08 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Debido a su amor, el monarca luso Pedro I desató una serie de cruentas venganzas contra los colaboradores de su padre Alfonso IV

Inés de Castro, Reina después de morir: La macabra historia de la 'consorte cadáver' de Portugal

Grabado que recoge el besamanos mortuorio de Inés de Castro.
Grabado que recoge el besamanos mortuorio de Inés de Castro.
Los grandes protagonistas de la Historia han llenado páginas de libros, ocupan estatuas en lugares públicos o se utilizan sus nombres para bautizar calles, edificios y hasta hoteles. Paralelas a sus vidas están las de sus amantes. Hombres y mujeres que asistieron desde la retaguardia doméstica a los grandes acontecimientos. Los hubo desinteresados, arribistas, enloquecidos, conspiradores y hasta espías. Observaron el devenir de la política desde la atalaya de lo íntimo.

La historia de Inés de Castro está tan llena de detalles extravagantes que la ficción se da la mano con la realidad. Algunos de los aspectos de su vida nunca han podido ser comprobados llegando a generar debate entre historiadores. Sin embargo, su historia con o sin modificaciones se ha hecho fuerte como relato popular a lo largo de generaciones. La literatura, el teatro y el cine han ayudado que a su leyenda se perpetúe.

Inés era gallega, aunque lo más correcto sería decir castellana ya que la actual Galicia pertenecía a esta Corona. Nació en 1320 en la comarca de La Limia en la provincia de Orense. Era hija de dos nobles venidos a menos, Pedro Fernández de Castro, descendiente del Rey Alfonso VI de León, y Aldonza Suárez de Villaverde. Su madre falleció cuando Inés apenas tenía cinco o seis años.

Su padre no sabía muy bien cómo educar a la pequeña y decidió enviarla a la corte en Valladolid sabedor de que allí tendría una vida mejo. Allí se educó para ser dama de compañía de una mujer noble mejor situada económicamente, Constaza Manuel, hija del Don Juan Manuel que pasaría a la historia por su obra El Conde Lucanor.  

Grabado de Pedro I el Cruel de Portugal. 

El escritor y aristócrata quería una buena boda para su hija lo más cerca del trono castellano que fuera posible. No lo consiguió, pero, gracias a un acercamiento de los Reyes de Castilla y Portugal, su hija se prometió en 1334 con el príncipe heredero del país luso, Pedro, hijo del monarca Alfonso IV.

En 1338 Constanza se trasladó junto a una cohorte de vasallos a Lisboa para hacer efectivo el matrimonio. Entre ellos viajaba Inés de Castro. Según las crónicas de la época, el amor surgió entre Pedro e Inés de forma inmediata. Sin embargo, la política mandaba y la boda con Constanza se materializó en agosto de 1339.

Pedro mantuvo desde el inicio de su matrimonio una relación paralela con Inés. Sin embargo, sabedor de su deber para con la dinastía real tuvo tres hijos con Constanza: Luis, María y Fernando. Constanza era plenamente consciente de la relación adúltera de su marido con su dama de compañía. A pesar de esto nunca perdió la buena relación con ella e incluso le pidió que se convirtiera en la madrina de Luis, el primogénito, que falleció al poco de nacer.

El Rey Alfonso IV no veía con bueno ojos la obsesión de su hijo y heredero y exilió a la española en Extremadura, más concretamente en Alburquerque. De poco sirvió esta decisión porque el vínculo entre Pedro e Inés se mantuvo intacto, tanto que él se escapaba a España a visitarla. No en vano habían tenido 4 hijos: Joao, Alfonso, Beatriz y Dionis.

Asesinada por el padre de su amado

En 1345 muere Constanza dando a luz a tercer hijo, Fernando. Le faltó poco tiempo a Pedro para reclamar a Inés a su lado. La instaló en la Quinta de las Lágrimas un nombre profético a tenor de lo que acabaría pasando. La presencia de Inés seguía resultando molesta en la corte de Alfonso IV por lo poco interesado en los temas de gobierno que se mostraba el heredero en un momento en el que la coyuntura internacional era complicada en plena Guerra de los 100 años.

Túmulo que acoge el cuerpo de Inés de Castro en el Monasterio de Alcobaça

El siete de enero de 1355 el monarca portugués tomó una decisión expeditiva: acabar con la vida de la española. A día de hoy no se sabe de qué manera fue asesinada Inés de Castro. Una versión dice que fue llamada a palacio y allí tres asesores del Rey la golpearon hasta dejarla sin vida. La otra es que con nocturnidad los tres hombres visitaron la Quinta de las Lágrimas y allí la asesinaron acuchillándola. En ambas versiones la matan delante de sus cuatro hijos.

El príncipe Pedro entró en una espiral depresiva y llegó a enfrentarse a su padre en una guerra civil que acabó en agosto de ese año cuando el heredero cercó a su padre en Oporto. Se selló la paz, pero Pedro ni perdonó ni olvidó.

En 1357 falleció el Rey Alfonso IV y Pedro ascendió al trono con ganas de venganza. Ordenó perseguir a los ejecutores de su amada. Estos intentaron huir, pero dos de ellos fueron entregados a Pedro I por el Rey de Castilla. El tercero escapó de su fatal  destino al ser acogido por el Papa de Avignon.

Cuando Pedro tuvo a los colaboradores de su padre delante ordenó que les arrancaran el corazón y se los comió. Por actitudes como estas para muchos este monarca ha pasado a la historia como ‘El cruel’, casualmente al igual que su homónimo y coetáneo, el Rey de Castilla. Su siguiente paso en 1360 fue desenterrar a Inés. Las crónicas de la época hablan con detalle del aterrador estado del cadáver tras cinco años inhumado.

Secuencia de la película portuguesa 'Inés de Castro' (1944).

El Rey ungió como Reina a Inés y la sentó en el trono portugués. Aseguró que un año antes de ser asesinada, la gallega se desposó con él en secreto. Este hecho nunca ha sido demostrado y sobre él todavía hay debates entre historiadores. Pedro obligó a toda la corte a rendirle pleitesía y besar la mano de esqueleto de Inés de Castro.

Diez años después de su reinado Pedro falleció y fue enterrado en el Monasterio de Alcobaça a 60 Km de Coimbra en un túmulo enfrente del que alberga los restos de Inés de Castro, tocándose con los pies. Juntos, como siempre quisieron estarlo.

 

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