ceuta fue el motivo que provocó una crisis, algunos no dudan de identificarla como guerra, entre España y Marruecos, que tuvo lugar durante un verano como este hace ya 18 años. La isla del Perejil (la calificación de isla es muy generosa) se convertía en 2002 en el epicentro de las tensiones diplomáticas que Rabat y Madrid habían acumulado durante años. Hoy en día, todavía no están claros los factores que desencadenaron la escalada bélica. Hay expertos que apuntan a la postura del aquel entonces presidente del ejecutivo español, José María Aznar, de apoyar la autodeterminación del Sáhara occidental. Otros abogan por un conflicto sobre la supremacía en aguas pesqueras entre España y el rey Mohammed VI.

Sea como fuere, a las 6:00 de la mañana del 17 de julio de 2002, las unidades enviadas por Moncloa saltaron desde los seis helicópteros habilitados hacia el islote dispuestos a recuperar su control. La consigna estipulada por el expresidente popular estaba clara: “cero bajas”. Antes de llegar a este momento, conviene recordar al lector el camino que llevó a la autorización de esta operación. Para entender de forma nítida el asunto, debemos retrotraernos a julio de 1999. En esta fecha, Mohammed VI ascendía al trono marroquí. Dos años después de su coronación, en 2001, Rabat informaba de que “llamaba a consultas” a su embajador en Madrid por "ciertas actitudes y posiciones españolas". Toda una declaración de intenciones.

Como ya se ha mencionado, los motivos de esta problemática son complejos y no han sido confirmados. No obstante, la rivalidad pesquera entre las dos potencias mediterráneas, unida a las sempiternas reclamaciones marroquíes de los territorios que España posee en África, muy especialmente el Sáhara occidental, constituyeron durante décadas el continuo tira y afloja que determinó las relaciones diplomáticas entre ambos países. El asunto saharaui era especialmente peliagudo. Aznar se mostró favorable al censo propuesto por la Misión de Naciones Unidas para el referendo en el Sahara Occidental, un gesto interpretado por los marroquíes como una auténtica traición.

En cualquier caso, tras varios intentos de reducir la tensión, en los que se sucedieron amenazas veladas y presiones de todo tipo, en medio de un ambiente viciado aconteció lo más inesperado. El 11 de julio de 2002 un grupo de gendarmes marroquíes, bajo el pretexto de estar realizando una operación antidroga, ocuparon el islote del Perejil. La noticia conmocionó a las autoridades españolas, a las que no se había comunicado aviso alguno de las intenciones de los marroquíes.

El expresidente Aznar fue uno de los grandes promotores de la operación Sierra-Romeo.

Dos banderas de Marruecos fueron colocadas en la isla y una patrullera de la Guardia Civil se acercó para investigar los hechos. Las amenazas de los ocupantes del islote hicieron retroceder a los miembros de la Benemérita. Esa misma noche, el país africano anunciaba su intención de no retirar a sus efectivos de la isla. Entre el 12 y el 16 de julio no se hablaba de otra noticia en los medios. La cobertura del incidente fue total. El Gobierno español, representado en la figura de la ministra de exteriores Ana Palacio, así como organizaciones como la Unión Europea o la OTAN presionaron a los representantes de la diplomacia marroquí para que abandonaran la isla pacíficamente con la mayor celeridad posible, pero Rabat no cedió.

Paralelamente, España reforzaba su presencia militar en las ciudades más próximas al islote del Perejil al tiempo que Marruecos enviaba, desde la base de Alhucemas, un destacamento de infantería de la marina, aumentando su poder bélico en la isla y confirmando la militarización del conflicto. La tensión se materializó cuando España emitió un ultimátum contra el país africano, instando al mismo a retirar sus tropas de la isla antes de las 2:00 de la mañana del 17 de julio. Cuatro horas después de la fecha, Aznar ordenó la ejecución de una rápida operación militar para recuperar la ubicación; la operación Sierra-Romeo, que muchos consideraron desproporcionada.

Iba a ser la primera vez que las fuerzas armadas españolas actuasen desde la cruenta guerra de Yugoslavia. Además, se trataba del primer incidente bélico en el que el país se veía envuelto desde el advenimiento de la democracia. El resultado de la misión era incierto, más si cabe teniendo en cuenta que las unidades españolas desconocían la resistencia a la que tendrían que hacer frente en el islote. El operativo que viajó a la isla en primer lugar estaba formado por cuatro militares de la Infantería de la Marina y 24 del Grupo de Operaciones Militares (GOE), en resumidas cuentas, la flor y nata del ejército de nuestro país.

Las unidades militares clavando la bandera española.

Mientras que estos 28 soldados fueron transportados en helicóptero hasta el lugar indicado, otros 200 conformarían una temible retaguardia en Tarifa, a 36 kilómetros del islote. Uno de los miembros desplazados a la isla, se fracturó la rodilla como consecuencia del violento aterrizaje, algo que prueba la tensión del momento. En cualquier caso, el despliegue fue tal que no tuvieron muchas dificultades para localizar la posición de defensa de los marroquíes y reducirles. La operación no duró más de 10 minutos y en un total de 35 la bandera española ya ondeaba en la isla en sustitución de la marroquí.

De forma simultánea, la Armada española bloqueó los puertos más próximos del país africano y el patrullero marroquí que apoyaba a las unidades que habían tomado la isla fue bloqueado por dos patrulleros españoles. Asimismo, el Ejército del Aire aportó cobertura aérea a la operación. La coordinación y sincronización entre los tres ejércitos fue total. En cuanto a los efectivos marroquíes, todos fueron enviados a Ceuta para, al día siguiente, tras haber pasado los reconocimientos médicos oportunos, ser devueltos a Marruecos. Una vez resuelto el conflicto, Estados Unidos, cuyo presidente, George W. Bush mantenía fluidas relaciones con José María Aznar, hizo de mediador entre los contendientes. El acuerdo que se alcanzó consistía básicamente en dejar el islote despoblado y sin guarnición militar alguna.

Las relaciones con Marruecos no se destensarían hasta la llegada a la Moncloa de José Luis Rodríguez Zapatero, que adoptó una posición mucho menos agresiva con respecto a Marruecos que su predecesor, lo que le brindó no pocos detractores. El incidente del islote del Perejil es uno de los episodios más populares de la bizarra relación entre España y el continente negro. Capítulos parecidos se vivieron previamente en Ifni o el Sáhara occidental, generando muchos problemas a la administración española. En la actualidad, hay frentes que siguen abiertos en esta línea en la zona del Estrecho de Gibraltar. Por ende, habrá que esperar una resolución definitiva a esta controversia en un futuro previsiblemente muy lejano.

 

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