22 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

Sus líderes, Padilla, Bravo y Maldonado, fueron ejecutados por levantarse contra Carlos I en defensa de su madre Juana de Castilla

Derrota comunera en Villalar: Se celebra el aniversario del primer republicanismo español

La batalla de Villalar.
La batalla de Villalar. / Pintura de Manuel Picolo López.
El pasado 2021 se cumplieron cinco siglos desde la derrota comunera frente a las tropas reales tras una revuelta que fue reinterpretada por el liberalismo español en el siglo XIX y por el republicanismo del pasado siglo como símbolo a reivindicar. Tuvo lugar en la localidad vallisoletana de Villalar.

Un 23 de abril de 1521 se produjo la derrota comunera en el municipio vallisoletano de Villalar frente a las tropas de Carlos I de España, nieto de los Reyes Católicos y posteriormente entronizado emperador (bajo el nombre de Carlos V de Alemania). El republicanismo español frecuentemente ha reivindicado esa memoria pero la llamada Guerra de Comunidades, que acabó con la muerte de Padilla, Bravo y Maldonado, en realidad fue entre los partidarios de Carlos I, que venció, y los partidarios de su madre, Juana de Castilla.

El primer Austria

Carlos I, que fue el primer monarca que reunió todos los reinos hispánicos y también el primer rey de la Casa de Austria (gracias a que su padre era descendiente de la dinastía centroeuropea Habsburgo), accedió al trono por la inhabilitación de su madre Juana I (mermada en sus facultades mentales según la historiografía clásica y considerada 'loca' por intereses de su padre y su hijo, según algunos contemporáneos).

La entronización del nieto de Isabel y Fernando fue advertida con recelo por las Cortes de Castilla. Y es que el monarca había nacido en Flandes (actual Bélgica) y sabía poco de la península ibérica. De hecho, las Cortes le realizaron cuatro requerimientos en 1918: que aprendiese castellano, que no nombrase a extranjeros en cargos de relevancia, que no dejase salir metales preciosos y caballos de Castilla, y que otorgarse un trato digno a su madre.

Castilla era por aquel entonces un reino próspero y sus lanas merinas controladas por las Mestas (pastores asociados por Alfonso X el Sabio en 1273) proveían de lana al textil flamenco. Pero las decisiones en materia fiscal de Carlos I iban en beneficio de la monarquía y de los grandes mercaderes de Burgos. Estas eran contrarias a la Castilla agraria e industrial focalizada en Segovia, Toledo o Valladolid, donde germinó un descontento de Comunidades rebeldes (de ahí, comuneros) nutridas de clases medias que fueron al choque gracias a una chispa que se prendió tras un intercambio de golpes violentos que desembocaron en el incendio provocado por las tropas realistas en Medina del Campo en el verano de 1520.

La revuelta antiseñorial no cuajó en las ciudades y los comuneros, liderados por Padilla, Bravo y Maldonado, cayeron finalmente derrotados el 23 de abril de 1521. Los tres líderes comuneros fueron juzgados el día después de su captura y declarados culpables "en haber sido traidores de la corona real de estos reinos" con condena "a pena de muerte natural y a confiscación de sus bienes y oficios".

El 24 de abril de 1520, fueron decapitados con el espadón de un verdugo en una plaza pública. Pero tres años después, sus almas celebraron que Carlos I aceptaba ante las Cortes muchas de sus reivindicaciones.

Ejecución de los comuneros de Castilla, del romántico Antonio Gisbert Pérez (1860).

Tres siglos después, el liberalismo español, que pedía la muerte del absolutismo, 'resucitó' la memoria de los comuneros. En el único periodo de luz del reinando de Fernando VII, el Trienio liberal de hace dos siglos (1820-823), los dirigentes españoles más proclives al espíritu de la Revolución francesa utilizaron a Padilla, Bravo y Maldonado como mártires por su valentía y por la simbología de su derrota (que certificó, de una forma u otra, el final de cierta independencia peninsular).

El morado de las banderas

El republicanismo español, durante el primer tercio del siglo pasado, había intentado cortar amarras con la rojigualda borbónica y quería lanzar un guiño a una España nueva con recuerdo a la 'protoEspaña' y un desprecio al absolutismo heredero de ese Imperio.

El Gobierno que se autoproclamó tras el vacío de poder dejado por Alfonso XIII antes de las elecciones constituyentes de junio de 1931, que otorgaron otro triunfo inequívoco a las izquierdas, decretó la inclusión de un tercer color: el morado. Esta nueva bandera había surgido de los casinos y ateneos republicanos.

Ilustración de la Segunda República.

De 'El Empecinado' a Azaña

El liberalismo decimonónico reivindicaba de este modo una ‘gran España’ en contraposición al absolutismo borbónico. Y algunos de los que derrotaron a las tropas napoleónicas, véase el famoso guerrillero 'El Empecinado', organizaron en 1821 una expedición a Villalar para buscar los restos de Padilla, Bravo y Maldonado y para hacer un acto de homenaje a los comuneros el 23 de abril de hace dos siglos.

El recuerdo a los comuneros estuvo presente en el liberalismo español del XIX: tanto en el Trienio Liberal como en la I República impulsada por unos federalistas que se decían herederos de los comuneros contrarios al centralismo absolutista.

Pi y Margall, presidente de la I República, dijo que "Castilla fue entre las naciones de España la primera que perdió sus libertades en Villalar bajo el primer rey de la Casa de Austria". Y los impulsores de la II República también homenajearon a los comuneros, véase Manuel Azaña (cuyos textos sobre el tema acaban de ser recopilados por Isabelo Herreros en el ensayo 'Comuneros contra el rey').

Villalar en la II República, la Transición y el primer aznarismo

Es sintomático que Villalar se convirtiese en Villalar de los Comuneros nada más instaurarse la II República. El nombre pervivió durante el franquismo y esta pequeña localidad, que hoy no alcanza los 500 habitantes censados, fue el escenario de la reivindicación autonomista: el 23 de abril de 1976.

Celebración del Día de Castilla y León junto al monolito de Villalar en recuerdo a los comuneros.

Aquel día, alrededor de 400 ciudadanos llamados por el protopartido o asociación política Instituto Regional de Castilla y León se saltaron la prohibición gubernamental para honrar a Padilla, Bravo y Maldonado antes de torear a la Guardia Civil, que hizo acto de presencia en la localidad.

Al año siguiente, esta vez sin el Gobierno central enfrente, 20.000 castellano-leoneses festejaban por los comuneros, y la Junta de Castilla y León socialista de 1986 convertía el 23 de abril en el Día de la Comunidad.

Un año después, la Junta pasaba a manos de la Alianza Popular liderada por un joven José María Aznar. Este no quería saber nada de comuneros ni de pendones morados republicanos a pesar de que se decía liberal y azañista. Y por eso, en su primer Día de la Comunidad como presidente, ordenó que el festejo se lo llevasen a la mística Ávila debido a la muerte de un amante del punk en Villalar en la víspera del festejo del año anterior. De este modo, Aznar reivindicaba que el día tenía que ser itinerante.

Herri Batasuna en Villalar

El 23 de junio de 1988 más de 8.000 personas se citaron en Villalar de los Comuneros. El PSOE intentó capitalizar el volantazo aznarista al grito de "Castilla entera se siente comunera". Pero lo cierto es que el acto no salió como los socialistas esperaban.

Así lo contó Luis Miguel de Dios el domingo 24 de abril de 1988 en El País: "La fiesta de Villalar transcurrió con normalidad y en un tono alegre y festivo hasta las tres de la tarde. A esa hora, una pequeña manifestación, promovida por grupos políticos afines a HB y en la que figuraban militantes de esta organización vasca, llegó a la plaza Mayor de Villalar. Algunos de sus integrantes trataron de arrancar la bandera española que ondeaba en el ayuntamiento. La Guardia Civil, provista de equipos antidisturbios, cargó dos veces contra ellos".

Ahora suena raro, pero Herri Batasuna (HB) en aquel momento estaba en plena expansión estatal tras su éxito en las europeas de 1987. Y es que esa fue la primera vez que se pudo testar la simpatía que recogía ETA y su entorno fuera de Euskadi y Navarra.

HB logró colocar en el Parlamento Europeo a Txema Montero con 360.000 votos, 110.000 de ellos fuera de Euskadi y Navarra, y entre esos apoyos también se encontraban marxistas castellanos, Unidad Castellana, que posteriormente se convertirían en la Izquierda Castellana que durante décadas impulsó la histórica y recordada abogada ya fallecida Doris Benegas, hermana de Txiki.

Juan Vicente Herrera en Villalar.

El giro del PP

El salto de Aznar de Valladolid a Madrid provocó un cambio de rumbo del Partido Popular en Castilla y León respecto a Villalar, sede de la escuálida identidad castellano-leonesa. De hecho, el presidente autonómico Juan Vicente Herrera, más moderado en las formas y menos conservador que su antecesor, se convirtió durante muchos años en el invitado estrella del 23 de abril en la localidad vallisoletana.

La fiesta popular de Villalar, que glosa a la que es considerada la primera revolución moderna, es apoyada por todo el arco parlamentario castellano-leonés, a excepción de una fuerza residual en la región como Vox. De hecho, en 2015 más de 25.000 castellano-leoneses visitaron la campa de Villalar para honrar a los valientes Padilla, Bravo y Maldonado.

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