19 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

La autora publica su nuevo 'Ateísmo ideológico' (Editorial Arzalia), una obra en la que repasa la crisis de las democracias liberales y cómo resisten

Ángela Vallvey, escritora: "La gente necesita creer a pesar de los partidos políticos"

Ángela Vallvey.
Ángela Vallvey.
La reconocida escritora Ángela Vallvey repasa en 'Ateísmo ideológico' (Editorial Arzalia) cómo las crisis económicas han mostrado las costuras de las democracias liberales y a pesar de eso los partidos políticos siguen contando con el seguimiento fiel de sus votantes convertidos en creyentes. " Es la primera parte de un proyecto sobre teoría política, basado en la fe ideológica, que es lo que mantiene el sistema. Una clase sacerdotal para subsistir necesita creyentes", afirma la autora.

Ángela Vallvey ha decidido diseccionar en su libro 'Ateísmo ideológico' (Arzalia) la crisis del sistema de partidos en que se fundamentan las democracias liberales. Un sistema que se fundamenta en los votantes, que actúan como fieles incluso cuando la fe se tambalea. 

- ¿Qué es el ateísmo ideológico

- Es una crítica, una desconstrucción del sistema político de partidos que contiene ideas y sugerencias sobre cómo huir del mismo. Es la primera parte de un proyecto sobre teoría política, basado en la fe ideológica, que es lo que mantiene el sistema. Una clase sacerdotal para subsistir necesita creyentes. Pero también al revés, todos necesitamos pertenecer a un grupo o pensar que pertenecemos a uno.

- ¿Estamos en un fin de era?

- No, pero sí en un cambio de ciclo. Ahora mismo vivimos en postdemocracia. Ha alcanzado una madurez, ha culminado y se empieza a debilitar. Estamos asistiendo a las convulsiones que provoca el desenmascaramiento del sistema de partido políticos. La corrupción es quien lo ha provocado. No se atisba un cambio de modelo, pero sí hay una crisis de estupefacción. 

- ¿Por qué sigue asentado el sistema si se le notan tanto las costuras?

- En la antigüedad se construían imágenes en las que un sacerdote utilizaba un mecanismo gracias al que simulaba que la figura hablaba. El pueblo pensaba que hablaba el dios de turno. Muchos sospechaban de la farsa pero querían creer. Somos damnificados pero necesitamos seguir creyendo. 

- ¿Qué papel juegan los medios en esto?

- Siempre han sido intermediarios entre poder y masa. En un momento de profunda crisis económica y de transformación digital, los dueños de los medios quieren mantenerse, hay una necesidad de supervivencia que hace que estén vendidos, además, de forma barata. Lo hacen por subsistencia, no por grandes prebendas. 

Portada del libro. 

- Durante un tiempo era habitual de las tertulias políticas. ¿Por qué las dejó? 

- Fue un cúmulo de circunstancias. Fui vetada políticamente. Las apariciones en los medios se hacen cuando uno no molesta. Cuando el discurso es defender a unos o a otros. Cuando no te quieren ni en izquierda ni en derecha, no encuentras acomodo. Me resulta repugnante defender una postura concreta por ello. 

- ¿Cómo supo que estaba vetada? 

- Hay listas negras, pero también blancas. Los partidos tienen sus listas. Es algo sabido. Se hace una llamada, una sugerencia... Cuando de un día para otro te dejan de llamar de todos los sitios... Si eres objetivo te acusan de equidistante y eso no se permite. Tu discurso tiene que defender a uno o a otro y justificar todo. 

- ¿Cómo ve ahora las tertulias políticas?

- Cuando yo empecé no había casi. Empezamos con Concha García Campoy inaugurando la Cuatro. Cuando se vio que había un filón las hubo en todas las cadenas. En esos años, los ingresos eran muy cuantiosos. Ahora, se ha devaluado mucho y, además, te desgasta mucho. Te expone al mundo del odio. 

- Volviendo a su libro, ¿por qué afirma que se ha sustituido la lucha de clases por cualquier clase de lucha?

- La lucha de clases acabó porque el proletariado se convirtió en clase media. Esa lucha ya no tiene sentido histórico en términos marxistas. Se pusieron a buscar otras luchas y vale cualquiera. Pequeñas o grandes luchas: el género, la raza, la orientación sexual... 

- ¿Está más desnortada la izquierda que la derecha?

- Están igual. En occidente, esa confrontación izquierda-derecha ha dejado de tener sentido. Les obliga a tener que buscar un lugar. El sistema está basado en que haya un enemigo. Da igual a quién voten. 

"El 15-M y Podemos han sido resultado de la política económica impuesta por Europa. Además, se les vio cómo se convertían en casta. En la nueva crisis ya no pueden repetir la hazaña". 

- ¿Fue el 15-M el último momento de gloria de la ideología? 

- Era una efusión ideológica que pretendía ser transversal. Pero no lo fue. Se apropió la izquierda, que suele ser más sagaz que la derecha. Usó esa fuerza políticamente. Era una expresión que tenía que ver con la crisis económica. Todo estaba exacerbado por la falta de dinero. Por eso Europa no ha apretado las tuercas en esta crisis.

- Sin embargo, el fenómeno Podemos parece que se ha desinflado muy rápido. 

- Ha sido una cosa muy rápida. Ha ido al ritmo en que ha evolucionado la crisis económica. El 15-M y Podemos han sido resultado de la política económica impuesta por Europa. Además, se les vio cómo se convertían en casta. En la nueva crisis ya no pueden repetir la hazaña. 

- En el libro afirma que la gente nunca cambia de partido político. ¿Por qué sucede?

- Estábamos sobreviviendo con atavismos decimonónicos. Están furibundamente siendo protagonistas en esta época. La gente que vota un día a la izquierda o la derecha tenían mala fama, eran chaqueteros. Ahora se les llama equidistantes. 

- ¿Cree que China es el futuro que nos espera?

- Entiendo que hay una cierta admiración por el país. Sacar del hambre a más de 1.000 millones de personas no es sencillo, pero otra cosa es que sea el modelo de la humanidad. Muchos de nuestros gobernantes creen que hay que seguir ese modelo, pero es muy difícil que se aplique en Occidente. 

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