31 de marzo de 2020
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FIN DE SEMANA

Hace tres décadas, el autor de 'La familia de Pascual Duarte' hizo oficial su relación con una mujer 41 años más joven al recoger el preciado galardón

Treinta aniversario del Nobel de Cela: Repasamos la vida de su viuda, Marina Castaño

Camilo José Cela y Marina Castaño, celebran la entrega del Nobel bailando en Estocolmo.
Camilo José Cela y Marina Castaño, celebran la entrega del Nobel bailando en Estocolmo.
Hace 30 años Camilo José Cela se convertía en el quinto escritor español en recibir un Premio Nobel de Literatura. Junto a él, en un pasodoble para la posteridad, una mujer 41 años más joven que él: Marina Castaño. Era el 10 de noviembre de 1989 y con su espectacular traje de noche se convirtió en la reina de Estocolmo. Un pasodoble bailado con mucho tronío y garbo torero, arrastrado de un extremo a otro de la pista, llevó la apoteosis al Ayuntamiento de la capital sueca.

La todavía entonces mujer de Cela, María del Rosario Charo Conde Picabea, un año mayor que él, no apareció esos días por Estocolmo, como tampoco lo hizo el ministro de Cultura del entonces gobierno socialista de Felipe González, el también escritor Jorge SemprúnCharo vio la ceremonia por televisión desde la casa de una de sus tres hermanas. Había abandonado temporalmente su residencia de Palma de Mallorca, la vivienda que compartió con el escritor y su hijo Camilo José Cela Conde, para recalar en Madrid. “Durante muchos años hicimos planes para ir a recogerlo juntos, pero ahora me ha producido una gran tristeza que mi marido haya dicho públicamente que prefiere no tenerme a su lado. Eso me duele mucho más que no estar en Estocolmo junto a él”, llegó a afirmar la primera mujer del Nobel con quien compartió 45 años de su vida.

La nueva acompañante del galardonado literato era una joven y ambiciosa gallega. Marina nació un 14 de marzo de 1957 en La Coruña y afirma pertenecer a una familia de clase media de la sociedad gallega. Su padre, Gerardo Castaño Barca, era un empleado de banca que, en sus ratos libres, para ganarse un sobresueldo, llevaba la contabilidad de la Federación Gallega de Fútbol. Éste, cuyos padres eran andaluces –él de Huelva y ella de Écija (Sevilla)- se había casado con María Luz López Rodríguez, una gallega de padre coruñés y madre ferrolense.

El matrimonio vivía en la calle coruñesa de Orillamar. De esta unión nacieron dos hijas. Marina fue la pequeña y llegó al mundo seis años después que su hermana mayor. Sus padres llevaron a las dos niñas a estudiar al mismo colegio: al conocido Liceo “La Paz”, de La Coruña. Ya desde pequeña Marina mostraba dotes de farandulera. Le gustaba tocar mucho la guitarra.

Así con tan sólo diez años, comenzó a intervenir los sábados por la tarde y los domingos por la mañana en los programas musicales de Radio Juventud y de la Cadena Azul de Radiodifusión, ambos medios pertenecientes a la cadena de comunicación del llamado Movimiento Nacional. Gracias a esta efímera popularidad llegó a ser también Reina por un día en aquel legendario programa de Televisión Española con una audiencia millonaria. Sin embargo, la principal característica de su infancia era el hecho de que le gustaba mucho sobar las orejas ajenas: “Nadie me quería coger en brazos porque se las dejaba inflamadas. Todavía conservo esa manía”, ha declarado Castaño en alguna ocasión.

Sus estudios oficiales de juventud se limitan al bachillerato, aunque ella afirma que algún verano fue a estudiar inglés a Newcastle y a Londres. Con tan sólo 18 años, en 1975, se casó con un capitán de marina mercante, el madrileño José Luis Fernández. A su lado viajó por medio mundo visitando puertos y más puertos, desde Nigeria hasta la extinta Unión Soviética, pasando por el Caribe y América del Sur. Después de cuatro años de relación tuvieron una hija, Laura Camila. Tras su nacimiento la pareja se instaló en casa de los padres de Marina en La Coruña. José Luis había dejado la marina mercante para comenzar a estudiar la carrera de Derecho. Y juntos comenzaron una nueva etapa inaugurando muy pronto un establecimiento de marcos y cuadros en el centro de la capital gallega, en la plaza de San Nicolás. Sin embargo, la felicidad compartida sólo duró nueve años. Dicen sus amigos que la vida familiar y doméstica que llevaba la pareja resultaba muy aburrida para ella.

Camilo José Cela y Marina en los primeros tiempos de su relación. 

Con un matrimonio que empezaba a hacer aguas, Marina se lanzó de nuevo a la aventura. Por entonces pasó momentos difíciles buscando su primer trabajo. Su escasa formación técnica y profesional no le ayudó en demasía a lograr su objetivo. Fue gracias a aquellos pinitos infantiles ante unos micrófonos como consiguió incorporarse como locutora en prácticas –no periodista- en una cadena de radio. Primero como aprendiz en la extinta Radio Cadena Española y luego en Radio 80, donde llegó a tener un status de colaboradora. Cobraba en torno a 15.000 pesetas al mes, aunque con sobresueldos por horas extras llegaba a las 60.000. Su labor era mutidisciplinar, desde pinchar discos, grabar cuñas y dar periódicamente la hora, hasta hacer continuidad, programas infantiles e intervenir, como simple voz, en distintos espacios de entretenimiento gracias a sus buenas interpretaciones vocales. Fue en esa época cuando comenzó a tomar clases de declamación en el Conservatorio de la Coruña, junto al profesor Santiago Fernández. También por entonces fallecería su padre con tan sólo 59 años. Fue su primera gran pérdida.

Una periodista sin estudios

Poco a poco, Marina comenzó a despegar profesionalmente. Su primera oportunidad le llegó de la mano del periodista Víctor Cedillo, con quien presentó un programa en Radio 80 titulado Extraños en la noche, eso sí, en horario intempestivo, de 1 a 6 de la madrugada. Fue en esa época cuando su matrimonio terminó de romperse definitivamente. Su infelicidad no sólo se plasmaría en el terreno sentimental sino también paralelamente en su vida laboral, ya que tras la compra de Radio 80 por la cadena Antena 3 quedó de nuevo sin trabajo. Marina volvía a deambular por las calles coruñesas en busca de empleo, aunque pronto consiguió que la emisora local Ondas Galicia (luego reconvertida en Radio Minuto) le contratase como locutora fija con un sueldo de 90.000 pesetas. Pero allí también duró muy poco tiempo.

Esta vez, gracias a sus buenos contactos, ya que su padre había sido un destacado militante de Alianza Popular (AP), el partido fundado por Manuel Fraga, consigue que los dirigentes de la cadena pública Radio Televisión de Galicia le contraten. dándole un programa en la emisora institucional Radio Galega. El espacio se llamaba Parladoiro y consistía en una entrevista de dos horas y media a un personaje popular relacionado con Galicia. Corría el año 1985.

Es entonces cuando conoce al escritor Camilo José Cela. Fue durante la celebración del “I Congreso de Folklore de las Comunidades y Nacionalidades Históricas”, organizado a comienzos de ese mismo año en Santiago de Compostela. Con sus presuntos encantos logró que el escritor le concediera meses más tarde una entrevista para la cadena pública. La entrevista se grabó en octubre de 1985 y salió a antena un mes después. Este primer encuentro sirvió para entablar una buena amistad con el Nobel. Luego vendrían más entrevistas, y así fue ganándose su confianza y su confidencialidad. Un año después Marina trasladó su domicilio hasta Santiago de Compostela, por lo que los encuentros con el escritor fueron más constantes y duraderos. Ella quería y deseaba, a toda costa, ser su biógrafa oficial. Y así se lo decía a sus amigos y compañeros de profesión.

Coincidiendo con este acercamiento de Marina a Cela, se produjo otro hecho significativo. El gobierno popular de Fernández Albor fue derrotado en las urnas y se produjo la llegada de los socialistas de González Laxe al puesto de mando de la Xunta de Galicia. Paralelamente a este cambio político, la estrella mediática de Marina Castaño cae en declive. El nuevo director de la emisora institucional, Gerardo Rodríguez, luego nombrado director de la televisión gallega TVG, le retiró el programa radiofónico y situó a Marina de simple reportera de noticias. Este hecho tocó el amor propio de la locutora, que no tardaría mucho en solicitar una excedencia en la cadena pública. Dicen que con la falsa excusa de marcharse a estudiar periodismo a Puerto Rico. Lo que sí es cierto es que a partir de entonces se dedicó por entero a cautivar al escritor. Afirman sus excompañeros que le seguía allá donde fuera. Lo hacía en cuerpo y alma. Dicen que se coló en la vida del escritor con la tenacidad que emplea una fan.

El matrimonio Cela. 

Para ella Camilo “era un hombre simpatiquísimo, seductor, que arrollaba…una locomotora… lo peor que nos podía pasar era tener que vivir una noche separados, y creo que en tantos años juntos se pueden contar con los dedos de una mano”. Dice que la caballerosidad del escritor era algo vital y enternecedor. “Los muchachos de hoy apenas tienen en cuenta esa consideración hacia la mujer. El hombre debe ser amable, cordial y caballeroso con la mujer…”.

El salto a las portadas

Fue en la primavera de 1988 cuando se les vio unidos por primera vez en un acto oficial. Ocurrió en la Fundación Camilo José Cela, en Santiago de Compostela. Allí, ante la curiosidad de todas las fuerzas vivas gallegas, el escritor presentó a su entonces novia Marina como su “secretaria particular”. A partir de entonces la locutora pasó a convertirse en objetivo primordial de los flashes. La pareja se refugió secretamente durante los siguientes meses en un chalé que el escritor había alquilado en la urbanización “El Clavín” a las afueras de la ciudad de Guadalajara. Durante 1989 y 1990, Cela y Castaño habitaron en una propiedad situada en la calle Los Robles. Fue en aquel tiempo, en el verano de 1989, cuando el romance saltó oficialmente a la opinión pública, en medio de un gran revuelo. Marina Castaño, con una inicial imagen optimista, vital y decidida, se convertía en un personaje famoso. Dejaba de ser una persona de a pié, una locutora de continuidad, para convertirse en la señora de Cela, la mujer de un señor célebre y rico. Desde esa fecha su presencia en todos los actos públicos acompañando al escritor fue constante.

El enfrenamiento con Cela Conde

Tras la muerte del Nobel se produjo una guerra familiar por el reparto del peculio del escritor. Cela estableció en su testamento la designación de tres contadores repartidores de su herencia: el rector de la Universidad de Santiago de Compostela, Darío Villanueva; el alcalde de Padrón, Jesús Villamayor; y el ejecutivo bancario Ángel Rodríguez. Este núcleo de confianza debía dirimir las desavenencias familiares y definir la herencia yacente.

La última voluntad registral del escritor fue un testamento otorgado en julio de 1991 en el municipio coruñés de Padrón. Precisamente, escasos meses después de haber contraído nupcias con Marina Castaño. Desde muy pronto Camilo José Cela tuvo conciencia del valor del su legado cultural. Y desde siempre guardó todo con esmero y sigilo. Las ventas y transmisiones patrimoniales en vida de Cela minusvaloraron la herencia final, dicen los expertos que en detrimento de los herederos legítimos.

Aseguran que la compleja maquinaria mercantil que montó el escritor, bajo la atenta supervisión de su segunda mujer, sirvió para urdir una serie de sociedades interpuestas y blindar así su patrimonio. Esta era la manera de ir colocando propiedades y bienes a nombre de Marina Castaño y de este modo impedir que la primera mujer de Cela pudiera resarcirse. Un ejemplo es el chalé que poseía el escritor desde 1997 en la urbanización madrileña de Puerta de Hierro, valorado en más de 600.000 euros (más de cien millones de pesetas).

Muchos expertos consideran que Marina Castaño, que también ha llegado a ser consejera de la Caja de Ahorros Provincial de Guadalajara, heredó un patrimonio valorado en unos nueve millones de euros. Todo ello controlado a través de sociedades tapaderas de las que ella es accionista o administradora única. La actividad de estas sociedades instrumentales es muy diversa. Va desde los servicios de “hospedaje, hostales y pensiones” hasta la “producción, compra-venta, representación, explotación de obras literarias o teatrales”, pasando por la “adquisición de fincas rústicas y urbanas.

Camilo José Cela Conde en el entierro de su padre en 2002. 

Una de las sociedades patrimoniales, donde aparecía la locutora, fue la denominada “Camilo José Cela Producciones (CJC Producciones)”, actualmente disuelta. Esta empresa había sido constituida en octubre de 1988 –Cela ya estaba saliendo con la locutora gallega- para que regulase todos los aspectos económicos de la familia. En su constitución se acordó que el hijo de Cela tuviera el 50 por ciento del capital, quedando un 25 por ciento en manos del escritor y su primera mujer.

Escasos días después de casarse el Nobel con Marina Castaño, Cela Conde vendió sus acciones y dejó de pertenecer a la sociedad. Luego lo haría Rosario Conde tras el acuerdo de separación. Desde el 5 de abril de 1991, el escritor gallego pasó a ser administrador único, puesto que abandonó el 27 de febrero de 1997 para cedérselo a su nueva mujer.

Otras sociedades en donde figura Marina Castaño son “Palabras y Papeles, SL”, constituida el 15 de enero de de 1991 en Guadalajara y cuya actividad es la explotación de obras literarias; o “Letra y Tinta, SL”, constituida el 23 de junio de 1997 y cuya actividad es la producción, en general. Se da la casualidad que desde su constitución esta sociedad administra los cuantiosos derechos de autor del escritor. Por ejemplo, un año antes de la muerte del Nobel movió la cantidad de un millón de euros.

En el apartado inmobiliario, Mariana Castaño figura en sociedades como “Estudios Iceberg”, constituida el 17 de diciembre de 1999 y dedicada a la promoción inmobiliaria; “Lengua y Literatura Agrupación de Interés Económico (AIE)”, cuya actividad es “la industria del mueble de madera” según el Registro Mercantil y cuyo capital inicial de 3.005 euros fue aportado en un 80% por la Fundación CJC y en un 20% por la sociedad patrimonial Letra y Tinta.

Esta curiosa empresa se encargó de realizar las obras de las casas patrimoniales de Iria Flavio. En diciembre de 2000 se compraron cinco edificios para la Fundación por valor de 312 millones de pesetas. Para otros menesteres, como la gestión de los establecimientos turísticos, se constituyó otra sociedad, Salbos de la Sierra.

La vida sentimental después del Nobel

Desde la muerte de Cela, a su viuda sí se le ha adjudicado alguna que otra nueva relación sentimental. Una de las que más dio que hablar fue la que mantuvo con el decorador y escultor inglés Richard Hudson. Éste conoció a Marina Castaño en el verano de 2002, seis meses después de fallecer Cela, en una fiesta celebrada en la mansión mallorquina de la relaciones públicas Cristina López Mancisidor, más conocida por Cristina Macaya, pareja durante muchos años del empresario asturiano Plácido Arango, dueño de la cadena Vip´s. La Macaya, la gran valedora de Marina, suele ser muy buena introductora de personajes singulares en el círculo de los ricos y famosos. De nuevo el club de las ex funcionaba.

Marina Castaño en verano de 2017/ Facebook. 

La relación de este atractivo escultor inglés, una versión ilustrada y madura de los conocidos play boys de turno, con la viuda de Cela continuó más allá de un simple verano, lo que le hizo ser conocido popularmente. Los paparazzis les persiguieron. Estuvieron juntos en torno a un año y medio, compartiendo barrera en los toros de las Fallas de Valencia, viajes culturales por Bilbao, hoteles en Ibiza…pero dicen sus amigos que nunca fueron novios.

Posteriormente, en el verano de 2005, el escultor inglés aparecía ya en las fotografias de las revistas del corazón acompañando a otra ínclita del club de las ex y figura del papel couché, Marta Chavarri, que fuera mujer del marqués de Cubas, que le doblaba en edad, y luego del financiero Alberto Cortina. Y lo hacia por aguas de Ibiza, ya que el decorador está afincado la mayor parte del año en las Islas Baleares.

Otro personaje vinculado a Marina Castaño fue el pintor holandés Alwin van der Linde (la Haya 1957), que reside en España desde 1998 y que es uno de los exponentes de la pintora realista y la figuración de los últimos años. Dicen que esta relación duró muy

El 29 de junio de 2013, Marina Castaño volvió a reincidir en el matrimonio. Su tercer enlace, esta vez con Enrique Puras y Mallagray, un cirujano cardiovascular, jefe de servicio en las clínicas Quirón, en el centro Anderson y en el hospital de Alcorcón. Entre los invitados a la ceremonia nupcial se pudo ver a Irene Villa, Fiona Ferrer, Mar Flores e Isabel Tocino.

Castaño y Puras llevaban ya dos años de discreta relación. Para ella era la tercera boda y para él la segunda . A los 18 años, Castaño se casó en primeras nupcias con el padre de su hija y, años más tarde, con el escritor Camilo José Cela, gracias a quien consiguió acceder al mundo de la fama y el dinero, que ahora no quiere abandonar.

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